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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2006. 04/05/2006La alegría de la huerta![]() La astenia primaveral me posee. Pienso en tomar vitaminas, pero no acabo de decidirme. Por mi cabeza, como rayos en una tormenta, se cruzan pensamientos e imaginaciones tan dispares que no llego a la acción. Todo se queda en expresiones del tipo "Tengo que...", "Que no se me olvide esto o lo otro"... y, básicamente, paso la semana navegando por un mar de coplas que se nutre de múltiples fuentes: Desde mi hermana hasta PF, quien consiguió Suspiros de España y me envió un mensaje a Valencia para confirmármelo. Dias plácidos. Me acuerdo de la tarde del lunes en la Malvarrosa, en el paseo de la playa, al lado de un bar que se llamaba La Alegría de la Huerta. ¿p?, D y Vitu se fueron a dar un paseo por la orilla; Rafa, B y yo nos quedamos en un chiringuito de mala muerte donde tardaron media hora en servirnos un tercio y un par de refrescos. V se unió más tarde al grupo. Alrededor de las siete, nos acercamos a la arena y llenamos con ella una botella de cristal vacía. Hicimos fotos. Nos entró hambre, porque la playa da hambre, eso está demostrado. Y cenamos tortilla de patata y longaniza de Pascua viendo El ataque de los clones en Antena 3. Al día siguiente, Vitu y yo, últimos supervivientes de nuestra expedición, visitamos el jardín botánico y, aparte de visualizar una miriada de gatos, bormeamos acerca de la mala suerte que dan los cactus. Por la tarde regresamos a Madrid. No se me olvida la luz de Valencia. Creo que podría distinguir el cielo de la ciudad entre un millón de cielos. Estoy segura de que, cada vez que voy, como un velo de memoria, esa luz impregna mis ojos y viaja conmigo, tamizando el paisaje plano que se extiende más allá de la ventanilla del autobus. Veo campos de amapolas y vides, el pantanto y el trigo, y sigo pensando en el despacho de mi padre y los trayectos en coche con mi hermano. La vuelta a casa, cinematográfica, la protagonizó PF y su visita nocturna, pertrechado de canciones folklóricas y Coca-Cola. Que nadie diga que Almodóvar es inverosímil; que se atreva a decirlo después de leer esto: PF y yo nos fuimos a la cama, con la lámpara de tortuga encendida, y nos besamos escuchando La parrala, nos abrazamos riéndonos el uno del otro, porque recordábamos casi todas las letras de Rocío Jurado y Lola Flores. Lo pasamos bien. Le confesé mi intención de adquirir una falda de lunares, dio su visto bueno. Hablamos hasta la madrugada. Luego, dándome un beso pequeñito en la puerta, se fue. Ahora estoy cansada y me he comprado un vestido de lunares verdes, que el sábado me pondré con unos pendientes de aro amarillos. Lunares y plástico de colores definen mi estado de ánimo actual a la perfección; colores vivos que se estampan contra mi cansancio, despertándome. 16/05/2006PrimaveraPrimavera... ¡Qué bonito! Mi mente se lanza a crear asociaciones entre palabras como puentes de cristal: Primavera equivaldrá ya para siempre a Fiesta Folklórica (con la presencia insustituible de Anómalo y La Prima de la Streep); primavera equivale a salidez con o sin pareja; a las golondrinas de Gustavo Adolfo Bécquer, ese icono de la Literatura Española con mayúsculas; y, cómo no, primavera sobre y por encima de todo es igual a mil estornudos y una concentración de polén excesiva más allá de mi portal. Tengo los ojos rojos, congestión nasal y espasmos más o menos cada quince segundos. ¿Me estaré reproduciendo traumáticamente cual gameto? No, sólo tengo "un poquito" de alergia. ¡Qué bien! Mientras tanto, PF me ha dejado porque dice que dimos un escandalo en la fiesta. Sus palabras exactas a través de la línea telefónica fueron: "¡Que fuerte, tronca!" -Sí, dice cosas como "¡Qué fuerte!" y "tronca", pero yo le quiero igual.- "aquello parecía Sodoma y Gomorra; vergonzoso... si hasta ME TOCASTE EL PAQUETE". ¡Alto! ¡Dios! ¿Le toqué el paquete? "El nivel de intoxicación etílica alcanzado era tal que no me viene a la memoria". Así me excusé aunque, para qué nos vamos a engañar, en el mismo grado que mi alergia, "un poquito" sí me acuerdo de semejante y discreta hazaña. Nadie se dio cuenta. Lo he confirmado porque llevo diez días preguntándoselo a todo el mundo y, repito, nadie nos vio. El problema es que PF, siglas que a partir de este instante dejan de significar Pequeño Friki y se convierten en las iniciales de Pequeño Franquillo, está convencido de que las 19 miradas beodas que, aparte de las nuestras, pululaban por mi hogar la noche del seis de mayo se volcaron lascivas y escrutadoras sobre la silla en la que, alrededor de las dos de la mañana, nos sentamos juntos. Ni siquiera nos besamos. Él me sostenía por la cintura y se mostraba cariñoso conmigo. Yo me porté igual. Y la primavera, incauta, no se detiene por mí. ¿Acaso no me merezco un poco de consideración en mi desgracia? No sólo me abandonan, sino que además lo hacen insinuando que soy una guarrilla de tres al cuarto. Cual heroina de Jardiel Poncela o Mihura, me pregunto si mi sitio no estará en el arrabal, con una minifalda de plástico rojo y un bolso con la correa lo suficientemente larga como para cazar caballos a lo Brokeback Mountain (aviso: el mantra tan útil en periodo invernal ahora no me funciona). En fin... era mi casa, mi fiesta y el chico con el que se suponía estaba... el resultado de su rechazo es que Pequeña VQ y yo vamos a adentrarnos sin remedio en el mundo del cómic entre estornudo y estornudo para dar vida a las aventuras de Pequeño Franquillo... ¿Cómo reaccionaría si descubriera este blog? Hago terapia: voy andando a trabajar escuchando Ni tú ni nadie, de Alaska. Madrid debe ser la única a la que la primavera le sienta bien. La veo preciosa, y yo estoy dentro. 18/05/2006Bailarinas![]() Nada me turba. Nada me turba, pero se me han roto las bailarinas. La suela de una de ellas se ha despegado vilmente esta mañana, mientras me dedicaba a marcar con pegatinas las estanterías de la séptima planta de cara al inminente inventario. Cierto es que me costarón 14 euros y, por no llevar, no llevaban ni caja de cartón donde guardarlas, sin embargo me parecían tan bonitas y estaba tan contenta con ellas puestas que, muy lejos de oler a pies, para mí olían a verano y cada vez que me las calzaba se despejaba algo en mi interior y lo veía todo mucho más fácil. Más de uno pensará que me estoy fumando un porro mientras reseño semejante sandez o que las bailarinas en cuestión estaban impregnadas de una sustancia alucinógena que se filtraba por mis empeines para transportarme al séptimo cielo... pues no, no tenían nada de especial. Y ahora han muerto. Hay días un poco grises en los que las bailarinas mueren, nos manchamos mientras comemos fuera de casa y, cuando me siento a escribir, mi estilo se parece sospechosamente al de Marian Keyes o Jane Green, aunque yo intento a conciencia evocar al lector la prosa de Zola o la poesía de Baudelaire... lástima que ninguno de los dos sufriera una ruptura de zapatos traumática, ni entrara en estado de shock al descubrir una mancha de tomate en sus pantalones. Supongo que eso no les pasaba porque vivían absortos en la contemplación y el estudio de cosas más serias. Yo, seria, lo que se dice "Seria Seria", creo que no soy. Lo intento, pero no me sale. Es incluso posible que, para el que no me conoce, mi escepticismo pase por crueldad y mi risa le resulte frívola. En fin... Mañana compraré pegamento instantáneo y terminaré con la rebeldía de la suela; será una insignificante batalla ganada. A lo mejor me animaré. ¿Quién sabe si Zola o Baudelaire no sufrieron como yo una infinidad de minúsculas y cotidianas derrotas? ¿Las sufres tú? Son como síntomas de un sentimiento mayor, pequeños escapes de gas portadores de una tristeza prestada, que se escapa con ellos y, afortunadamente, así nos abandona. Pienso en las cada vez más cercanas tardes de piscina en Puerta de Toledo. ¿Qué debe sentirse al nadar cual sirena en el centro de Madrid? Pronto lo sabremos... si nada nos turba. 25/05/2006V Visualización del asesinoY dijo Vituperio: "Pequeña Vq, por lo que más quieras, deja de bailar". Y Pequeña Vq dejó de bailar para prestar atención al más audaz de sus compañeros. La tonadilla de Albert cesó y Piobaroja abandonó su importante discusión con Cain, repentinamente consciente de que asuntos de una importancia mayor le reclamaban. - Repetiré la premisa base: ¿Quién ha podido matar a Asturman y a Jefa y, sobre todo, por que lo ha hecho? ¿Alguna sugerencia? ¿alguna idea que nos conduzca hacia la luz? Perplejos y reflexivos, todos se concentraron en el rostro expectante de Vituperio... todos menos uno, bueno, todos menos tres, porque PF mantenía la mirada perdida en la pantalla de televisión, donde un canal por cable retransmitía un partido de repesca de la liga de fútbol senegalesa; y Caín y Piobaroja, aprovechando sus amplios conocimientos de comunicación no verbal, no tardaron en reanudar su debate paralelo acerca de la posibilidad de colocar o no siete roles en media hora. - ¡Un momento! - Exclamó Albert por fin.- Compartiré con vosotros algo inquietante que me sucedió ayer, cuando volví a la planta a recoger mi solicitud de seguro médico. Era ya tarde y no quedaba nadie por allí, habían desaparecido incluso los de seguridad. Al entrar, me di cuenta de que el despacho de Jefa estaba abierto, pero ni me acerqué. Fui directo al punto de información en busca del sobre de Sanitas y entonces, al volver sobre mis pasos, fue cuando lo vi. - ¿A quién? - Preguntó ¿p? curiosa. - Ya me gustaría saberlo, moza. -Dijo Albert encogiéndose de hombros.- La pena es que ayer se me olvidaran las gafas en casa.- Extrañado por la presencia de otra persona en la planta... para mí era un bulto nada más... llevaba chaleco, eso sí, y lo que debía ser un libro bastante pesado bajo el brazo... pues eso, ante la presencia inesperada, pensando que seriais uno de vosotros, le dije "¡Eh! ¡Chao Chao!", pero no hubo respuesta. Quienquiera que fuese siguió sin hacerme ni caso en dirección al despacho de Jefa. - Y tú, ¿qué hiciste? -Inquirió Vituperio muy sagaz. - Pues yo, intrigado, le seguí y, como la puerta de Jefa estaba abierta, no me quedó más remedio que escuchar la conversación, que no fue mucha, porque Jefa, anticipándose con su inteligencia claramente superior a la inquietud de nuestro misterioso compañero, se adelantó a su pregunta y le dio una respuesta sin dejarle hablar. "No insistas por favor, no vas a ser Vq. Alguien se lo merecía más. A lo mejor a la próxima... ¡Ay, Ay, Ay!". Y como no soy un cotilla y ya me estaba aburriendo, les dejé a lo suyo y me fui a casa. Llegados a este punto de la declaración, los rostros de los demás componentes del grupo se habían vuelto de cera. Todos habían comprendido que Albert, no sólo había visualizado al asesino, sino que además había escuchado el asesinato. Por si fuera poco, concluyó Vituperio, quién lo hizo debía conocer a Albert y saber que este no podía identificarle, al no tener sus gafas... - El asesino está entre nosotros. -Murmuró Naoko con ojos de fumada. - Sí, y quiere ser Vq, como yo. -Completó Caín.- Quiere quitarme el puesto. |
Este blog no tiene nombre. No me dejó llamarle porque ni él ni yo sabemos muy bien qué queremos contar. Va creciendo sobre la marcha y cambia de color como los camaleones. En cualquier caso, eres bienvenido.
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