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No me llames

Plazas

Plazas Tengo un amigo que me prohibe sacar a la conversación el tema de la Felicidad. Dice que se me pone cara de idiota, porque cuando hablamos sobre ella tiendo a considerarme una persona feliz. "¡No digas eso!, se pensarán que eres tonta"; me recomienda A. Probablemente tenga razón, pero qué vamos a hacerle.

Mi felicidad, es cierto, alcanza cotas insospechadas gracias a circunstancias en apariencia bastante bobas. Las plazas son un ejemplo. Me gustan las plazas de Madrid. No lo puedo evitar. Si una tarde como estas, de verano, quedo con alguien para tomar algo en la mesa de una terraza o en un bar, y da la casualidad de que el local está en una plaza... FELICIDAD al canto. Rara es la vez que no me descubro a mí misma contándole a mi interlocutor lo bonita que está la ciudad y la suerte que tenemos de estar sentados delante de una caña, al sol, cual octogenarios de vuelta de todo... ahora me rio, pero es la verdad.

Ranking de Plazas: La plaza del Carmen, donde me tomé el otro día con M una tónica mientras ella me contaba la historia de "El bajito"; la plaza de Santa Ana, la de San Ildefonso, donde un local cuyo nombre ahora no me viene a la cabeza tiene los cafés a un precio más que decente... y mi favorita, la plaza de los Cubos, con los cines Princesa y un montón de establecimientos de comida basura alrededor. Me gusta sentarme a leer en los escalones de esa plaza mientras espero a alguien o hago cola para entrar a ver alguna película.

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