Unas zapatillas rojas
Aún no son las cuatro cuando salimos a la calle del Carmen con la compra hecha. Me sugiere que piquemos algo y vuelvo a aceptar. Acabamos en un Cañas y Tapas con una sartén de huevos rotos, una coca cola y una cerveza. Hablamos del trabajo, del eclipse, de mis cuentos; pasan los minutos y el día, que es gris y tiene el cielo color ceniza, se estrecha con la intención de aplastarme. Esa sensación se acentúa en el metro donde, uno al lado del otro, continuamos hablando del tiempo. Sigo el hilo de las tonterías que dice, sin embargo no pienso en ellas, sino en lo bien que hubiera estado darle plantón y dejarle sin cañas ni zapatillas. Definitivamente, soy débil.
Nos despedimos en la esquina de Goya con Conde de Peñalver. Me dice: "hasta mañana, cariño", y se pira. Así, tan tranquilo, sin más.
Estoy leyendo El beso de la mujer araña, de Manuel Puig. El principio es impactante: Molina le cuenta a su compañero de celda, Valentín, una película sobre una mujer que teme convertirse en pantera y descuartizar al hombre que ama.
Me voy a volver loca.
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4 comentarios
V -
Y es cierto q no se merecía ni zapatillas ni cañas ni, por supuesto, a una chica comó tú. No sabe lo q se ha perdido. 1Besazo.
Eli -
¡¡Me estáis animando un montón!! Mil gracias.
mari -
galgata -