Pequeño friki, Eurovisión y el libro de los toreros
El caso es que Pequeño friki reconoce la melodía al instante y la asocia a Eurovisión. Se abre la caja de Pandora y empezamos a recordar a Masiel, Mocedades, Vicky Larraz, Patricia Kraus... ¡Remedios Amaya! Cada recuerdo ilustrado, por supuesto, con el tarareo de la pertinente canción. El resto de compañeros de mesa deja de hablarnos al instante, da nuestro caso por perdido, sin embargo la marginación no nos afecta en absoluto (si eres friki, así es como debe ser).
Son casi las once cuando emprendemos el regreso. Volvemos canturreando por la Plaza de las Descalzas, Sol y la línea 2. Nos despedimos en la salida de Goya. No he ido a casa desde el sábado y, mientras recorro el tramo que me separa del portal, pienso que la realidad es caprichosa: apenas 48 horas antes del climax eurovisivo con Pequeño friki, estaba en Valencia con mi tía abuela de 80 años esperando a que mi padre terminara la paella. Mi tía, telespectadora habitual del programa taurino de Canal +, me contó que "El código Da Vinci" se ha convertido en el libro de cabecera de la mayoría de los toreros.
Concluyo que no es que Pequeño friki sea friki, sino que la vida es friki en su mismidad. No hay otra forma de asimilar la conjunción de elementos tan dispares como "Eurovisión","tía abuela", "Codigo Da Vinci" y "toreros".
Apunte: a Pequeño friki también le gusta OT. Poco a poco se va perfilando como el hombre perfecto.
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