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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2005. 02/09/2005Al final de la escaleraA la semana siguiente, Vitu compra el DVD y me invita a su buhardilla un miércoles por la tarde para que lo visionemos juntos. Nunca antes había ido a verle pero no me pierdo. Resulta que vive en la calle de El Argentino, el local al que acudo con S cada vez que cenamos en Nagoya. El edificio de Vitu, en proceso de restauración como medio Madrid, me estremece. Está envuelto en andamios y, en cuanto traspaso la entrada del portal, una finísima película de polvo cubre mi cuerpo. No hay ascensor. Subo por la escalera de madera y noto como crujen los peldaños bajo mis pies. En el segundo piso la voz de Vituperio me guía hacia un pasillo de no más de metro y medio de altura. Le distingo asomado a la última puerta mientras avanzo encogida hacia su llamada. La buhardilla, rectangular, tiene 28 metros cuadrados, dos ventanas interiores y un tragaluz sellado, del que Vitu ha colgado una bolita plateada como las de las discotecas para multiplicar la luz. Todos los muebles son de Ikea y el suelo es de parqué. En el ordenador portátil hay un CD de música clásica que quitamos para dar comienzo a la sesión después de hablar de Pequeño friki y abrir un par de cervezas. Pequeño friki no soporta el cine de terror. Cuando era pequeño hizo la güija en un parque y les visitó un espíritu que escribió "hu, hu, hu" saltando por el tablero de letra en letra. Desde entonces Pequeño friki duerme tapado hasta la cabeza cada vez que tiene que ver una peli de miedo. Al final de la escalera tiene algo de telefilm y, más que asustarme, me trae recuerdos del cine de otros tiempos en los que, por ejemplo, las referencias y el recurso constante al cine japonés eran impensables. George C. Scott sobreactua y los "sustos", al lado de Vitu, riéndonos cada dos segundos, no logran su efecto. A pesar de todo me gusta verla y con frecuencia me tapo los ojos con un almohadón. La conversación pospelícula gira alrededor de los títulos que, en su momento, más miedo nos dieron: El resplandor y La semilla del diablo ganan por goleada. A las once me despido de Vitu y a las once y media me descubro en mi casa con la televisión encendida y la reposición de Aquí no hay quien viva campando a sus anchas por mi diminuto comedor. Descrito así, parece un día triste. Horror. *** ¿Un votito? 05/09/2005Septiembre en La GaleríaLa siguiente parada es en La Galería (Calle del Prado, 13), ese lugar donde José, el dueño, se interesa por nuestras vacaciones, nos recibe con mi canción favorita, La sopa fría, y nos invita a chupitos de crema catalana. Perfecto. La Galería me sirve para ratificar mi teoría sobre las similitudes entre Madrid y Albacete: siempre la misma gente. Le cuento a S que, durante la semana, he coincidido en tres ocasiones con Ingrid Rubio: la primera fue en la librería, donde me preguntó por un libro de Gide que no teníamos; la segunda, en el metro, cuando me dirigía a casa de Vituperio; y la tercera, en la tele: haciendo zapping di con ella en un reportaje de Miradas acerca del próximo estreno de la película sobre Salvador Puig Antic. No importa la extensión de la ciudad, a veces pienso que nuestros recorridos son como circuitos cerrados, donde cada ausencia y cada encuentro están prescritos. En La Galería nos reencontramos con Chus una vez más; ese ser. La clase de personaje que se engomina el pelo y se pone una camiseta con los colores de la selección brasileña para acudir al Carnaval de Carlinhos Brown... se sabe guapo, es el alma de la fiesta; conocido de prácticamente todos los parroquianos del bar (incluidas nosotras, que una noche tuvimos con él y uno de sus amigos una especie de acercamiento surreal). Chus... su presencia dinámica me reconforta. Ha vuelto con septiembre tan guapo y sonriente, tan de Pozuelo de Alarcón, como le dejamos en julio... empieza el curso, chicos. A ver si el otoño nos trae suerte. *** ¿Me votas? Concurso 20Blogs del 20 Minutos 07/09/2005RabiaAyer por la noche llegué a casa presa de la Rabia. Cuando metí la llave en la cerradura y, al abrir la puerta, me encontré con mi imagen dentro del espejo del recibidor, lo más parecido a mí era una olla exprés a punto de estallar, con todo el vapor a presión, pidiendo a gritos que me "destaparan" para que saliera. Lloraba, sin embargo no porque algo me doliera, sino porque algo necesitaba salir fuera de mí para no reventar. Afortunadamente pude hablar con alguien. De lo contrario, es muy posible que hubiera acabado estampando 2666 contra el espejo provocador o rompiendo el cristal de cualquier ventana con una silla. Ayer descubrí que la Rabia no entiende ni de libritos ni de canciones. El Arte como paliativo no es lo suyo. Los objetos inanimados no sirven como antídoto a no ser que se esté dispuesto a asumir daños colaterales en un futuro próximo, cuando la Rabia haya pasado dejando a su paso un rastro de destrucción. *** ¿Un votito? 11/09/2005La prima María JoséLa prima María José es ecuménica; es una prima universal, la prima del pueblo, que llegó el jueves desde Valencia para visitarme y en apenas 48 horas se puso al corriente de todos los altibajos de mi vida. La prima María José es la eterna excusa para cancelar las citas con el poeta A, una desconocida para el portero de mi respetable edificio barriosalamanqués y un bienvenido inconveniente a la hora de asistir a la cena con mis compañeros de la librería. Me hacia falta. Pasear con ella por la calle Goya en dirección a la Plaza de Colón me sirvió para resucitar la ciudad. No dejaba de repetir "Cómo me gusta Madrid". Lo dijo en el Paseo del Prado, delante de La Cibeles y por la Calle de Alcalá, también delante de los paisajes de Corot, mientras transcurría la mañana de un viernes prematuramente otoñal, con sol y un poco de fresquito. Por la noche, japonés carísimo en Ayala y Galería, donde la prima María José bautizó a José como Josephus y una tercera amiga se dio una alegría para el cuerpo... porque esa es otra de las cosas que invariablemente llegan con las visitas de la Prima María José: la aparición de hombres medianamente interesantes en nuestras vidas. Por desgracia, esta vez no fue en la mía... en mi cabeza continua la batalla por deshauciar a Pequeño friki, que se ha convertido en un inquilino que no paga pero tampoco desaloja... tiempo al tiempo. El sábado a mediodía nos despedimos en Sol. La dejo en el andén de Atocha con la promesa de que volverá pronto... nos conocemos desde que teníamos tres años. Compartimos colegio, amigas y años de adolescencia, primeros y últimos novios, familia... cuando salgo a la calle del Carmen camino del trabajo me siento sola otra vez, cansada, con ganas de irme a dormir. Sin embargo aún me queda el cumpleaños de Vitu y un par de cervezas en el Mareas Vivas. Aguanto hasta poco antes de las once y me vuelvo a casa sola, sin esperar a Pequeño friki. Madrid de noche también me conoce. Escucho a Bebe. *** ¿Me votas? Concurso 20Blogs del 20 Minutos 18/09/2005El besoPequeño friki me besó el viernes por la noche bajo la lluvia. Fuimos a ver Cinderella man al Cid Campeador, un cine antiguo, con sabor a años 40, que sobrevive en Príncipe de Vergara. Cuando salimos nos quedamos un momento en la entrada, como si hubiéramos llegado al final de algún camino. Bebe sigue sonando y vuelve a ser domingo en Madrid. Ojalá a partir de ahora Pequeño friki me bese, si no todos, casi todos los días. *** Un mísero votito por favor. 22/09/2005El diario de Adán y EvaEn 1893, Mark Twain publicó su primera versión de El diario de Adán y Eva, incluida en The Niagara book, una especie de guía turística para promocionar las cataratas del Niagara. En 2005, Valdemar ha sacado una edición de bolsillo de la obra. Así ha llegado a mis manos y hasta aquí la traigo hoy, después de haberla terminado la tarde del pasado domingo, cuando todavía me quedaba en el cuerpo algo de resaca de Pequeño friki. No creo que en conjunto sea un texto genial, pero sí hay fragmentos capaces de sobrecoger al lectorcito de a pie. A continuación rescato uno, la última entrada del Diario de Eva. Espero que os guste: Es mi oración y mi anhelo que muramos juntos... un anhelo que jamás perecerá sobre la tierra, sino que se alojará en el corazón de todas las amantes esposas hasta el fin de los tiempos. Y llevará mi nombre. Pero si uno de nosotros tiene que irse primero, rezo porque sea yo, porque él es fuerte y yo débil, yo no le soy tan necesaria como él lo es para mí... la vida sin él no sería vida, ¿cómo podría soportarla? Esta oración también es inmortal y no dejará de ofrecerse mientras mi raza continúe. Soy la primera esposa y la última me repetirá. Ayer la versión teatral de El diario de Adán y Eva volvió a los escenarios madrileños de la mano de Miguel Ángel Solá y Blanca Oteyza. Podéis disfrutar de ella en el teatro Reina Victoria. *** ¿Un mísero votillo? Que ya vamos los quintos en la categoría de Mejor Ciudad... y hay que ser los primeros... uhmmm 27/09/2005CápsulaHe vivido un amor-cápsula. Me lo tragué con el café con leche del desayuno e hizo rápidamente su efecto, espárciendo sus polvitos milagrosos por todo mi cuerpo en un tiempo aproximado de siete días. Después mi organismo asimiló el producto y mi historia de amor desapareció diluida entre plaquetas, glóbulos blancos y hematíes. Ahora ya no me queda ni rastro en las venas y tengo un poquito de mono, estoy un poquito triste ("poquito", menos mal, porque sólo fue una cápsula). Se me pasará. Escucho a Coti, gracias Anita, y me preparo para cenar con Vituperio y desgranar mis penas como cuentas de collar. Siempre hay algo. *** ¿Me votas? 30/09/2005Del sexo ya hablaremosEstoy triste. Exijo mi derecho a llorar; siempre lloro cuando me dejan, y me dejan siempre, para que nos vamos a engañar. Sin embargo esta semana no he podido. Esta ciudad y los seres que la transitan me lo han puesto difícil. Incluso en el caos de la tragedia, hay algo que permanece porque está bien; un equilibrio invisible que, como un eje, me sostiene de pie y, no sin cierto lamento irónico que me recorre por dentro, me ayuda a reírme todos los días. No estoy hablando de un premio de consolación, sino de la realidad: las mañanas surreales con mis compañeros en la librería; la cena del martes con Vitu en Palermo viejo -acabamos a las mil borrachos de vino argentino-; el encuentro con A.C. y S del miércoles en mi casa, con pizzas Tarradellas y Haagen-dazs incluidos; las conversaciones telefónicas con T que me llama prácticamente a diario desde su oficina; la improvisada ida al cine de ayer a ver El método (imprescindible) y las cañas en El Ambrosio (C/Bolsa) hablando de la correspondencia eterna entre Henry Miller y Anaïs Nin... ¿clavos ardiendo a los que eferrarse para olvidar con las quemaduras el silencio de Pequeño friki? Puede ser, es más que probable que esté intentando caer en una espiral de actividad frenética para no derrumbarme. El caso es que hoy, al volver a casa a las cuatro de la tarde, la hija del portero me ha saludado desde su puesto de trabajo en el kiosko de la esquina mientras yo metía la llave en la cerradura del portal y ha roto sin saberlo la cadena de pensamientos negativos que he empezado a trenzar en el metro. Ha sido un día bonito de otoño, con Madrid al otro lado de la puerta, guardándome un montón de secretos y esperando paciente a que me siente a escribir. Supongo que seré capaz de transformar el abandono en Literatura. Ya lo he hecho otras veces. Toca desengancharse de Pequeño firki. Él se lo pierde. *** Vótame, dame ese gustito. |
Este blog no tiene nombre. No me dejó llamarle porque ni él ni yo sabemos muy bien qué queremos contar. Va creciendo sobre la marcha y cambia de color como los camaleones. En cualquier caso, eres bienvenido.
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