No me llames



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02/10/2005

No quedan días de verano

amaral.JPGEn ausencia de Chus, el showman de Pozuelo, La Galería no acaba de arrancar. Para colmo, Josephus no me pone La sopa fría y el Valencia pierde 2-1 contra el Getafe. Menos mal que mi vendedor de música pirata particular, un senegalés probablemente ilegal, aparece en el bar con los Pájaros en la cabeza de Amaral. Lo compro por tres euros y me digo que no todo está perdido. Aún así, cuando S y yo emprendemos el regreso a nuestros respectivos hogares, no encontramos taxi. Después de esperar media hora, ella coge el búho y yo me vuelvo andando por la calle Alcalá, muerta de frío, con los riñones al borde de la congelación. Llego a casa a las cuatro menos cuarto de la madrugada. Me levanto a la una. Una noche más, no demasiado trágica para sorpresa de S, convencida de que iba a tener que levantarme el ánimo y recoger mis lágrimas.

Y es que sigo sin llorar. Ahora mismo, para variar, tengo un tazón de café con leche a mi izquierda y música ambiente. Escucho No quedan días de verano y pienso que es verdad. El verano se ha ido y con él he terminado una historia. Eso es mejor que nada. Lo hablo el sábado por la tarde con el 50 por ciento de T&T mientras esperamos que el semáforo de Colón se ponga verde para llegar a Goya. Hace calor y T me hace reír cada vez que pronuncia "Pequeño friki" con acento alemán. Hay chavales delante de los edificios de oficinas intentando bailar break dance y haciendo Skate. A T le gusta el Skate, no lo sabía. A cambio de semejante revelación, me pregunta si fumo. Ocasionalmente lo hago, lo que me convierte, supongo, en una especie de bohemia solitaria y tópica, con la casa llena de polvo, el pelo sin lavar y la expresión cincelada a golpe de vicios perseguidos por Mercedes Milá... ¿Sí?

No. Quiero ser dura, pero estoy sufriendo. A lo mejor no lloro, pero escribo más y me conmuevo con la ciudad, que me habla y resurge como una amiga incombustible para hacerme ver que sigue aquí, fiel, a pesar de que a mí se me olvide cuando me pierdo en aventurillas adolescentes.

Ayer por la noche, en el cruce de Príncipe de Vergara -desierto ya tan tarde- se me ocurrió que Madrid no va a dejarme y me acordé de C. Cuando salía con él, a menudo dormíamos juntos en el piso que él compartía en Embajadores. Era un séptimo, y desde su habitación, una ventana minúscula dejaba participar en nuestras noches de sexo a las azoteas del casco antiguo. Con Pequeño friki no ha sido así. A mi bajo interior no llegan los tejados ni las antenas, sólo el mate de un patio de luces minúsculo en el que retumba la actividad de mis vecinos. Nos hemos querido a ciegas, como topos; utilizando el lenguaje parco de los inexpertos y los refugiados de guerra... elecciones demoledoras para un amor de verano. El mío.

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¿Votas?
02/10/2005 14:09 #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 3 comentarios.

03/10/2005

Unas zapatillas rojas

pantera.JPGPequeño friki me pide a la salida del trabajo que le acompañe a comprar unas zapatillas rojas; y yo, desoyendo los consejos de T, de S, de mi madre... desoyendo los berridos de mi rabia, voy y le acompaño como una tonta. Se prueba un par amarillo, uno azul marino y el rojo finalmente. El número del escaparate es tan pequeño que en su pie parece una zapatilla de ballet. Se lo digo mientras se mira los pies en el espejo y se ríe. Se ríe como siempre, pero de repente no me besa ni me toca, algo ha perdido el brillo entre nosotros.

Aún no son las cuatro cuando salimos a la calle del Carmen con la compra hecha. Me sugiere que piquemos algo y vuelvo a aceptar. Acabamos en un Cañas y Tapas con una sartén de huevos rotos, una coca cola y una cerveza. Hablamos del trabajo, del eclipse, de mis cuentos; pasan los minutos y el día, que es gris y tiene el cielo color ceniza, se estrecha con la intención de aplastarme. Esa sensación se acentúa en el metro donde, uno al lado del otro, continuamos hablando del tiempo. Sigo el hilo de las tonterías que dice, sin embargo no pienso en ellas, sino en lo bien que hubiera estado darle plantón y dejarle sin cañas ni zapatillas. Definitivamente, soy débil.

Nos despedimos en la esquina de Goya con Conde de Peñalver. Me dice: "hasta mañana, cariño", y se pira. Así, tan tranquilo, sin más.

Estoy leyendo El beso de la mujer araña, de Manuel Puig. El principio es impactante: Molina le cuenta a su compañero de celda, Valentín, una película sobre una mujer que teme convertirse en pantera y descuartizar al hombre que ama.

Me voy a volver loca.

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Vótame en el concurso 20blogs del 20 Minutos. ¡¡¡Gracias!!!
03/10/2005 21:07 #. Tema: Pequeño friki y Cía Hay 4 comentarios.

07/10/2005

Diez cosas pendientes

cosas pendientes.JPG1. La compra en el Champion.
2. Enviar un sms a todos los que se vayan a ver afectados colateralmente por mi gripe.
3. Poner una lavadora de ropa.
4. Terminar El beso de la mujer araña de una vez.
5. Poner una lavadora de sábanas.
6. Limpiar el baño.
7. Acabar el dichoso reportaje de Literatura japonesa.
8. Tratar de animarse.
9. Barrer y fregar el suelo.
10. Dejar de escuchar música que incite a la autocompasión.

Mi casa me espera mientras yo deambulo por ahí, saliendo con unos y con otros, con la sensación de haber perdido algo, pero la sola lectura de la lista me entristece. De manera que, cuando entro por la puerta, cansada de colocar libros y "atender al cliente", las únicas fuerzas que me quedan son para tirarme en la butaca y mirar al techo, a ver qué me dice. Desgraciadamente los techos no hablan. Lo que yo necesito es un oráculo que me garantice un futuro de éxito y sexo... sin embargo en casa no tengo ninguno y estoy demasiado cansada para irme a Delfos a buscarlo.

Ayer B me mandó un mensaje para contarme que mi ex compañero Ñ ha descubierto el blog y lo ha incluido en la lista de enlaces de su revista literaria. Al principio me alegré; luego empecé a pensar que en poco tiempo el resto de mis colegas de trabajo leerán estos post de intenciones dudosas... Pequeño friki me descubrirá... Hoy quería escribir sobre Reponeitor y las monjas. A Reponeitor le falta un diente. Antes escribir eso no implicaba ningún riesgo; ahora si Reponeitor entra en la página tal vez se tome a mal mi descripción.

Me temo que voy a empezar a herir sensibilidades a destajo. No queda más remedio.

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¿Un voto miserable?
07/10/2005 20:55 #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 3 comentarios.

08/10/2005

Gripe

A las 9.45 de la mañana llamo al trabajo y Reponeitor me coge el teléfono. Es la primera persona con la que hablo hoy. Desde la cama, rodeada de papel higiénico y al borde de la asfixia por culpa de la congestión, le digo que no voy a ir. Estoy mala. Reponeitor es amable, me da ánimos, me dice que me cuide, y cuando le cuelgo siento que mi simpatía por él aumenta. Le visualizó solo en la cuarta planta, perdido en una maraña de roles cargados de libros, con el chaleco puesto y cierta desidia intrínseca, esperando sin ganas a mis compañeros, que no le toman demasiado en serio.

Es un hecho: tengo gripe. Estoy infectada por un virus que induce sin duda a la depresión. Llego hasta el baño con la energia de un alma en pena y encuentro una cucarachita minúscula, marrón, recorriendo veloz el borde de la pila. Pienso en matarla, cuestión de una fracción de segundo, sin embargo al final le permito escapar. Es muy pequeña.

Salgo a la calle en busca de un justificante médico y lo veo todo gris, como si la realidad sólo estuviera medio encendida. Aún no son las once cuando en el consultorio con luz de nevera de Doctor Esquerdo, después de darle mis datos a un celador tipo, espero mi turno. Voy detrás de una mujer demacrada, que se apoya lánguida en el hombro de su marido y se levanta un par de veces al baño para vomitar de una forma nada discreta. Los demás escuchamos sus arcadas sentados en las sillas de plástico, mirando al suelo, consultando el móvil, franca e incomprensiblemente incómodos. Está tan mal que la chica que va delante de ella le cede el turno. Me llama mi madre.

El médico que me atiende es canario y me receta un montón de pastillas. Gasto en farmacia: 15 euros; gasto en media docena de cruasans y una napolitana de jamón york y queso: 2,65 euros. No he perdido el apetito. P&C me mandan un sms deseándome que mejore; de Pequeño friki no sé nada. Coti suena sin cesar, acompañante principal de mis horas en vela. Mañana será otro día.

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¿Votito?
08/10/2005 20:19 #. Tema: Viviendo en Madrid No hay comentarios. Comentar.

10/10/2005

Importancia de la ciudad

ciudad.JPGConozco tres grandes novelas cuya protagonista absoluta es la ciudad: Contrapunto, de Huxley; Manhattan Transfer, de Dos Passos; y Berlín Alexanderplatz, de Döblin. Seguro que hay más, pero para mí estas son las pioneras en su género. En ellas los personajes no tienen otra función que la de trasladar la acción de un espacio a otro, de una situación a otra, para mostrarle al lector el peso del escenario urbano, su presencia como un ente vivo que influye y condiciona la historia.

Ayer pasé la última tarde de convalencia en compañía de T, que vino a visitarme a cambio de dos tazas de helado de chocolate y un ratito de conversación. Con la tele apagada y la lámpara de mesa encendida, sentadas cada una en una de las butacas antilujuria de la salita, hablando de Valencia y de Madrid concluimos que existen dos tipos de personas: seres con una día a día que bien podría tener lugar indistintamente en Albacete o en Pekin y seres para los que la ciudad que habitan es insustituible, ya que forma parte del complejísimo entramado que constituye su vida (la vida siempre constituye un entramado complejísimo). Sin duda yo me incluyo en el segundo grupo.

Todos deberíamos tener la oportunidad de buscar nuestra ciudad. Cada vez estoy más convencida de que no tiene por qué ser aquella en la que nacimos. Hay ciudades que nos hablan y nos miran con complicidad, que nos reservan un lugar en el que refugiarnos cuando nos falla el ánimo. En otras, en cambio, tenemos la sensación de estar paseando por encima de un cadáver al que no le puede importar lo que nos pasa por la cabeza. En ese caso hay que huir, está claro que ese no es nuestro sitio. ¿No os lo habéis preguntado alguna vez? Creo que Huxley, Dos Passos y Döblin piensan lo mismo.

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¿El voto nuestro de cada día?
10/10/2005 12:04 #. Tema: Literatura y libros Hay 4 comentarios.

11/10/2005

Una lámpara de tortuga para 84, Charing Cross Road

84.JPGAyer llovió. Cuando salí de trabajar a las nueve y media Pequeño friki me esperaba en la puerta para volver a casa. No hacía frío, la lluvia se imponía sobre la bajada de las temperaturas, pero el tiempo era desapacible y el suelo resbaladizo de la calle del Carmen, inseguro para alguien tan torpe como yo, que siempre se está cayendo. Nuestro regreso fue triste, con una conversación entrecortada. Buscando un tema, le hablé de la novela que él mismo me había recomendado tiempo atrás y que había empezado a leer en el metro esa misma tarde, 84, Charing Cross Road. En aquel momento no había pasado de la página 25. Le dije que me gustaba.

Llegué a casa, cené pasta, vi Intermezzo por obra y gracia de Garci, y me fui a la cama después de hablar con mi madre pasadas las doce. Activé la alarma del móvil para que sonara a las diez y media. Me he despertado a las 8.40 con dolor de cabeza y cierta desazón: demasiado pronto para levantarse, demasiado tarde para volverse a dormir.

En mi mesita de noche tengo una lámpara con forma de tortuga. Las patas, la cola y la cabeza son de hierro; el caparazón está hecho de cristalitos de colores. Mi padre me la regaló una vez por Reyes y recuerdo que entonces(aún vivía en Valencia) me decepcionó; cosa que le hice ver claramente, dado el tacto que me caracteriza. Sin embargo al venirme a Madrid me la traje conmigo. Ha sobrevivido a mis dos mudanzas y ahora la tengo al lado de la cama. Su luz es suficiente para facilitarme la lectura. Eso es lo que he hecho: me he arrastrado hasta la cocina para preparame un café con leche y con la taza del Starbucks he vuelto a la habitación donde, tras confirmar que el polvo sigue en su sitio, protegiendo la cómoda y el marco del espejo, he doblado el almohadón, he encendido la tortuga y he abierto 84, Charing Cross Road por la página 25. La he leído de un tirón.

Es una historia de libros y cartas entre una escritora de Nueva York y un librero de Londres. Su correspondencia empieza en 1949 y termina 20 años después... he recorrido 20 años en hora y media!! Tapada hasta la barbilla con la sábana, la colcha y el batín azul; aliméntandome exclusivamente de sorbos cada vez más fríos de café con leche y escuchando los pasos de los vecinos que se marchaban a trabajar. Y he pensado que por fin me sentía bien después de la noche anterior. Luego he escrito todo esto intentado explicar por qué me gustan tanto los libros.

Termino con un fragmento de una de las últimas cartas de Helen, la escritora de la novela, en la que reflexiona acerca del hecho de no haber estado nunca en Londres. Sustituid Londres por alguno de vuestros deseos no satisfechos. Ya hablaremos.

"Interrumpo la tarea de limpiar mis estanterías y me siento en la alfombra, rodeada de libros por todas partes (...) no sé... tal vez sea mejor que nunca haya estado allí. Soñé tanto con ello y durante tantísimos años... solía ir a ver películas inglesas sólo para familiarizarme con las calles. Recuerdo que años atrás un muchacho al que conocía me dijo que las personas que viajaban a Inglaterra encontraban exactamente lo que buscaban. Yo le dije que buscaría la Inglaterra de la literatura inglesa, y él asintió y me dijo: 'Está allí'.

Tal vez sea cierto o tal vez no. Porque ahora, al mirar a mi alrededor en la alfombra, siento una certeza: está aquí."


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¿Me votas?
11/10/2005 15:31 #. Tema: Literatura y libros Hay 2 comentarios.

14/10/2005

Ana Mari, Tonins y el cumpleaños ecuménico

tarta.JPG12.35 de la mañana. Llueve. Madrid tiene el color del cemento y no porque yo esté más o menos animada, sino porque el otoño ya está aquí y con él la ciudad se vuelve borrosa, tan impenetrable como poco sólida; parece de acuarela, el escenario de la viñeta en blanco y negro de un cómic. Transcurre lenta. Sin embargo, paralela a su lentidud, en el interior de mi bajo escasamente iluminado, la animación se impone cruel sobre todas nuestras tristezas.

Ayer por la noche me despedí de Pequeño friki a la salida del metro y, para variar, el último intercambio de frases graciosillas con él cayó a plomo en mi estómago con la tensión de una bomba de relojería. Llegué a casa y no había nadie. Cuestión de minutos. Me acababa de poner el pijama cuando se abrió la puerta y aparecieron Ana Mari, Marti y S. Venían de Ikea, el nuevo motor de Alcorcón, más felices que lombrices. Todas habían comprado algo: unas perchas de colores; un florero de cristal con su correspondiente cargamento de flores secas; cajas desmontables para encima de los armarios y cinco marcos con sus correspondientes láminas lánguidas y combinables.

Me muerdo las uñas otra vez.

Encargamos una pizza por teléfono y nos disponemos a ver la final de OT. Gran plan. Bebemos cerveza y Coca Cola; comemos papas. Nos reímos. En los intermedios desarrollamos conversaciones absurdas. La que se lleva la palma es una sobre las ciudades sin canción. Madrid, México, Valencia, Sevilla, Roma... tienen canción. ¿Por qué Badajoz no la tiene? ¿Por qué Soria tampoco? O, lo que es peor, ¿por qué si la tienen no la conocemos? Todas las ciudades deberían tener una canción con la que presentarse al mundo. Eso es lo que concluimos.

Ana Mari y Marti llegaron el miércoles desde Valencia. Hoy, desde Valencia también, llegará M. Y a las seis, desde Chile, llegará Tonins, un ex erasmus amigo de mi hermana que aparece de forma intermitente en nuestras vidas. Mañana celebraremos todos juntos mi cumpleaños; el de N, que es argentina; y el de T, que es alemán. Para ello contaremos con la presencia de K y su marido, que hace un par de años cambiaron Perú por Madrid. Espero que mis inevitables 28 años se vean bendecidos por esta especie de festejo ecuménico que se aproxima. Me lo merezco.

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¿Un voto cumpleañero?
14/10/2005 13:04 #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 2 comentarios.

17/10/2005

Los cien nombres de Alá

barco.JPGNo avanzo en el relato. Eso está mal. Se supone que son mis cuentos los que van a sacarme de la miseria, a librarme definitivamente de cargar con el adjetivo “mantenida” a mis espaldas que mañana cumplen 28 años. ¡Socorro! La responsabilidad del paso del tiempo cae sobre mí de repente, mientras agonizan mis 27. ¿Se nota que me he quedado sola, no? Después de haber compartido mis 48 metros cuadrados de vivienda con cuatro personas durante 72 horas, vuelvo a pensar mucho en cosas sin importancia ahora que los tengo sólo para mí.

Tonins me abandonó está mañana. Su autobús salía a las 8 de Avenida de América. Se ha marchado a Santander para continuar trabajando en el análisis funcional no arquimediano. En Chile lo hacía “en grado infinito”; aquí lo hará “en grado uno”. Cristina y el profesor Wim, una eminencia holandesa en la materia, lo están esperando en la universidad de semjante provincia. No entendí nada de lo que me explicó ayer delante de un par de Kebabs en Santo Domingo, pero sus objetivos me parecieron tan serios, tan necesarios para la humanidad en comparación con mis tribulaciones sobre Pequeño friki, que consideré más que justificado el que tuviera que dejarme.

Era el último huésped que me quedaba. Me despertó cuando ya tenía las maletas en la puerta y me dio un par de besos de los que no me enteré mucho porque estaba medio dormida. Con su marcha, el fin de semana ha quedado reducido a una estela cada vez más fina. Adiós a Ana Mari, a M. Y a Marti, que habrán pasado esta mañana ya en Valencia, probablemente juntas en la biblioteca del barrio, hojeando catálogos de ropa y tomando cafés en el bar de la esquina; adiós a la madrugada perdida en La Galería bailando canciones no demasiado recomendables y viendo como S jugaba al futbolín... adiós al avestruz de Usera y a la cena en Palermo Viejo... adiós a las profundas y sensatas reflexiones de T&T en el único local de Malasaña donde se molestaron en montar una mesa para nueve sobre la inconveniencia de permanecer cerca de los electrodomésticos... uhmm... igual que entraron, todos han vuelto a salir de un salto de mi rutina. Únicamente me quedo yo, que no puedo escapar. Sólo a mí me corresponde soportar a perpetuidad mis chorradas en torno a Pequeño friki y el agujero negro que es la librería.

Alá tiene cien nombres de los que se desconoce uno; Pequeño friki tiene por lo menos 200 y en este blog nos los sabemos todos. Como si se tratara de una atracción turística, a lo largo del fin de semana uno a uno mis invitados fueron pasando con disimulo por nuestro lugar de trabajo para ver en vivo y en directo a Pequeño friki y a continuación buscarme para dar su opinión. Ajeno a su capacidad de convocatoria, similar a la de Copito de Nieve en su época dorada, Pequeño friki se dejó contemplar cual fiera salvaje, feliz en su habitat: revolcándose por el suelo mientras colocaba libros, rascándose la perilla... en fin, desplegando todo su atractivo. Lo curioso es que a nadie le pareció "tan feo" como honestamente me parece a mí. Eso sí, cada uno se refirió a él de una manera distinta: Frikins, Frikis, Frikito, minifriki, frikiman... little friki... qué lejos está de haberse convertido en alguien tan observado. ¿Quién se lo iba a decir?

La historia tiene gracia, pero también encierra cierta tristeza, una melancolía que sale a flote cuando desde esta tarde pienso en que, a la vez que transcurren los segundos para mí, inmortalizados con las yemas de mis dedos sobre el teclado, a la vez avanzan imparables las vidas de mis amigos en otras ciudades o a algunas calles de distancia... empieza a anochecer antes y caen sobre nosotros un montón de acontecimientos simultáneos e incomunicables con exactitud. Nadie ve a Pequeño friki como yo lo veo, relacionado por un hilo invisible con el análisis funcional no arquimediano y un montón de nombres de vinos argentinos. Y es que lo que nos pasa no se puede contar. Confiar en lo contrario resulta ingenuo.

Todos saltan de nuestro barco menos nosotros. Vuelven al suyo.

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¿Me votas?
17/10/2005 21:09 #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 4 comentarios.

18/10/2005

Reproducción más o menos fiel de la realidad

Martes 18 de octubre, algún momento después de las doce y antes de la una del mediodía. Empiezan mis quince minutos de descanso en la librería. Entro en la cafetería con un bombón en la boca y veo por primera vez durante la mañana a Pequeño friki. Está en la zona de fumadores hablando con una cajera morena. No me hace mucho caso. Me acerco:

PEQUEÑO FRIKI: Hola.
YO: Hola, ¿qué tal? (pronunciado mientras mastico el bombón, que escondía una almendra dentro. Por lo tanto, CERO ATRACTIVO)
PEQUEÑO FRIKI: Hasta la polla.
YO: Ah... (me trago la almendra de golpe, por un instante pienso que me voy a ahogar). ¿No me felicitas?
PF: ...
YO: Es mi cumpleaños.
PF: Pensaba que era el 22.
YO: Bueno, da igual, pero que sepas que si no me regalas nada te consumirás en el Infierno.
PF: Te lo regalaré el 22.

Ni todo esto ha ocurrido en la sala ni sólo ha ocurrido todo esto, pero es lo básico de las últimas 24 horas. Bienvenidos sean los 28.

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Votadme al menos.
18/10/2005 22:33 #. Tema: Pequeño friki y Cía Hay 3 comentarios.

20/10/2005

Gente

gente.JPGMe gusta la gente que no se esconde detrás de citas, noticias y estadísticas, y cuenta su historia.

El miércoles, en ausencia de Pequeño friki, que se niega a acompañarnos, me pierdo con Sprima por las calles del centro. No lo planeamos. Salimos a las tres y veinte y acabamos bebiendo vino blanco en un Cañas y Tapas cercano a la calle Arenal, el mismo al que me arrastró Pequeño friki después de comprar sus zapatillas rojas. Las dos solas, sin apenas conocernos, con el trabajo y la edad como único factor común. Sprima tiene los ojos verdes. Es graciosa, morena, a veces colocando los libros se pone histérica. Hay en ella algo de infantil y mucho de verdad.

Mientras me escucha con paciencia, la caida de la luz sangra la tarde detrás de los ventanales del local. Cambian los clientes a nuestro alrededor, por lo general turistas que comen a deshora y no hablan español. Ya casi son las seis cuando, sin dejar el vino, nos decidimos a pedir un par de tostas y una sartén de huevos rotos. Sprima, que tiene dificultad para distinguir los autores vivos de los autores muertos, me habla de su familia, de la época en la que trabajó en el Rastro los domingos; de su vida en Villaverde.

No pasa nada.

Un encuentro en un bar; una charla agradable; otro día entresemana que se cierra como un círculo delante de alguien a quien escuchar y que me escucha. La gente está por todas partes, llena la ciudad, no se detiene ni piensa; no se queda ni un segundo al margen. Nosotras sí. Dentro del Cañas y Tapas, tengo la sensación de estar en un coche que corre a una velocidad sólo perceptible por lo borroso de las imágenes que se suceden rapidísimo al otro lado de la ventanilla. Sprima no consigue terminar El guardián entre el centeno sin embargo, lejos de rendirse y abandonar la lectura, lo lleva con ella a todas partes. Yo continuo con Kitchen. En la página 89 leo: "el miedo hace que las hormigas parezcan elefantes". Conclusión: mejor no tener miedo. Hacer las cosas y no tener miedo.

Esta mañana Pequeño friki ha subido a la cuarta planta para proponerme que nos fuéramos de cañas a la salida. Le he dicho que no. Él me ha acariciado la nuca y, antes de marcharse, sin mirarme, ha dicho: "otro día". Ya no está. Me ha puesto triste. Es la guerra e intuyo que no vamos a rendirnos ninguno de los dos o, lo que es peor, que estoy luchando sola porque, conociendo a Pequeño friki, me parece a mí que mucho mucho no se entera.

Hoy comí con S. Vino a buscarme a la salida con mi regalo de cumpleaños. Delante de un plato de Sushi le confesé que las hormigas están empezando a parecerme elefantes y ellá, eludiendo todas las metáforas, sentenció: "habrá otros hombres". Sé que tiene razón, pero ahora mismo lo que toca es hundirse en la miseria.

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Vótame, vótame, vótame...
20/10/2005 19:19 #. Tema: Pequeño friki y Cía Hay 18 comentarios.

22/10/2005

A partir de La Vida Secreta de las Palabras

20051022222053-tim.JPG

Mi amiga G, poeta cada vez de más éxito, asistió ayer por la noche al estreno de La vida secreta de las palabras y hoy me ha escrito un correo para contarme que, durante la fiesta posterior a la película, bailó con Tim Robins, ese hombre. Mi amiga G siempre hace cosas y conoce a gente que me hubiera gustado hacer y conocer a mí, sin embargo -extraño- nunca consigue despertar mi envidia.

Ayer, mientras G le hablaba de sus versos a Isabel Coixet, yo cogí la línea nueve, violeta, y llegué hasta la última parada acompañada únicamente por el final de Kitchen. Cuando salí en Herrera Oria la noche había caído por completo y hacía frío, no había demasiada gente y los bloques de edificios, altos e iguales, crecían a un lado de la carretera. Al otro, la zona residencial se intuía oscura, oliendo a un verde húmedo por culpa de los restos de lluvia. No sentí miedo. He recorrido ese trayecto muy a menudo. Cuando trabajaba en Repsol como teleoperadora en catalán, lo hacía todos los días; un paseo de unos quince minutos en el que siempre acababa fascinada por los colores de las hojas que se arremolinaban junto a las aceras. Una vez nevó. Entonces vi las hojas moradas, como de col lombarda, empapadas sobre la nieve blanca y sucia.

En mi ex empleo me encuentro con Leo y Leticia, que cubren solos las dos horas del turno de noche, de ocho a diez. Leo, un uruguayo recién llegado a los cincuenta, acaba de salir ileso de un accidente de avión que le retuvo en Caracas tres días más de los que había previsto al planear sus vacaciones; Leticia está mal porque se ha enamorado en secreto de un compañero que acaba de dejar el trabajo esa misma tarde. Al saludarme, le brillan los ojos. Leo se ríe y, en la plataforma desierta, me cuenta el accidente con pelos y señales. Consigue que Leticia se ría también. Yo les hablo de Pequeño friki y no dudan en tacharme de caso perdido.

A las diez nos vamos a tomar una cerveza y a las once y media Leticia me acerca a Avenida de América en su Seat Ibiza de segunda mano. Normalmente me deja en el metro y sigue su camino, pero hoy no tiene ganas de llegar a casa y decide conducir hasta mi portal. Cogemos la Castellana en dirección a Colón con el CD de grandes éxitos de Alejandro Sanz en marcha. Al otro lado de la ventanilla, contra un cielo nublado, se recorta una de las zonas de oficinas más importantes de la ciudad... Allí donde el Windsor ha desaparecido, avanzamos hablando bajito y explotando la confianza que hay entre nosotras, favorecida por el espacio cerrado del coche. Compartimos nuestras tristezas corrientes y -absurdo cuanto más, lo reconozco- nos consolamos comentando lo bonita que está Madrid inmersa en su noche azul, rasgada por letreros de neon, semáforos en rojo y una llovizna que parece congelarse al pasar por delante de los faros de los coches y las ventanas encendidas.

Aún no he visto La vida secreta de las palabras, pero me parece un título interesante. Supongo que a estas horas Tim ya estará en los brazos de Susan, después de su baile con G en el vestíbulo de algún cine de la Gran Vía. Yo vuelvo a estar delante del ordenador, como siempre en la parra, y me pregunto si realmente las palabras me esconden algo. Para mí son como una droga. Calman mi ánimo.



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¿Me votas?
22/10/2005 22:21 #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 1 comentario.

24/10/2005

La verdad. Fragmento

Vino a buscarme. Recordaba cada una de las veces en las que habíamos coincidido durante mi infancia y en mi primera adolescencia. Las fue enumerando con lentitud, entre los silencios prolongados por las pausas para sorber el café, dilatando el tiempo con un sinfín de gestos que, sin saberlo, se me iban presentando para quedarse, sutiles, asomando a aquel día en el que los informativos de la sobremesa habían anunciado la tormenta.

Su voz pesaba, se imponía por encima de las palabras, como un latido ronco, audible desde muy lejos. Por un instante, pensé que cesaría con la lluvia. Podría justificarme, escribir que me hipnotizó, pero no fue así. Tampoco había mantenido viva su imagen en mi memoria. F llegó de repente, me dijo que Rafa no era nombre para un niño y me explicó su sueño: cometer conmigo la infidelidad perfecta. Yo, por supuesto, no le creí. Me eché a reír y él, sin inmutarse, pagó lo que habíamos tomado y sugirió que subiéramos a su habitación.

Llevaba puesta una cazadora de ante cuyo tacto, cuando me cogió la mano de una manera torpe, tirando al suelo el platillo de plástico en el que la camarera había traído el cambio, me erizó la piel. No me miró. Se atrevió a tocarme, pero fue incapaz de enfrentarse a mi reacción. Y ese miedo me arañó por dentro como un garfio, con la minuciosidad fría de un insecto. Me paralizó como un veneno consumido por error, con el efecto letal de arrebatarme toda resistencia.
El beso de F fue cálido. No me sorprendió. No puede sorprendernos lo que tiene que ser, tampoco exige palabras; tampoco, supuse, requiere ser contado a nadie.

Abandonamos la cafetería y, ya en su habitación, nos fuimos a la cama y follamos con la luz encendida delante de nuestra propia imagen, reflejada en un espejo apoyado contra la pared. Tengo un cuerpo bonito, un cabello bonito, largo y negro, que se deshizo en mechones rebeldes cuando F me quitó la pinza de carey con la que me lo había recogido, sin demasiado cuidado, antes de salir de casa. La dejó caer sobre la moqueta color crema, apenas hizo ruido. Luego se quedó allí, contrastando con los tonos claros de la decoración. No pude apartar la vista de ella mientras F me follaba. La pinza de carey sobre la moqueta. Es lo que recuerdo.

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Votito
24/10/2005 13:28 #. Tema: Relatos y Poemas Hay 12 comentarios.

28/10/2005

La historia más bonita

20051028125158-zumo-jpgPodría no contarlo todo.
Jueves. Me despierto a las nueve en casa de Sh, las dos despatarradas en su cama gigantesca después de una noche de charla turbia. Hemos maldormido tres horas. A las seis de la mañana aún estábamos en su sofá, tapadas con sendas mantas, bebiendo vozka con naranja y arreglando el mundo.

Podría no contarlo todo.
Sh tiene dos trabajos, así que a remolque de sus responsabilidades a las nueve y veinte de la mañana me encuentro en el corazón peatonal de Huertas sin nada que hacer, con la conciencia de no haber cambiado de día y un agotamiento creciente que distorsiona la realidad. La luz es de cobre. Conozco las calles por las que paso, sé los nombres de las tiendas. Vivía antes allí. Al bajar hacia Sevilla a un ritmo innecesariamente rápido decido que no voy a tomarme un café. Puedo masticar mi aliento por culpa del alcohol y no me apetece estimularlo con otro aromita fuerte y rotundo. Finalmente termino en la mesa redonda de un Starbucks con un zumo de naranja y una botella de agua de medio litro. Me siento extraña.

Podría no contarlo todo.
Hace 24 horas que no voy a casa, pero nadie me espera. A mi alrededor algunos ejecutivos están empezando el día; fuera, un Vip's, un Nebraska, el teatro Alcázar, los coches, un andamio disimulado con publicidad y la boca del metro. No hace frío, aunque el día ya tiene el color del invierno. Un par de policías con cazadoras fluorescentes controlan el tráfico. Una furgoneta de Fedex y gente; gente que cae con el peso del hielo en un vaso. Autobuses. Sonidos.

Intuyo que Sh está enamorada de A, pero esa no es mi historia. Tampoco la de P y C, la historia más bonita: P me cuenta a última hora de la tarde del lunes, mientras ordenamos Bolsillo, que se enamoró de C por su risa. Escuchaba su risa proveniente de algún rincón de la tienda y se iba enamorando poco a poco. C es la mujer de su vida; eso me dice mirándola sin que ella se de cuenta. Es verdad, C se ríe siempre. Y yo podría no contarlo todo, porque cada vez estoy más convencida de que la verdad es silenciosa, hierve a mi alrededor sin hacer ningún ruido pero está ahí, a dos pasos de mis tribulaciones que, como un antifaz, se empeñan en velar el mar.

Acabo el zumo y me voy a dormir. Por la noche ceno con Vituperio en un bar de Chueca. Que nada se detenga.

***

Un votito, vale?
28/10/2005 12:51 #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 4 comentarios.

31/10/2005

Leo

20051031120248-corona-jpgHa sido niña y se llama Leonor. Nació mientras llovía.

Me entero porque mi madre me despierta con dos sms. En el primero escribe: "Ha sido niña"; en el segundo -atacando mi indiferencia-: "Se llama Leonor".

En fin... Leo está en el mundo. Yo sigo en él, leyendo a la vez Falconer y Tokio blues, con la ropa secándose dentro de casa, ocupando todas las sillas porque tender al aire libre es un desafío a la tormenta.

Dentro de unos años, e incluso dentro de unos días, saltará a las conversaciones la pregunta. "¿Qué estabas haciendo cuando nació Leo?"; y todos desharemos caminos en la memoria para recordar que fue un domingo gris, en el que atrasamos la hora y en la tele programaron dos episodios repetidos de Aida.

Por razones surreales, como siempre, ayer por la tarde T y yo vimos imágenes del planeta aún sin Leo, tomadas por satélite: una esfera chata, en órbita dentro de la más inescrutable oscuridad. Me pregunto cómo habrá llegado Leo hasta nosotros, más allá de la cesárea a Doña Letizia, por supuesto.

***

¿Voto regio?
31/10/2005 12:02 #. Tema: Actualidad Hay 11 comentarios.




Este blog no tiene nombre. No me dejó llamarle porque ni él ni yo sabemos muy bien qué queremos contar. Va creciendo sobre la marcha y cambia de color como los camaleones. En cualquier caso, eres bienvenido.

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