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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2005. 02/11/2005Forever metallicsTengo delante de mí un artilugio con forma de pequeña nave espacial. No lo es. Es un "Forever metallics"; el pintalabios que va a terminar con todas mis tribulaciones sentimentales despertando instantáneamente el deseo en mis víctimas. Quienes me vean con él puesto, pintarrajeada como una puerta, me van a empotrar contra la pared y a besarme hasta la tráquea. Todo resuelto. Tiembla, Pequeño friki... tiembla, España... estoy por enviarle uno a la pequeña Leo para que todo aquel que se asome a su cuna caiga, cual súbdito, rendido a sus pies (con ganas de lamerlos hasta el orgasmo, eso sí). Y es que, por lo visto, el poder de "Forever metallics" es insospechado e inconmensurable. Ha llegado hasta mí al más puro estilo valija diplomática, envuelto en sus normas de uso porque Ana Mari y V, las que me lo han regalado, son por encima de todo ecologistas y van ahorrando papel y energia por los rincones... en fin... las instrucciones dicen lo siguiente: PINTALABIOS TERAPÉUTICO El comando Valencia ha vuelto a actuar, esta vez de forma altruista (por los pelos). Aquí tienes tu primer FOREVER METALLICS, metálico a la par que elegante. Hemos preferido iniciarte con un color discreto, aunque el fuxia putón ha sido una tentación. No queremos volver a verte sin pintar como una puerta, se acabó el look CARA LAVADA. Desde hoy tus labios sí dejarán huella. FIRMADO: Las supernenas (Delegación Valencia) P.D. S también es una supernena. Sólo tengo que añadir en mi defensa que ayer por la noche, mientras veíamos a Buenafuente, Ana Mari me convenció para probarme el pintalabios y... ¿Quién dijo discreto? A lo mejor el sábado recurriré a él. No respondo de las consecuencias. 04/11/2005De pintalabios, piercings, lencería y otras cositas ¡Viva la superficialidad! La última vez que me deprimí me encerré en casa y me leí del tirón "El aroma de tu aliento", la segunda novela de Melissa P. Lo hice con la esperanza de bucear en un buen ejemplo de literarura erótica; error. Creo que es lo más malo que he leído este año. Un puercoespín, por darle bola a la brillante comparación de Rajoy, crearía más imágenes y enriquecería mejor la descripción de sus experiencias sexuales. Tiempo al tiempo. Mientras tanto, cansada de parapetarme detrás de la literatura para no llorar en público, decido cambiar de estrategia. Lo primero que hago es llevarme el Forever Metallics a la librería para ver qué pasa. Sprima lo esperaba. La tarde anterior había sido ella quien nos había invitado a probar su pintalabios de propóleo a mí y a A. Ante el olor a fruta rara que desprendía, rechacé la invitación. A, sin embargo, no se pintó -es un hombre y estaba en el punto de información, hubiera sido cuanto menos raro-, pero prácticamente se metió el pintalabios por la nariz en su ansia de inhalar su aroma... gran ser. Forever Metallics no nos defrauda. Nos rayamos el dorso de la mano con timidez y lo impregna de tanta purpurina que consigue transmitirnos con antelación cierto espíritu navideño. Visto lo visto, dejamos los labios para la intimidad y empezamos por fin a trabajar con la esperanza de sumirnos en un mar de intelectualidad, navegado por las novedades literarias de moda: La historiadora, Psiquiatras, psicólogos y otros enfermos (novela que siempre nos piden pero que nunca está), Harry Potter 6 (novela que siempre nos piden en castellano pero que sólo existe en inglés), La posibilidad de una isla (novela que directamente aún no ha salido), etc, etc. Así hasta que, entre tanta solicitud no satisfecha, dos colegialas con minifalda escocesa nos preguntan si "es aquí dónde se hacen piercings". - No, aquí no se hacen piercings. - ¿Cómo que no? Nos lo ha dicho nuestra amiga Manolita -nombre ficticio-. - Pues aquí no es. -No nos creen. Nos miran con desconfianza, obviamente se fían más de Manolita- Aquí no es. - ¿Y conocéis algún sitio dónde hagan piercings a menores sin autorización? - No, ninguno. - ¿Seguro? - Seguro que no. - ¿Y aquí? - Aquí no se hacen piercings. Cuando por fin se alejan, me pregunto si no habrá alguien de la plantilla utilizando clandestinamente el montacargas para perforar. Quizás Pequeño friki ejerce de anillador en sus ratos libres... cosas peores se han visto. La tarde avanza, cae la noche, salgo del trabajo y recibo a Leti, que se queda en casa a dormir. Para cenar he comprado en el Champión, esa misma mañana, pasta fresca rellena de queso blanco y espinacas. Descubro que a Leti las espinacas no le gustan... que nada me perturbe. Al día siguiente, después de ducharnos con su CD de Pasión de Gavilanes sonando en el portátil, me lleva a la sección de lencería de H&M e intenta convencerme de que me compre un tanga de licra, color fuxia, valorado en 3’90 euros. Me niego por diversas razones. En fin... superficialidad, sí, pero la justa. *** ¿Votas? 06/11/2005El día de la marmota Gran película. Son las cuatro y cinco de la madrugada, así que seré breve porque me quiero ir a dormir y tengo la sensación de estar escribiendo como si hablara bajito. En Atrapado en el tiempo, Bill Murray es un meteorólogo algo quemadillo al que envían a una recóndita localidad de la América profunda para cubrir El Día de la Marmota; gran momento del año en el que los lugareños, dependiendo del grado de atontamiento del animal, deciden si la primavera se adelantará o no. Ante semejante misión, Murray se muestra bastante descontento y lo paga con los que le rodean. Así que, como castigo por su mal "talante", los dioses deciden condenarlo a repetir una y otra vez El Día de la Marmota hasta que haga las cosas bien. Tengo la sensación de que me hallo en una situación similar. Pequeño friki me acaba de dejar en casa. Esta vez ya me ha acompañado hasta el portal. Ibamos en el taxi cogidos de la mano camino de la Plaza Felipe II, donde dividimos nuestros caminos -donde el otro día, de hecho, nos separamos con un correcto "Hasta mañana"- y le he dicho que yo no me bajaba, hacía frío y prefería continuar en coche. Entonces él no se ha bajado tampoco y ha insistido en acompañarme. No me he podido negar, pero me he sumido en el silencio. ¿Acompañarme para qué? Obviamente para nada. Nos hemos despedido en el portal. Me ha dado un beso en la frente, un abrazo y se ha ido. Por supuesto no le he sugerido que entrara. Esto lo he vivido antes. Me he despertado con la misma canción. Hemos vuelto a empezar. *** ¿Votito? 07/11/2005Carta abierta a The number oneQuerido Number One, Gracias por pasar por No me llames. Veo que, al fin y al cabo, el Concurso del 20 Minutos sí tiene alguna utilidad, dos para ser más exactos: 1. Que gente como tú se acerque a un blog como el mío y gente como yo se acerque a uno como el tuyo. 2. Darme la oportunidad de comprobar que no sólo tengo buenos lectores, sino muy muy buenos amigos -y hermana visionadora de Leonores-, que me defienden a golpe de comentario durante mi ausencia. En fin, les has gustado y a mí también. Tu irrupción en nuestro mundo no deja de ser fiel a la línea friki de existencia que llevamos últimamente (y que nos encanta, para qué nos vamos a engañar) Un abrazo, Number One. Eres bienvenido. ¡Y un abrazo a todos! V, Mari, Ana Mari, Marti, S, T, Sprima, Tonins y todos los que sé que estáis ahí con o sin comentarios. Me encanta saber que hay alguien al otro lado. Eli P.D. ¡¡¡Y no dejéis de votarme!!! Ahora me han entrado más ganitas de ganar. ¡La number one soy yo! 08/11/2005El equilibrio es imposible![]() Escucho a Los Piratas. Son las ocho y dentro de hora y media he quedado con Pequeño friki y compañía para irnos de cañas. Ya ha oscurecido. Leo descansa en la Zarzuela ajena a las opiniones de Ana Mari y V sobre su nariz mientras, a unos cuantos cientos de kilómetros de allí, un hombre gordo, probablemente despeinado, con el torso descubierto y un pantalón de chandal se toma con tranquilidad una copa de vino tinto y unas aceitunas delante de la televisión. Es mi padre. Acabo de hablar con él por teléfono. Creo que nunca lo había escrito antes, pero por alguna razón que se me escapa, siempre que nos despedimos y colgamos, las pocas veces que mantenemos una conversación telefónica, se queda conmigo su imagen durante un ratito y me asaltan un montón de recuerdos compartidos, nada trascendentales, que me emocionan. Es la hora de salir del trabajo. Seguro que hay atascos en la M30... hileras de coches pacientes, con los faros encendidos, iluminando la ciudad. El último año que viví en Valencia, mi padre y yo pasamos una tarde en la Mostra. Vimos una película italiana y otra egipcia. Yo había conseguido entradas gratis porque el novio de una amiga trabajaba de chófer en el certamen, llevando y trayendo del aeropuerto a las celebridades invitadas. Aquel día gris del mes de octubre me lo había encontrado en la Avenida del Oeste conduciendo una limusina. Me animó a subir y me acercó a casa. Al despedirnos me dio dos invitaciones. Volvía de Manises, donde había dejado a Katy Jurado de vuelta a Mexico. Así fue como compartí la tarde con mi padre, en la negrura de las salas del desaparecido cine Martí y en el interior del coche familiar, recorriendo el centro. Recuerdo que era una tarde lluviosa y que no hablamos mucho. Entonces no se me podía ocurrir la nitidez con la que años más tarde iba a recordar el momento: puedo escuchar el ruido del parabrisas, subiendo y bajando rítmicamente, arrasando el agua; siento el calor artificial y opresivo de la calefacción y recupero los silencios de los semáforos... a menudo la confianza implica silencios. Entre una cosa y otra me preguntó qué tenía previsto hacer con mi vida (por aquel entonces me acababa de licenciar, Madrid aún no existía), y yo le respondí que no lo sabía... aún ahora, con frecuencia, pienso que no tengo ni idea. Como todo comentario, él añadió sin censura: "no tienes prisa"; y consiguió que una tranquilidad extraña me recorriera por dentro. No se lo dije. Hay muchas cosas que no sabrá nunca... la confianza también implica, supongo, intuiciones. Nunca le he contado que donde me siento mejor es escuchando música en Valencia, sentada en la butaca de la salita que siempre ocupa él, al lado de la ventana que deja ver un poco la placita de la iglesia. Ese es mi lugar al que volver. Suena El equilibrio es imposible y yo tengo que irme porque llego tarde a mi cita con la noche madrileña. Pequeño friki me espera. ***
10/11/2005Peces de colores![]() "Llamé a Midori por teléfono. - Quiero hablar contigo -le dije-. Tengo muchas cosas que contarte. Eres lo único que deseo en este mundo. Necesito verte. Quiero empezar una nueva vida a tu lado. Al otro lado de la línea, Midori enmudeció durante largo tiempo. Aquel silencio recordaba todas las lluvias del mundo cayendo sobre la faz de la tierra. Yo, mientras tanto, permanecí con los ojos cerrados y la frente apoyada en el cristal. Por fin, Midori hablo. - ¿Dónde estás? -susurró. ¿Dónde estaba? Todavía con el auricular en la mano, levanté la cabeza y miré alrededor de la cabina. ¿Dónde estaba? No logré averiguarlo. No tenía ni la más remota idea de dónde me hallaba. ¿Qué sitio era aquel? Mis pupilas reflejaban las siluetas de la multitud dirigiéndose a ninguna parte. Y yo me encontraba en medio de ninguna parte llamando a Midori."
Una vez compré dos peces de colores. Ni siquiera vivía en esta casa. Aún compartía un piso con P en el barrio de Huertas y trabajaba como teleoperadora. Aún salía con C. Compré los peces en una pajarería de Chueca, una tarde de invierno en la que el sol rayaba con la fuerza fría del metal la Plaza Vázquez de Mella. Tenía un abrigo de paño negro y muy poco dinero en la cuenta corriente. El termómetro rozaba el bajo cero cuando crucé la Gran Vía con un pez negro y otro naranja en una bolsa de plástico. No había oscurecido. Ya en casa, sola, llené un tupper con agua del grifo y lo coloqué con cuidado en la mesa de la sala. Aquella casa sin calefacción, inserta en el centro de Madrid, tenía azulejos en la pared y un patio en el que las plantas crecían salvajes porque nosotros no les hacíamos ningún caso. Había comprado también un bote de comida, así que liberé a los peces y les di de comer. Los estuve observando durante minutos. Valoro ahora mi ilusión de entonces y siento lástima. Al día siguiente el pez negro amaneció muerto. Lo descubrí poco antes de las ocho de la mañana. P dormía. Tenía que salir hacia la oficina si no quería llegar tarde. Rescaté el cadáver con un colador y lo tiré a la basura. El pez naranja murió poco después, pero no fue motivo de comentario alguno. No hablamos de ello. Hace tres años tuve dos peces de colores que murieron y hoy mi propio silencio me atormenta, tiene el sonido de "todas las lluvias del mundo cayendo sobre la faz de la tierra". Vivo en una casa sin mascotas y alejo a Pequeño friki de mí con un rigor que me corta como el filo de una hoja de papel. No grito. Nos acostamos juntos y sangré por la nariz. Manché la colcha con una gotita roja, prácticamente imperceptible, que sigue ahí, desafiándome cuando me despierto de la siesta. *** 12/11/2005Objetivo: Pequeño friki![]() Pequeño friki viene a verme a Bolsillo. Es sábado, poco antes de las tres de la tarde. Él esta a punto de entrar; yo a punto de salir. Mientras ordeno la mesa de Ciencia ficción y Fantástica, hablamos y nos reímos. Me cuenta que el próximo lunes y también el martes trabajará por la noche. Son tantos los libros acumulados en la tercera planta que hace falta alguien que no duerma para colocarlos. Le ha tocado a él. Puedo imaginármelo solo en la tienda, con su perfil de gnomo gigante, contemplando los roles con resignación en medio del silencio. Ocultando lo mucho que me fastidia la idea de no verlo durante dos días y pensando en que le identifica un olor muy característico, le digo que, si no está, no sé a quién le contaré mis tribulaciones -pobrecillo, ignora que él es prácticamente mi única tribulación-. Así que acordamos encontrarnos el lunes a las nueve y media, cuando nosotros hayamos acabado y a él le queden poco más de dos horas para empezar. Vendrá a buscarnos a la puerta del trabajo y nos tomaremos unas cañas en el Mareas Vivas... siempre lo mismo, El día de la marmota. Todo lo que acabo de escribir lo comento con Sprima minutos después delante de un par de claras. Sprima se ríe, lleva dos coletas, una cazadora roja y un suéter naranja. Yo me río con ella. Me dice: "Pequeño friki... tenemos que conseguirlo... ¡LO VAMOS A CONSEGUIR!", le basta con ese comentario para convertir en objetivo común mi tediosa y desafortunada gesta personal. Estamos cansadas. Llevamos seis horas y media colocando libros en estanterias, podiums, cabeceras y panoplias; sorteando a la gente que disfruta de su tradicional mañana de sábado preguntándonos por títulos desconocidos; cargando y descargando cajas de mercancía... sin embargo aún nos quedan fuerzas para charlar apoyadas en la barra del Mareas, atestado a esas horas de seres hambrientos, prematuramente de copas. Mientras hablamos se pasa el tiempo. La tarde de otoño cuenta con un sol agradable, transcurre extrañamente tranquila al ritmo de nuestros pasos por la Plaza de las Descalzas. Antes de despedirnos en una esquina de la calle Arenal, Sprima me da un abrazo de ánimo. Me confiesa que no entiende como puede atraerme Pequeño friki, como el resto de la humanidad opina que no tenemos nada en común, pero está dispuesta a defenderlo y a que luchemos por él. Hemos concluido que lo mejor sería encarar la situación y decirle la verdad, o sea, decirle más o menos: "Pequeño friki, vamos a ver, ¿tú quieres que estemos juntos y volvamos a tener sexo? ¡Yo sí, yo sí!" Lo que pasa es que, cada vez que me quedo sola con él y tengo la oportunidad de sincerarme, me posee mi otro yo y lo único que soy capaz de exteriorizar son unos exabruptos muy raros, equivalentes en asquerosidad verbal al color del vómito de la niña de El exorcista. Por ejemplo, me sale decir: "Me he liado con mi ex" o "He quedado para cenar con A" o "Vete a tu casa". Soy así, ¿qué le vamos a hacer? *** 14/11/2005Los sentidos y la memoriaLos sentidos son capaces de recordar. Tienen una memoria selectiva y durmiente, que nos ataca por sopresa como un drepredador que no atiende a razones. Cuando tocamos, cuando olemos... las partículas invisibles de lo percibido impregnan nuestro cerebro igual que purpurina y se quedan allí, adheridas a las circunvoluciones, esperando el momento oportuno para asaltarnos sin piedad. El tacto de una manta, el sabor equivocado de algún plato mal preparado en la cocina, el color de las cuentas de unos pendientes... se asoman como fantasmas a objetos y espacios posteriores en el tiempo y nos devuelven por un segundo, con la brevedad de un fogonazo, a otro lugar y a otra piel. Nos descolocan. Amar físicamente a alguien implica conocer su olor y arriesgarse a identificarlo en el momento menos adecuado. La noche del martes llovía con fuerza sobre Madrid. Habíamos salido y corrimos hacia el metro. La estación de Sol estaba atestada de gente joven que, como nosotros, buscaba protegerse del agua. Había vapor en el ambiente, cabezas mojadas, voces, chubasqueros brillantes y huellas de pisadas en el suelo. Los andenes de la línea 1 parecían la entrada de una discoteca. No teníamos frío. Pequeño friki, con su chaqueta empapada, me tenía cogida por la cintura cuando llegó el tren. Aunque nos dimos prisa en entrar no conseguimos sentarnos, así que nos quedamos de pie delante de la puerta; el uno delante del otro, con nuestros amigos alrededor, hablando del tiempo. Entonces lo olí. Entre todos, identifiqué su olor, como quien reconoce a alguien que ha cambiado mucho después de muchos años, pero que aún conserva la misma mirada, aquella que una vez vio lo mismo que nosotros vimos. Hay algo animal en la posibilidad de distinguir por el olor a los hombres con los que se ha estado sin importar que se encuentren perdidos en una multitud huida de la lluvia; algo felino; un fragmento de no humanidad, como una esquirla que abre nuestras heridas y rasga nuestro vestido para desnudarnos delante de desconocidos. ¿No os ha pasado nunca? Pequeño friki no lo entendería. ***
17/11/2005Cuestiones cuánticas![]() "En el mundo de la física contemplamos una representación de la vida cotidiana en sombras chinescas. La sombra de mi codo descansa sobre la sombra de mi mesa, mientras la sombra de la tinta resbala sobre la sombra del papel... el franco descubrimiento de que la ciencia física se desenvuelve en un mundo de sombras es uno de los avances recientes más significativos." EDDINGTON, A. Fragmento de The nature of the physical world recogido en Cuestiones Cuánticas, una recopilación de Escritos místicos de los físicos más famosos del mundo realizada por Ken Wilber. Sir Arthur Eddington (1882-1944) fue uno de los primeros teóricos en ententender plenamente la teoría de la relatividad y contribuyó de forma más que notable a desentrañar los secretos de la evolución y la constitución interna de los sistemas estelares. El martes por la mañana, como siempre, hablo con mi madre mientras me tomo el café con leche. Entre una cosa y otra, me dice que escribo bien, pero que soy "monotemática", esa es exactamente la palabra que utiliza. Cuando cuelgo, le doy vueltas a su opinión y concluyo que probablemente está en lo cierto, así que me propongo escribir un post diferente, en el que las relaciones sentimentales no tengan cabida. Me parece un reto fácil. Cojo el metro a las dos y cuarto y leo a Eddington. Al terminar el párrafo que cito, levanto la vista del libro y miro a mi alrededor. Lo que veo no es una representación de sombras, son sombras simplemente. En la calle llueve, sigue sin haber otro color que el gris para describir el aire y el frío. No llevo paraguas, ando rápido y llego a la tienda demasiado pronto. La tarde se perfila intrascendente e igual a la anterior y a la que vendrá después: cajas verdes de libros sin colocar y gente, mucha gente con títulos apuntados en post-it y hojitas arrancadas de libretas pequeñas; títulos escritos con una caligrafía indescifrable, que se convierte en el misterio más interesante para resolver de tres a nueve y media. A las siete descubro en el móvil una llamada perdida de C. Tenemos que vernos. Es peligroso, sin embargo pesa más que cualquiera de las sombras que me persiguen, entre las que me muevo. Marco su número desde el teléfono de la librería y, sin pensar en la cena pendiente con Pequeño friki, quedo con él a la salida. Es puntual. Me lleva a Lavapies, su mundo. Allí, en la penumbra amarilla del Lola Lola, cenamos un bocadillo de pollo con queso y bebemos vino. Conversamos sobre todo lo que hemos ido acumulando el uno para el otro en los últimos dos años y medio sin vernos, concentrados de pronto en ese local tan decrépito y vacío como un espacio onírico apto para viajeros en el tiempo que llegan desde el pasado para sacudir un presente dormido con el paso de las páginas de las novelas que leo sin cesar. De la mano de C y de su excéntrico amigo O, que se protege del frío con un abrigo setentero, blanco y lanudo, recorro la madrugada gélida y desierta de Madrid por la calle Salitre y subiendo por la calle del Olivar, donde nos detenemos en Artépolis, Travelling y finalmente, muchas cervezas después, en el Candela. O se despide y nos quedamos solos. Entonces C me besa y las sombras vuelven a acentuarse a mi alrededor, bailando y riéndose chirriantes como óxido. *** Vótame, por favor.
20/11/2005Lengua bífida![]() A veces pienso que mi cuerpo no me pertenece, que hubo una equivocación y al nacer me adjudicaron el cuerpo de una mente ajena, desalojada por error de su envoltorio de sangre y expulsada a los infiernos para que mi alma pudiera tener cobijo. ***
22/11/2005Lógica aplastante![]() La LÓGICA FEMENINA es sin duda un desafío para la ciencia. Mucho más compleja que la teoría de la relatividad, aplicarla a rajatabla puede llevarnos a conclusiones insospechadas y en apariencia catastróficas, pero nada más lejos de la realidad. Gracias a ella he alcanzado la paz interior. Es un hecho. Pongamos un ejemplo sencillito en el que a C le llamaremos C y a Pequeño friki, Pequeño friki. CUALIDADES DE C: CUALIDADES DE PEQUEÑO FRIKI: Pues bien, atención a la sorprendente resolución del problema: dada esta relación de características y ciñéndome a las incontestables reglas de la LÓGICA FEMENINA, voy yo y elijo a Pequeño friki, ese ser. Si alguien me lee, probablemente en este momento se estará llevando las manos a la cabeza; que no lo haga. Mi elección ha sido la acertada y me hallo a punto de levitar. El domingo, mi día libre, fui con Vitu a la tienda para comprar Retorno 201, el libro de relatos que ha escrito Guillermo Arriaga, el guionista de Amores perros y 21 gramos, y me encontré con Pequeño friki. Volvimos a casa juntos y acabamos tomando un café en el bar del barrio al que vamos siempre que queremos prolongar nuestra conversación más allá del metro. Allí le conté que había rechazado a C, lo que a él, aparte de sorprenderle, no pareció importarle mucho... supongo que a mí no me importa que no le importe, porque esta no es su historia, es la mía. Y ya está. *** 25/11/2005Fiesta![]() Una de las obras póstumas de Hemingway, Paris era una fiesta, descansa en el cuartito de pedidos de la librería. Es para mí, me la he reservado después de que mi compañero D me comentara que la considera una de las piezas más características del escritor. Cuando estaba en la universidad, leí Por quién doblan las campanas y me gustó muchísimo, pero acerca de ella D opina que no se trata más que de una novela con una estructura y una trama excepcionales. París era una fiesta, sin embargo, es mucho más, "es Hemingway", me dice. Ardo en deseos de comprobarlo. Nunca seré Hemingway, y ESO suena pretencioso. Porque el hecho de negarlo implica que lo he llegado a imaginar; hasta puede que lo haya considerado. Aberración. ESO significa que nunca ganaré el Nobel, ni el Pulitzer, y también, ¡menos mal!, que nunca me suicidaré. Estoy destinada a llevar una vida tibia, con todas las connotaciones de mediocridad y cenizas que eso conlleva. A veces pienso que los que tendemos a escribir tenemos las historias menos interesantes, tan lentas, tan mediocres, que nos dejan el suficiente tiempo libre para sentarnos delante de la pantalla del ordenador y reflexionar sobre, ¡Oh, Dios!, lo que nos está pasando. Probablemente los que se callan son los que viven, los que no cuentan, y la Historia de la Literatura está constituida por una panda de aburridos. La RAE, entre muchas otras acepciones, definde "Fiesta" así: "Regocijo dispuesto para que el pueblo se recree; reunión de gente para celebrar algún suceso, o simplemente para divertirse." El miércoles pasado fui a una. En esta ocasión el "regocijo" lo había dispuesto la empresa y el "pueblo" se reducía a su personal en Madrid, al que se le concedió la inestimable oportunidad de dar la bienvenida a la Navidad en noviembre. Fue en el Florida Park, en el Retiro. Se sirvieron canapés y, hasta la una y media, hubo barra libre. Algunos compañeros, a la una y veinte, se acodaron a la barra para pedir los cubatas de dos en dos... a otros -a mí en concreto- nos sacaron fotos impresentables, bailando como auténticos energúmenos, en las que parecemos monstruos berreando a camara lenta (la realidad transcurre a velocidad normal, afortunadamente). Hubo un cantautor invitado que, tocando la guitarrita, entonó Cuando tú no estás me masturbo e, ignorantes del contenido social de la letra, Al, Sprima y yo bailamos la canción con la misma hilaridad con que, minutos después, saltamos con la música propia de la discoteca. Sobre las doce Pequeño friki me cogió por la cintura. Yo, para qué nos vamos a engañar, le había estado observando de reojo, con cierto recelo, en su ir y venir de "cuántos amigos tengo" por la pista. Estuvimos así un ratito y después me dio la mano. Un calambrazo me recorrió por dentro. Pequeño friki no tiene una imagen que se preste al romanticismo. Algo que él mismo ha aceptado con un estóico "¡Qué le vamos a hacer!". Esta es la razón por la que voy a obviar la descripción de una serie de detalles que, si bien con Jude Law como galán merecerían ser minuciosamente descritos, con él piden a gritos quedarse en el tintero. A las dos sugirió que nos fuéramos. Me acompañó paseando por Menéndez Pelayo y Alcalá. En el trayecto hablamos de nuestros regalos navideños y, ya en mi casa, ¡por fin!, volvió a llenarme de besos. Ese fue el día en que conocí a Umbral y Naoko, en su regreso al hogar, como si cumpliera a pies juntillas el postulado de una profecia, se cayó tres veces en medio de la madrugada madrileña y acabó haciéndose un esguince. Antes del percance estuve con ella en La Canela hablando de hombres, para variar; y para variar concluimos que ellos son los histéricos (aunque etimológicamente sea imposible), los retorcidos, los no lógicos. A ver lo que me espera. *** 27/11/2005Pequeño friki RIP28/11/2005El primer siglo D.P.El primer siglo Después de Pequeño friki empieza hoy. Sin dilación. Amin Maalouf es el autor de El primer siglo después de Beatrice. A mi hermana le encanta Maaluf y también Mahfuz, quizás por proximidad fonética, quizás porque El café de Qushtumar le parece una de las mejores novelas que ha leído. Ella me explicó quién es Beatrice: la hija del personaje principal, cuyo nacimiento marca un antes y un después en la historia personal del protagonista. Para ser exactos, el Primer siglo D.P. tendría que haber empezado con su aparición en escena y no con su R.I.P, pero como aquí las reglas las pongo yo... pues empieza hoy. Ya no habrá más Pequeño friki y Cía; ahora incluiré los artículos relativos a "Cía" en la categoría La vida D.P. que, todo hay que decirlo, se presenta bastante prometedora con la inminente llegada de las Activistas de la Paella para pasar el puente y conocer a Mini S; las cañas con Sprima, ¿p? y la temporalmente lisiadilla Naoko; las conversaciones surreales con Vitu y T&T; y las múltiples oportunidades de sexo sin compromiso que florecen a nuestro alrededor como champiñones. A veces pienso que por la librería fluye una especie de sustancia que produce en el que la aspira un efecto diametralmente contrario al del bromuro. Trabajamos en una Sodoma y Gomorra literaria y en pequeñito donde, cuando te descuidas, "te salen amigos por todas partes". Me encanta. Por eso pienso que me recuperaré en breve. Habra otros hombres. Sobreviviré. Por lo pronto y como venganza más que cruel, me consuela pensar que Pequeño friki ya nunca más se va a llamar Pequeño friki, es un hecho. A partir de hoy va a tener que conformarse con su nombre de pila, bastante común y aburrido, la verdad. *** 30/11/2005Que viva el bestseller!!![]() Relación inversamente proporcional: a menos sexo, más lectura. Ayer, por la línea interna de la librería, le comenté a Sprima que la muerte de P puede haber dado pie al nacimiento de PN, Pequeña Ninfómana, que sería yo un poco más lasciva de lo habitual y con una actitud más abierta al género masculino; es decir, sin excluir a los guapos e inteligentes a la hora de considerar un posible encuentro sexual. Todo se andará... el caso es que, mientras me transformo cual crisálida en una "devorahombres" al uso, leo más; en concreto, leo La historiadora. Ya lo sé, ya lo sé... más de uno se llevará las manos a la cabeza y con los ojos inyectados en sangre gritará con aprensión: ¡Dios, no! ¡Es un bestseller! ¡Era fronteriza y no nos habíamos dado cuenta! Nada más lejos de la realidad, respirad dentro de una bolsa y recuperad la calma para asimilar lo que voy a escribir a continuación: La historiadora vale la pena. Leed esto: "Aferré su mano para impedir que le temblara y el la cerró, todavía ausente, sobre la mía. Era demasiado joven para hacerse viejo. En el interior, las siluetas de las montañas bailaban casi hasta hundirse en el agua, se cernían sobre las playas, casi sobre nuestra isla. Cuando estálló la guerra civil en aquellas montañas costeras veinte años después, cerré los ojos y las recordé estupefacta. Era incapaz de imaginar que sus pendientes albergaran suficiente gente para combatir en una guerra. Parecían absolutamente vírgenes cuando las vi, desprovistas de viviendas humanas, hogar de ruinas desiertas, guardianas sólo del monasterio sobre el mar." Hay que reconocer que este párrafo rescatado al azar e irrelevante para la trama, no está nada mal; no es ni de lejos sucesor del estilo adolescente, propio de redacción de colegio, de El código Da Vinci que, lo reconozco, en su momento también leí. Una vez, charlando con G sobre bestsellers, llegamos a la conclusión de que, más allá de la calidad del texto, tienen algo bueno: que cuentan una historia, algo que los autores de novela "seria" olvidan muchas veces. Les encanta reflexionar, sumergirse en el alma de los personajes, abrirlos en canal y analizar sus emociones, cada uno de sus gestos... pero a menudo se olvidan de que les pasen cosas y, por muy inteligentes que sean, sus disquisiciones aburren al lector. La historiadora es un relato de vampiros. Me quito el sombrero. *** |
Este blog no tiene nombre. No me dejó llamarle porque ni él ni yo sabemos muy bien qué queremos contar. Va creciendo sobre la marcha y cambia de color como los camaleones. En cualquier caso, eres bienvenido.
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