![]() No me llames |
||
|
busca... |
Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2005. 02/12/2005Búsqueda de la felicidad![]() Jueves noche. Por la mañana, Rajoy y Aguirre han sobrevivido a un accidente de helicóptero. Cuando me entero, estoy viendo a María Teresa Campos en mi salita y, no sé por qué, mirando hacia la ventana asimilo la existencia de esa temeraria y surreal acción paralela: mientras como arroz con higaditos, Rajoy acepta estóico el diagnóstico acerca de su dedo corazón. Se lo ha roto. A cambio ya es un superhéroe. Historia genial. Termino de comer, friego, me visto, me voy a la librería. La tarde transcurre sin incidentes, el libro de Punset se agota después de su indefinible entrevista con Buenafuente, y al terminar el Mareas nos acoge con los brazos abiertos y un trío de tapas grasientas que deboramos entre sorbo y sorbo de vino blanco. Sprima lleva un broche de mariposa con las alas negras y piedras violeta. Quiero uno. D, el único hombre, tiene una gorra que le está pequeña y ¿p? nos invita porque el día anterior cumplió 23 años. Sin novedad en el frente. La noche es fría. No llueve, pero un aguanieve muy fino nos empapa los abrigos al salir. Sprima nos abandona y el resto dirigimos nuestros pasos hacía La Canela cruzando la plaza de las Descalzas, arrimados a las fachadas de los viejos edificios del centro. Madrid navideño. En nuestro trayecto intuimos el belén de Cortilandia, que esta vez ha elegido el mar como escenario y se ha inventado un Neptuno con pinta de drag queen. Ya en el local discutimos con vehemencia sobre la utilidad de los sindicatos. Delante de una Heineken, en la penumbra, D se queja de lo que gana, de las horas que trabaja, del nivel de vida de la humanidad en general; y yo recuerdo que Punset todopoderoso contó el día anterior como el 70% de los participantes en una encuesta "requetecientífica", aprovecharon el anonimato y respondieron afirmativamente a la pregunta de si eran felices. Volvemos a casa pasadas las dos, deshacemos el camino. Las puertas de la librería están abiertas para los camiones que llevan el género de madrugada. Hay gente, siluetas negras a contraluz, descargando paneles y roles a la intemperie, ocupando la calle desierta. Nosotros sólo pasamos por allí en dirección a la Gran Vía, pero eso basta para escuchar los sonidos de la carga y descarga. Las ruedas de las bases deslizándose por el suelo mojado de Preciados; los comentarios ininteligibles de los operarios. Una vida que no compartimos y que transcurre a la vez, como los accidentados del helicóptero o las putas de Montera, cuya existencia transcurre inexorable hacia algún lugar. ¿Qué espero? Saco dinero a la altura de Alcalá y, tras despedirnos de D, continuo andando con ¿p? en busca de un taxi. Hablamos, nos reímos. Estamos heladas. No espero nada. Me basta con tener la sensación de que estoy en camino, de que todavía falta mucho para llegar. La idea de llegar a alguna parte me pone triste. Prefiero pensar en la realidad de hoy como en la enésima parada, lo que significa que más tarde o más temprano la tendré que abandonar. Hay un montón de caras, un montón de voces, y quiero que me escuchen y escucharlas todas. Punset dijo que la felicidad está en la búsqueda. Peligroso encontrarla. Si lo hago a lo mejor me calló y con los ojos cerrados la vuelvo a enterrar. *** 05/12/2005Píldoras azules![]() El jueves D me convenció para que me sacara de préstamo Píldoras azules, de Frederic Peeters. Es el primer cómic que leo. Me ha gustado. Lo acabo de terminar. Hoy no trabajo; mañana tampoco. Merecida recompensa después de las últimas 72 horas, durante las que, prácticamente, no he abandonado la librería. El viernes por la noche se abrió solo para los socios. La jornada se prolongó hasta la una de la madrugada y, cuando cerramos, D propuso ir a tomar "una" cerveza. Hacía frío, Ana, Cris F y yo estábamos agotadas y al día siguiente volvíamos a trabajar. Aún así fuimos. Recorrimos Preciados hasta Sol y, atravesando calles más estrechas, llegamos a las Cuevas de Sésamo (C/Prícipe, 7). La entrada estaba atestada de gente y ni siquiera nos aventuramos a sortear la pequeña multitud en busca de un hueco dentro del local. D propuso caminar un poco más y buscar en Lavapiés un sitio más tranquilo. Él conocía uno, un antro sin nombre, con las paredes rojas, propiedad de un cubano exiliado, contrario a Fidel, "peinado" con rastas y de ojos muy bonitos. Se llamaba Jorge. D le pidió mojitos. Ana encontró un sofá vacío al final de la escalera que conducía a los lavabos. Bajamos con ella y nos acomodamos allí, relativamente alejados del barullo de arriba. Junto al sofá había también una mesa de madera y algunos barriles de metal reconvertidos en taburetes. La luz era escasa, amarillenta, y apoyados en una de las paredes sin ventanas dos cuadros cubiertos de polvo mantenían a duras penas el equilibrio: uno era un paisaje clásico, propio del salón comedor de un matrimonio con un gusto pésimo y conservador; el otro reproducía la habitación sin muebles de un apartamento diáfano, tal vez neoyorquino. Me quedé mirándolos mientras sorbía con la pajita del vaso de plástico que compartía con Ana, las dos sentadas, una al lado de la otra, en un rincón de aquel espacio minúsculo y recóndito, subterráneo, perdido en el centro de la ciudad. Muy pronto se unió más gente a nuestro grupo: dos chicas espectaculares y un par de negros franceses, de origen cubano, con ganas de cantar y bailar. Todos fumamos. La conversación era animada. El humo conjuraba el ambiente. Se cerró el bar y Jorge bajó con una guitarra y un hombre blanco y viejo, cuya expresión cansada delataba que todos los tópicos con más frecuencia de la que imaginamos son verdad. Ya íbamos por el segundo mojito. Al anciano le acompañaba una mujer más joven, de pelo corto, que no se separó de él y, discreta, apoyó la mano en su hombro cuando cogió la guitarra y empezó a tocar los acordes de Ne me quite pa. Ne me quite pa significa "no me abandones" en francés. Aquel hombre la cantó con voz desgarrada. Nosotros le escuchamos como si, de repente, más allá de nuestro escondite el mundo hubiese desaparecido y estuviéramos flotando a la deriva en un mar de oscuridad. Nadie le interrumpió. Yo no lloré, pero estuve cerca. Ese momento no se me va a olvidar. Al salir vi mis zapatos avanzar sobre el agua. Había agua entre las baldosas de la calle del Olivar. Ahora pienso que, si mi vida fuera un cómic, el dibujo de mis zapatos sobre el pavimento mojado ocuparía una viñeta. Eran casi las cinco y aún tuvimos fuerzas para pasar por el Candela. Hay que perderse antes de llegar. ***
11/12/200514/12/2005... bip...Hay una escalera de cuerda con un Papá Noel colgando de un balcón en Goya. Son poco más de las ocho y media de la mañana y un frío siberiano me hace sentir como cristal mientras espero a que el semáforo se ponga verde. La ciudad se despierta. En las fachadas de los edificios y el Corte Inglés ya es Navidad; una Navidad azul, como la luz del cielo de diciembre a primera hora. Alguien me dijo ayer que las cosas que se empiezan han de terminarse. C me dijo lo mismo cuando dejé nuestro polvo a medias y le pedí que se marchara de casa. En una esquina de Madrid, rodeada de la actividad propia del principio del día, con los comercios todavía cerrados y las bocas de metro aspirando gente, pienso por enésima vez que probablemente con las frases hechas y las terciarias de la librería podría ordenarse el mundo. Dentro de las mangas larguísimas de mi abrigo, muevo los dedos de mis manos heladas para entrar en calor. Vuelve a la vida... bip... bip... bip... *** 16/12/2005La primera Vitunavidad![]() - Vitu, ¿eres consciente de que está es la primera Vitunavidad de la historia de la humanidad? Sí, Vitu, lo soy. Eso le contesto a Vitu mientras esperamos que el semáforo de la Gran Vía se ponga en verde. Estamos delante del cine Avenida, rodeados de gente que va y viene ajena a la existencia del AS400; gente que ha hecho un alto para sentarse y ver pasar y gente que acaba de volverse a subir al mundo... entre la multitud y la sobria iluminación del centro ya encendida, un montón de paneles rectangulares compuestos por puntitos dorados de luz que cuelgan de un lado a otro de la calle, Vitu y yo pasamos nuestras tarde de viernes haciendo tiempo antes de la llegada de Tonino. Obviedad: ha pasado un año desde la última Navidad, cuando Vitu no podía imaginarse que estaba predestinado a adquirir un nombre nuevo y yo no le conocía ni él me conocía a mí. Ahora somos amigos y, en medio del frío, disfrutamos juntos de la ciudad, el ruido del tráfico en el centro y los estrenos navideños, anunciados en carteles enormes que compiten por acaparar nuestra atención. La tarde que cae confiere a los edificios la consistencia maleable del metal. Todo parece dispuesto para nosotros, pensado para nuestro paso, como un escenario onírico destinado a desaparecer en cuanto le demos la espalda: el escaparate bañado en polvo de La casa del libro, la minúscula oficina de Auto Res donde compro el billete para viajar a casa, la calle Fuencarral salpicada de tiendas de ropa de diseño, el edificio de Telefónica con su reloj de saetas y números rojos... Madrid bien podría ser una ficción, Vitu y yo podríamos no existir; al fin y al cabo, perdidos en el tiempo, ni siquiera sabemos si el año que viene nos llamaremos de otra manera. Ya veremos. *** 20/12/2005Siempre te despiertas![]() Vuelvo a ver la primera luz de la ciudad y siento el frío nocturno atravesando afilado mi abrigo cuando salgo del metro. Como un asesino a sueldo, la temperatura bajo cero salta sobre mí en la esquina de Goya con Conde de Peñalver y me recuerda que estoy viva. Las luces de los semáforos y los escaparates de las tiendas cerradas han recuperado el habla para decirme que siempre me despierto. Una decena de desconocidos se cruzan conmigo en el trayecto de no más de cinco minutos hasta mi portal. Atrincherados en sus bufandas, con las manos dentro de guantes y bolsillos, miran el suelo, hablan por el móvil o no andan solos. Yo sí. Encuentro cierto placer en el mobiliario urbano, muerto; y en el cielo sin estrellas de Madrid. Una complicidad más allá de todo entendimiento, quizás propia de una paranóica, se establece entre el el espacio y yo, entre la distancia de asfalto y mis zancadas masculinas. Todas las historias empiezan y acaban aquí. Una detrás de otra, esperan su turno como en la cola de una carnicería. Hay que destripar la realidad: las tardes de fin de semana en la librería, la visita de Ñ, el abrigo de Naoko, nuevo entre un montón de gente atada a listas interminables de libros por comprar... nada más que sangre y vísceras latentes; un organismo monstruoso, cuyo funcionamiento no se interrumpe y nos conduce sin piedad a la extenuación. G me dijo un día que cuando estamos alegres no se nos ocurre pensar en que a la vez existe alguien que está triste. Forma parte del juego, supongo. *** 22/12/2005¡Feliz Navidad!Feliz Navidad a todos. Vuelvo el 28. Hasta entonces, vacaciones de blog. ¡Saluditos! 29/12/2005Me he cortado el pelo![]() Ayer cobré. Consecuencia indisociable: hoy me he cortado el pelo. Noté que era necesario cuando en Valencia todos empezaron a murmurar a mis espaldas que las diferencias entre el primo Eso y yo eran más escasas cada vez; así que esta mañana me he levantado como si tuviera un resorte en la rabadilla y, acto seguido, he dirigido mis pasos hacia la peluquería de la acera de enfrente. Me gustan las peluquerías porque están llenas de espejos, lo que permite observar a la gente con detenimiento, sin que se de cuenta. LLego y me ponen un peinador desechable, de papel, que me iguala automáticamente con el resto de la clientela. Primero hay que lavar. Me conducen hasta el lugar indicado, donde un peluquero gay y una peluquera gordita y pelirroja, con cresta, los dos uniformados de negro, están vapuleando los cueros cabelludos de una anciana y una cuarentona. El único sitio que hay libre está en el centro, entre la una y la otra. Allí aterrizo yo con mi cara de sueño, pálida, legañosa, y mi cabellera leonina... delante, una pared de espejo nos devuelve nuestra imagen surreal. Arropados por el hilo musical, Kiss Fm, formamos un grupo cuanto menos peculiar, que mantiene una animada conversación, de la que yo no participo, acerca del cáncer. Palabras como tumor, mamografía, ovarios, retención de líquidos o tirantez de los puntos se mezclan con el olor a cosmética; se diluyen en la iluminación glacial del local y rebotan contra nuestros reflejos. Por un momento tengo la sensación de haber aterrizado en Marte. Antes de que me corten, una francesita de seis años y un ejecutivo que apura la treintena pasan por delante de mí. A la niña le divierte verse, se ríe; el ejecutivo tiene una expresión triste, despojado de la americana de su traje, con la corbata algo desorientada y medio calvo, despeinado solo a la altura de la nuca y por detrás de las orejas. Cuando por fin me llega el turno, le confieso al "profesional" indescriptibe que me corta que ni siquiera tengo secador, soy esa clase de ser, y noto que le escandalizo. Supongo que piensa: "Dios, ¿cómo se puede vivir sin secador?". Para él debo haberme convertido al instante en la carnalización del subdesarrollo. - ¿No lo echas de menos? -Me pregunta atónito. He dejado de ser melenuda, para transformarme en quasi calva, o al menos esa es la sensación que me produce verme tan poco pelo en la cabeza después de meses con coletas y cintas... Soy una mujer nueva. Me gusta plantearmelo así. Voy a empezar con el año a tener la clase de vida que tiene una chica de pelo corto: fría, llena de aristas congeladas, sin piedad... castigadora al fin y al cabo. ¿Seré capaz de hacer sufrir? *** ¿Últimos votitos del año? 30/12/2005BalanceEl año se termina. Cuantificar la calidad de lo vivido es imposible, al menos no ahora, cuando como mucho nos separan doce meses de la experiencia que queremos valorar. Pero yo, que vivo sola y en ocasiones, sólo en ocasiones, me aburro un poco, he hecho una lista con las cosas que sí se pueden contar, por si conseguía aportar alguna luz a la confusión que, por regla general, reina en mi cerebrito: - CASAS EN LAS QUE HE VIVIDO: Dos, la alquilada en Madrid y la de mis padres, en Valencia. ¡Feliz año a todos! Espero que sigáis por aquí a partir del día uno y que nos sigamos riendo dentro y fuera de este blog como hasta hoy. |
Este blog no tiene nombre. No me dejó llamarle porque ni él ni yo sabemos muy bien qué queremos contar. Va creciendo sobre la marcha y cambia de color como los camaleones. En cualquier caso, eres bienvenido.
Archivos
Temas
EnlacesActualidadCine y teatroLiteratura y librosBlogs
Nosotros |