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08/04/2007

Me voy

Once de la mañana. Me despierto con un café del Starbucks y un cigarro después de una noche larga en casa de B, cantando a voz en grito los temas del Singstar, como si nos fuera la vida en ello, entre copas de Cacique y mucho humo; con el primo Paco.

Resaca.

Vuelve a ser domingo en Madrid. Está nublado y casi no entra gente en la librería. Desde el ordenador de la planta baja escribo en el blog. Me digo a mí misma: ME VOY. Está decidido, y al pronunciar esa afirmación tan simple el cielo gris, corriente, del montón, adquiere un tinte a día del juicio final que me provoca un escalofrío.

Me escapo a otra ciudad, a empezar de cero... a huir.

Han pasado cosas. ¿p? y yo hemos hablado mucho. La tarde en que llegué a la librería y Silvi me recibió encasillándome "sin malicia" en el perfil de niña repollo queda ya muy lejos y adquiere para mí, al observarla con perspectiva, la categoría de principio de nuestra historia; una historia que ahora va a seguir sin mí porque me salgo del camino y, para abrir una puerta, con una pena que me exprime por dentro, cierro otra.

Algún día me haré mayor, pero no será hoy. Cada vez estoy más convencida de que, paradójicamente, quien decide crecer es el que se queda; el que se atreve a meterse en el agua hasta el cuello y no sale corriendo cuando le salpican las olas pequeñitas que alcanzan la orilla... durante estas noches de insomnio, previas a la decisión, he querido quedarme, no irme de la playa nada más que con la última luz, aunque en mi fuero interno sabía desde el instante en que recibí "La llamada de Svern" que me marcharía.

Pienso en mis amigos y en las renuncias mudas que se vienen conmigo; en todo lo que no se volverá a repetir porque, por mucho que lo intentemos, ya no tendrá el color de lo corriente, sino de lo esporádico; en los abrazos y las madrugadas que me voy a perder; en la batalla interrumpida...

Y aún así sé que tengo que irme, descubrir lo que está por venir. Ya lo hice una vez y, teniendo en cuenta todas las cosas buenas que he vivido, si ahora me quedara, nunca me lo perdonaría.

08/04/2007 12:13 Autor: Eli. #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 12 comentarios.

21/03/2007

El nacimiento de Vituperio Leonardo

Cenamos en “bajando al sur”. Llegamos hasta allí después de rastrear la falla de D, a lo largo de la Avenida del Puerto, hasta dar con ella. Por la tarde habíamos estado en la playa, tomando un pacharán en uno de los chiringuitos de la Malvarrosa. Hacía viento y fumamos sin parar cerca de la arena. Nos cansamos. Reímos. Hicimos fotografías. Luego cayó la noche y no era oscura, más bien rojiza, llena de ruido en la calle y falleras, muchas falleras y falleritas desfilando en la ofrenda o volviendo a casa muertas del cansancio.

Y así acabamos en “Bajando al sur”; sentados a una mesa redonda, agotados y sin hambre, abocados irremediablemente a planear el nacimiento de Vituperio Leonardo; el hijo común cuya paternidad asumiremos todos. Tendrá, por lo menos, diez padres y diez madres, y crecerá en la libertad más absoluta, nutriéndose de la sabiduría de Vitu y la cinefilia de B; clubculturizándose con ¿p? e interrogándose con cada uno de los controvertidos consejos que Cris o yo podamos darle... Vituperio Leonardo: su tía Ana Mari le enseñará a diseñar muebles y su abuelo Rafa tratará de ganarle para el Animismo, esa religión. Será feliz.

Yo creo que nosotros, al imaginarlo, lo fuimos un poco. Los viajes contribuyen a alejarnos de la realidad, nos ayudan a levantar los pies del suelo y a reencontrarnos. Nos hacen más leves. Pedimos Lambrusco, brindamos, seguimos riéndonos y repasamos por enésima vez nuestras canciones favoritas hasta llegar a Resistiré, la canción de Átame compuesta por el Duo Dinámico. Mientras la tarareábamos pensé en escribir este post, en que me gustaría ser capaz de regresar a ese momento siempre y recordarnos así pasado mucho tiempo.

Ahora hemos vuelto, las fallas se han quemado y sólo nos queda la memoria apoyada en un montón de fotos. Hasta el año que viene.

21/03/2007 00:49 Autor: Eli. #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 3 comentarios.

01/02/2007

Respirad hondo en medio de la nieve

Nieve. Había nieve a los dos lados de la carretera cuando viajé a Valencia; y continuaba allí cuando volví. El paisaje era blanco, se ajustaba a todas las metáforas. Nos detuvimos en la misma área de servicio de siempre, quince minutos, lo justo para bajar del autobús, estirar las piernas y tomar un café. Hice exactamente eso. Después, como me sobraba algo de tiempo, abandoné el amplio comedor y, a pesar del frío, salí al aparcamiento.

Fuera, a excepción de un hombre que viajaba con un grupo del IMSERSO no había nadie: nosotros y la nieve. Los coches aparcados, los autobuses con las puertas abiertas, el asfalto asomándose irreductible, fragmentado, a través de la inesperada capa de hielo.

El hombre fumaba. Me dio fuego y le imité. No hablamos más. Miramos en silencio la tierra repentinamente inmaculada. Nos tragamos el humo de nuestros cigarrillos.

Era una mañana de invierno; una mañana en trayecto, a medio camino, todavía en ninguna parte, sin conocer a nadie, dejándome llevar.

Ahora he vuelto.

He descubierto en la librería que el olor a vieja es idéntico al de mi último amor; así que cada vez que una anciana del barrio de Salamanca se acerca a mí para interesarse por algún título, yo pienso en el sexo.

Está la ciudad; queda la Literatura, cuyo engaño me recuerda al de un bosque en penumbra, detrás del que no se esconde ningún castillo. Y permanece la posibilidad de escapar, la confianza en el último aliento aún no dado.

Respirad hondo en medio de la nieve. Salid del camino.

01/02/2007 01:27 Autor: Eli. #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 16 comentarios.

14/12/2006

Pausa

Después de morder la vida como una manzana ácida
Después de morder la vida como una manzana ácida

Despues de sentir con los dedos que el cielo es azul,
¿Qué nos queda ya por esperar?

No el crepúsculo de los dioses sino un amanecer preciso
De sucios ladrillos grises y vendedores de periódicos gritando guerra.

Alborada. Poema de Louis MacNiece utilizado por Silvia Plath para introducir sus Diarios.

Empiezo a tener pasado, me acuerdo de demasiadas cosas, y siento que me he vuelto mate. Eso me da miedo.

Escribo menos –es obvio-. Trabajo sin cesar. Los días pasan sin dejar ninguna huella, uno detrás de otro. Nada más.

El otro día vino D a la librería. No lo esperaba y su visita por sorpresa me trajo recuerdos de un tiempo demasiado reciente, que ya no está.

Salimos. Delante de una caña, en un bar del barrio, lejos de los locales a los que acudimos con frecuencia, le conté cómo me sentía y, aunque creo que me entendió, al despedirnos, cuando volví a quedarme sola, recuperé sin querer la tristeza que, durante apenas un par de horas, me había abandonado.

Tengo amigos, hago lo que me gusta, he elegido mi ciudad. Sin embargo atravieso un mar picado e inhóspito, perteneciente a un mundo abandonado. No hay ninguna luz. Sé lo que ocurrirá mañana. Podría dibujarlo en un papel con una venda tapándome los ojos. Acertaría.

La librería es roja y está repleta de libros enormes que me miran. Los cambio de lugar; juego con ellos; conscientemente permito que la arena del reloj caiga a una velocidad vertiginosa, paliativa.

Y que nadie se lleve a engaño: sé que soy feliz. He aprendido algo: no existe la tragedia. No puede ser trágico lo que se repite hasta la saciedad. Sólo hay que tener paciencia porque, como en el caso del constipado, para este estado de letargo los antibióticos no sirven.

Mientras tanto, es Navidad. La iluminación de los grandes almacenes que hay al lado de mi casa es blanca, tirando a gris. Tenemos un calendario de Adviento en el escaparate y villancicos en el hilo musical. Nuestra clienta estándar es mujer, entre 50 y 70 años; generalmente protegida por un abrigo de piel; con mucho maquillaje y peinado de peluquería. Suele buscar regalos para sus nietos. Le enseño libros troquelados, con dibujos de Disney o basados en cuentos clásicos. Mantengo su conversación. Pero por dentro navego a la deriva. Silvia Plath llamó una vez a sus Diarios “mi mar de los Sargazos”. Los estoy leyendo y allí es donde me encuentro.


14/12/2006 20:26 Autor: Eli. #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 5 comentarios.

04/11/2006

Evolución

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Llueve otra vez, y desde que se atrasó la hora anochece antes. Es sábado. Como con Vitu y después de pasar el rato tirados en su sofá viendo juntos Todo sobre mi madre, tapados hasta el cuello con la manta gris, vuelvo a casa paseando bajo la lluvia.

Aún no son las siete, pero los coches ya circulan con los faros encendidos y el cielo se ha convertido en un telón azul ceniciento, del que se desprende una luz plomiza, propia del fuego. Hace frío. Las zapatillas que compré con Pati en el Zara de Preciados están empapadas, sin embargo no tengo ganas de coger el metro. Necesito caminar, andar sola por la ciudad sorteando los charcos, los paraguas ajenos, que se cruzan con el mío. Mojarme. La ciudad está viva, llena de gente, escaparates y cafeterías proyectan un resplandor amarillo sobre la acera. Se acerca el invierno.

Me gustaría poder sentirme siempre como hoy. Lo pienso inmersa en el ruido del agua y del tráfico: no necesitar a nadie.

Esta semana he llorado en los trayectos de autobús, a lo mejor por culpa de los tangos de Calamaro, a lo mejor porque me duele todo sin aparente explicación. Cuando era pequeña y me dolían los pies, cosa que al tenerlos planos como tablas de planchar me pasaba muy a menudo, mi madre me decía que era porque estaba creciendo. Debo estar creciendo ahora.

04/11/2006 19:55 Autor: Eli. #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 9 comentarios.

20/10/2006

29

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He cumplido 29 años; ni siquiera 30, sólo 29; y el sábado, para celebrarlo, daré en mi casa una fiesta temática dedicada a los 60: THE FLOWER POWER PARTY. Pienso en eso ahora, que son las 08:59 de la mañana, y agoto mi café con leche delante del ordenador, antes de ducharme y salir escopetada hacia Las Rozas, ese lugar en medio de la Sierra, donde se encuentra la librería rodeada de montañas.

Pienso también en la nieve que llegará con el invierno y en la cantidad de cosas que todavía no he hecho y no quiero morirme sin hacer. Si fuera a morir mañana, ¿qué haría hoy? ¿Cruzar el Atlántico? ¿Puenting? ¿Paracaidismo? ¿Tratar de visualizar por última vez al hombre más atractivo del planeta, o sea, Nacho Fresneda?

¿Qué hariais vosotros?

Saluditos. He vuelto.

20/10/2006 09:23 Autor: Eli. #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 11 comentarios.

23/08/2006

La muñeca rusa

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Vuelvo a tener ganas de escribir. Son las nueve de la noche de un miércoles y escucho a Serrat. PF acaba de marcharse y se ha llevado con él el póster de Lo que el viento se llevó que le he regalado por su cumpleaños.

He estado viendo durante algunas semanas al poeta A. Hemos ido al cine, nos hemos liado en el portal a las dos de la madrugada; también en su coche, pero no nos hemos acostado juntos. No estoy enamorada de A, y eso que he hecho un esfuerzo admirable por sentirme atraida por él... pero nada, res de res. El poeta A no es PF y, aunque es una antología viviente de la poesía inglesa e italiana, nunca se dirigiría por iniciativa propia al Corte Inglés para comprarse los grandes éxitos de Karina o las nueve temporadas de Buffy cazavampiros... así que, lo siento, no me puedo enamorar de él.

El verano se acaba y, mientras me preparo para dar el salto a un trabajo nuevo, PF duerme la siesta conmigo y se ríe cuando, por fin, después de casi un año de encuentros y desencuentros propios de parvulario, nos ponemos a hablar de temas serios. Por la ventana abierta de mi habitación se oye la conversación de la mujer del portero con sus padres, que han venido del pueblo para pasar las horas muertas en el patio de este edificio perdido en el barrio de Salamanca. Tenemos tabaco y chocolate con almendras. No hace demasiado calor y nos queremos. No sabemos cómo, pero sí que no podemos cambiarlo; que volveremos a dejarnos mil veces más y volveremos a besarnos otras mil veces, a escondidas, compartiendo con la mirada un secreto que ya no queda nadie por saber.

La tarde cae. Algunas cosas van a cambiar, sin embargo otras, por raro que parezca, van a seguir siendo las mismas. Hoy pienso así y con eso me vale. Hoy tengo confianza en que dejarse llevar es la mejor opción, eso sí, después de elegir un camino; elegirlo y seguirlo sin miedo, con todas las consecuencias.

Me gustaría ser más concisa, pero las palabras sobran, cada letra complica mi visión de la realidad de repente tan clara. Un montón de tramas confluyen en este momento: La Prima de la Streep ha perdido su coche, Vitu se va a Canarias de vacaciones, Naoko medita sobre la posibilidad de comprarse unos tirantes y hemos comido juntos parrillada de carne en uno de esos bares donde cada mesa tiene su propio barril de cerveza. Y empieza a hacerse de noche antes.

La canción de Serrat ha terminado. Suena Mejor, de Los Brincos.

Voy a cumplir 29 y a las 21.36 horas del miércoles 23 de agosto de 2006, pienso en nuestra verdadera historia, que es como la muñeca rusa más pequeña, nadie la ve.

Me preparo para echar de menos.

23/08/2006 21:56 Autor: Eli. #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 2 comentarios.

19/08/2006

Cambios

Pasan las cosas, y de repente las imágenes de ayer me parecen lejanas, como un sueño. La memoria es caprichosa y cuando quiere se adelanta al paso del tiempo para concederle a lo reciente la pátina de lo que ocurrió hace mil años, e impregnarlo de nostalgia.
No hay que volver atrás...

Escucho los tangos de Calamaro.

Tendré que explicarme.

19/08/2006 10:24 Autor: Eli. #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 6 comentarios.

21/07/2006

Letizia y La decadencia de Occidente

Fue el martes, alrededor de las cinco, la tienda estaba semidesierta y atendí a Letizía. Muy delgada, iba sin pintar y llevaba el pelo un poco sucio; unos tacones de impresión, semiocultos por unos pantalones de lino, y una camisa de corte imperio. Me pareció una chica normal, algo apocada, reducida por sus dos guardaespaldas del tamaño de un armario, que la vigilaban con celo, como si temiesen que en cualquier momento tratara de escapar.

Al principio no me dijo nada. Se paseó indecisa por los paneles de Literatura Extranjera, donde no encontró a Spengler y su Decadencia de Occidente. Y sólo ante el fracaso se acercó a mí para preguntarme por ella con una voz suave, dedicándome un telediario personalizado. Le pedí que me acompañara al ordenador y, siempre tuteándola (Vitu puso el grito en el cielo cuando se lo conté), la guié hasta su libro: Filosofía, una edición de bolsillo en dos volúmenes, cuyo valor no superaría los 20 euros.

Letizía... todavía deambuló por la tienda un rato más, sola, con la única compañía de mi sombra y las cincuenta miradas de los curiosos contenidas a una distancia prudencial. Pobrecilla, observada cual animal de zoo durante cada milésima de segundo. Al final quiso saber donde estaba el baño; pensé que a lo mejor quería entrar, echar el pestillo y saltar por la trampilla a la escalera de emergencia, para huir... pero no pudo ser. Mi jefa insistió en acompañarla y ni siquiera entonces le dieron un respiro.

Han pasado más cosas, pero su importancia queda velada ante acontecimiento semejante: Letizia y yo unidas de por vida gracias a Spengler, que, quién sabe, tal vez será su "distracción" durante un trayecto de avión privado o se convertirá en su lectura de cama por un tiempo. Quizás se lo regale a Felipe o lo deje olvidado en la habitación de alguna embajada extranjera.

Pequeño Spengler... que la suerte viaje contigo.

21/07/2006 11:57 Autor: Eli. #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 14 comentarios.

07/07/2006

La buena chica

Once de la mañana. Luis Miguel cantándome desde el ordenador. Dice más o menos: “Tengo todo excepto a ti... y la humedad de tu cuerpo”. Hecho: Luis Miguel tiene letras un poco pornográficas que de repente me encantan. No sé si esto será síntoma de algo, pero el caso es que aquí estoy yo, trajinando por la casa, canturreando “la humedad de tu cuerpo” arriba y abajo. Café con leche arriba, café con leche abajo. Tic tac, tic tac... como un ratón de laboratorio en una caja de zapatos, corriendo de un lado a otro mientras el tiempo aséptico, cual mano enfundada en guante de látex, marca el ritmo con suaves golpecitos sobre la mesa.

Pienso que ninguna emoción me merece crédito y, al mismo tiempo, esta mañana me siento un poco triste. Es verano, tengo resaca, menos uñas que nunca y, como siempre, un montón de pájaros en la cabeza.

El martes por la noche fui al cine con PF. Vimos La educación de las hadas y no nos gustó; a lo mejor porque nos pasamos gran parte de la película acariciándonos y dándonos besos.

Querer a PF implica volver a ser adolescente otra vez, enamorarse con gestos y palabras torpes, de instituto. Empezar. Me inspira ternura.

Es de noche y estamos en la cama. Hemos hecho el amor, compartido un cigarro y comido chocolate con almendras; somos ratones ciegos que recorren un camino aprendido de memoria. PF me abraza en silencio y, precisamente porque no dice nada para llenar los minutos que prolonga el abrazo, sé que me quiere.

Hagamos lo que hagamos, por mucho que nos abandonemos, nuestra historia no se va a acabar. Imagino un pez fuera del agua, boqueando, a punto de palmarla. Lo miro sin dolor, esperando cruel a que se quede quieto, pero no se muere nunca. Algo así nos pasa.

Me gustaría que todo fuera más fácil y ser capaz de no contar nada; me gustaría que mi ánimo no cambiara con el cambio de canción y que alguien me indicara el rumbo para no cometer errores. Si pudiera, me gustaría estarme calladita y no desprenderme de lo que vivo en este blog.

Pero soy lo que escribo. Mi experimento soy yo.

07/07/2006 12:50 Autor: Eli. #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 8 comentarios.

28/06/2006

La derrota

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Son sólo las nueve y media de la mañana y ya estoy aquí. Ayer perdimos y Ghana perdió también. Brasil le metió tres goles, igual que Francia a nosotros, y eso sí que fue injusto porque Ghana, como su propio nombre indica, debería ganar siempre: "Ghana gana"; sí señor, no hay un eslogan mejor.

"Gabachos impresentables", "Vamos a quemar la Torre Eiffel", "Nos tiran la fruta y nos meten los goles", "A la mierda los franceses, que se queden las francesas"... esa fue la banda sonora de mi regreso a casa en metro, después de cenar con ¿p?, Naoko y Cris en el Puerto Rico, donde el camarero Mariano, al saber de mi partida inminente a tierras gaditanas, me pidió que le trajera una foto mía en bikini para valorar los efectos de la ingestión continuada de su sopa y su gazpacho. Me ama un poco, creo, "it`s a fact"... tengo una tendencia rara a despertar el deseo de los camareros madrileños mayores de cuarenta, los oficiales de mantenimiento y los amantes treintañeros del fútbol y los videojuegos. Preguntándome cuál sera el factor común que aúna a semejantes perfiles masculinos, he llegado a la conclusión de que tal vez sea que todos ellos duermen y se divierten en la cama con los calcetines puestos. No puedo afirmar que esté empíricamente demostrado, pero pondría la mano en el fuego.

En fin... ahora que me reconozco a mí misma como la musa de los hombres con pies fríos noto que el despertar me sienta mucho mejor. Esta noche salgo de viaje cual "dominguer woman", seguro que con un montón de maletas y con Vitu a mi lado. La playa nos espera. Tengo un bikini valorado en 15 euros y un billete de autobús (ida y vuelta) que, raro cuanto más, sólo valía 36. Muy barato, ¿no? Por delante, una noche viajera e incómoda en la que me va a costar dormir. Es posible que no lo consiga, pero si concilio el sueño ya sé lo que quiero soñar: con mi propio Mundial.

Si dependiera de mí, Ghana, Ecuador, Ucrania y España estarían ahora mismito en cuartos de final; aunque sólo fuera para evitar el patetismo de las imágenes posteriores a nuestra derrota: una horda de seres desorientados vagando por la ciudad, repentinamente ridículos con su maquillaje patriótico, sus banderitas rojigualdas y sus camisetas de 80 euros (cantidad con la que puedes ir y volver de Cádiz dos veces y media). También ellos tienen su corazoncito, aunque beban calimocho en botellas de Coca-cola partidas por la mitad y emitan unos berridos atávicos e ininteligibles que me asustan.

Si dependiera de mí, a Luís Aragonés, después de ese inefable A por ellos, lo reciclaba desde ya y empezaba a prepararlo en la Academia de OT para que el año que viene nos representara en Eurovisión. Nombre artístico: El Sabio de Hortaleza. Palabra clave: versatilidad.

Tiempo al tiempo. Este país me encanta.

28/06/2006 10:14 Autor: Eli. #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 7 comentarios.

22/06/2006

Las razones de mis amigos

Las razones de mis amigos fue la primera película que vi en Madrid cuando llegué para quedarme. Mi padre había venido conmigo y, después de localizar el CSIC al final de Serrano, cogimos un taxi y nos dirigimos al cine Rex, en la Gran Vía. Era una tarde de diciembre y lloviznaba sin parar. Cuando llueve, me gusta fijarme en las luces de la ciudad porque se vuelven borrosas, como manchas, y la calle se convierte en el espacio cerrado de un lienzo que bien podría estar enmarcado y colgando de una pared.

Años después, casi seis años después, para ser más exactos, me pongo a pensar en las razones de mis amigos y en las mías propias y descubro que su peso es inexistente.

Siempre creemos tener razón, no importa que discutamos por la ubicación de un libro o por la posibilidad de echar el decimocuarto polvo. Nuestro Sí o nuestro No, nuestra Derecha o nuestra Izquierda, son siempre la opción correcta; la única opción. En el fondo, allí donde se gestan nuestros pensamientos envueltos en un silencio abisal, el rincón de nuestro Yo al que la luz no llega y que permanece cerrado cual desván mientras el resto de nosotros mismos se relaciona con la humanidad, estamos convencidos de que poseemos una visión preclara del mundo.

Error. Hoy soy consciente de mi caos mental y me convenzo de que mis certezas se reducen a los trayectos entre mi casa y el trabajo, y viceversa: 45 minutos de música en el mp3 y la realidad a mi alrededor. Ojalá fuera capaz de no esperar nada.

22/06/2006 12:08 Autor: Eli. #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 12 comentarios.

18/05/2006

Bailarinas

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Nada me turba. Nada me turba, pero se me han roto las bailarinas. La suela de una de ellas se ha despegado vilmente esta mañana, mientras me dedicaba a marcar con pegatinas las estanterías de la séptima planta de cara al inminente inventario. Cierto es que me costarón 14 euros y, por no llevar, no llevaban ni caja de cartón donde guardarlas, sin embargo me parecían tan bonitas y estaba tan contenta con ellas puestas que, muy lejos de oler a pies, para mí olían a verano y cada vez que me las calzaba se despejaba algo en mi interior y lo veía todo mucho más fácil.

Más de uno pensará que me estoy fumando un porro mientras reseño semejante sandez o que las bailarinas en cuestión estaban impregnadas de una sustancia alucinógena que se filtraba por mis empeines para transportarme al séptimo cielo... pues no, no tenían nada de especial. Y ahora han muerto.

Hay días un poco grises en los que las bailarinas mueren, nos manchamos mientras comemos fuera de casa y, cuando me siento a escribir, mi estilo se parece sospechosamente al de Marian Keyes o Jane Green, aunque yo intento a conciencia evocar al lector la prosa de Zola o la poesía de Baudelaire... lástima que ninguno de los dos sufriera una ruptura de zapatos traumática, ni entrara en estado de shock al descubrir una mancha de tomate en sus pantalones. Supongo que eso no les pasaba porque vivían absortos en la contemplación y el estudio de cosas más serias.

Yo, seria, lo que se dice "Seria Seria", creo que no soy. Lo intento, pero no me sale. Es incluso posible que, para el que no me conoce, mi escepticismo pase por crueldad y mi risa le resulte frívola. En fin...

Mañana compraré pegamento instantáneo y terminaré con la rebeldía de la suela; será una insignificante batalla ganada. A lo mejor me animaré.

¿Quién sabe si Zola o Baudelaire no sufrieron como yo una infinidad de minúsculas y cotidianas derrotas? ¿Las sufres tú? Son como síntomas de un sentimiento mayor, pequeños escapes de gas portadores de una tristeza prestada, que se escapa con ellos y, afortunadamente, así nos abandona.

Pienso en las cada vez más cercanas tardes de piscina en Puerta de Toledo. ¿Qué debe sentirse al nadar cual sirena en el centro de Madrid? Pronto lo sabremos... si nada nos turba.

18/05/2006 21:22 Autor: Eli. #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 24 comentarios.

16/05/2006

Primavera

Primavera... ¡Qué bonito! Mi mente se lanza a crear asociaciones entre palabras como puentes de cristal: Primavera equivaldrá ya para siempre a Fiesta Folklórica (con la presencia insustituible de Anómalo y La Prima de la Streep); primavera equivale a salidez con o sin pareja; a las golondrinas de Gustavo Adolfo Bécquer, ese icono de la Literatura Española con mayúsculas; y, cómo no, primavera sobre y por encima de todo es igual a mil estornudos y una concentración de polén excesiva más allá de mi portal. Tengo los ojos rojos, congestión nasal y espasmos más o menos cada quince segundos. ¿Me estaré reproduciendo traumáticamente cual gameto? No, sólo tengo "un poquito" de alergia. ¡Qué bien!

Mientras tanto, PF me ha dejado porque dice que dimos un escandalo en la fiesta. Sus palabras exactas a través de la línea telefónica fueron: "¡Que fuerte, tronca!" -Sí, dice cosas como "¡Qué fuerte!" y "tronca", pero yo le quiero igual.- "aquello parecía Sodoma y Gomorra; vergonzoso... si hasta ME TOCASTE EL PAQUETE".

¡Alto!

¡Dios! ¿Le toqué el paquete? "El nivel de intoxicación etílica alcanzado era tal que no me viene a la memoria". Así me excusé aunque, para qué nos vamos a engañar, en el mismo grado que mi alergia, "un poquito" sí me acuerdo de semejante y discreta hazaña. Nadie se dio cuenta. Lo he confirmado porque llevo diez días preguntándoselo a todo el mundo y, repito, nadie nos vio. El problema es que PF, siglas que a partir de este instante dejan de significar Pequeño Friki y se convierten en las iniciales de Pequeño Franquillo, está convencido de que las 19 miradas beodas que, aparte de las nuestras, pululaban por mi hogar la noche del seis de mayo se volcaron lascivas y escrutadoras sobre la silla en la que, alrededor de las dos de la mañana, nos sentamos juntos. Ni siquiera nos besamos. Él me sostenía por la cintura y se mostraba cariñoso conmigo. Yo me porté igual.

Y la primavera, incauta, no se detiene por mí. ¿Acaso no me merezco un poco de consideración en mi desgracia? No sólo me abandonan, sino que además lo hacen insinuando que soy una guarrilla de tres al cuarto. Cual heroina de Jardiel Poncela o Mihura, me pregunto si mi sitio no estará en el arrabal, con una minifalda de plástico rojo y un bolso con la correa lo suficientemente larga como para cazar caballos a lo Brokeback Mountain (aviso: el mantra tan útil en periodo invernal ahora no me funciona).

En fin... era mi casa, mi fiesta y el chico con el que se suponía estaba... el resultado de su rechazo es que Pequeña VQ y yo vamos a adentrarnos sin remedio en el mundo del cómic entre estornudo y estornudo para dar vida a las aventuras de Pequeño Franquillo... ¿Cómo reaccionaría si descubriera este blog?

Hago terapia: voy andando a trabajar escuchando Ni tú ni nadie, de Alaska. Madrid debe ser la única a la que la primavera le sienta bien. La veo preciosa, y yo estoy dentro.

16/05/2006 21:37 Autor: Eli. #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 26 comentarios.

04/05/2006

La alegría de la huerta

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La astenia primaveral me posee. Pienso en tomar vitaminas, pero no acabo de decidirme. Por mi cabeza, como rayos en una tormenta, se cruzan pensamientos e imaginaciones tan dispares que no llego a la acción. Todo se queda en expresiones del tipo "Tengo que...", "Que no se me olvide esto o lo otro"... y, básicamente, paso la semana navegando por un mar de coplas que se nutre de múltiples fuentes: Desde mi hermana hasta PF, quien consiguió Suspiros de España y me envió un mensaje a Valencia para confirmármelo.

Dias plácidos. Me acuerdo de la tarde del lunes en la Malvarrosa, en el paseo de la playa, al lado de un bar que se llamaba La Alegría de la Huerta. ¿p?, D y Vitu se fueron a dar un paseo por la orilla; Rafa, B y yo nos quedamos en un chiringuito de mala muerte donde tardaron media hora en servirnos un tercio y un par de refrescos. V se unió más tarde al grupo. Alrededor de las siete, nos acercamos a la arena y llenamos con ella una botella de cristal vacía. Hicimos fotos. Nos entró hambre, porque la playa da hambre, eso está demostrado. Y cenamos tortilla de patata y longaniza de Pascua viendo El ataque de los clones en Antena 3. Al día siguiente, Vitu y yo, últimos supervivientes de nuestra expedición, visitamos el jardín botánico y, aparte de visualizar una miriada de gatos, bormeamos acerca de la mala suerte que dan los cactus.

Por la tarde regresamos a Madrid.

No se me olvida la luz de Valencia. Creo que podría distinguir el cielo de la ciudad entre un millón de cielos. Estoy segura de que, cada vez que voy, como un velo de memoria, esa luz impregna mis ojos y viaja conmigo, tamizando el paisaje plano que se extiende más allá de la ventanilla del autobus. Veo campos de amapolas y vides, el pantanto y el trigo, y sigo pensando en el despacho de mi padre y los trayectos en coche con mi hermano.

La vuelta a casa, cinematográfica, la protagonizó PF y su visita nocturna, pertrechado de canciones folklóricas y Coca-Cola. Que nadie diga que Almodóvar es inverosímil; que se atreva a decirlo después de leer esto: PF y yo nos fuimos a la cama, con la lámpara de tortuga encendida, y nos besamos escuchando La parrala, nos abrazamos riéndonos el uno del otro, porque recordábamos casi todas las letras de Rocío Jurado y Lola Flores. Lo pasamos bien. Le confesé mi intención de adquirir una falda de lunares, dio su visto bueno. Hablamos hasta la madrugada. Luego, dándome un beso pequeñito en la puerta, se fue.

Ahora estoy cansada y me he comprado un vestido de lunares verdes, que el sábado me pondré con unos pendientes de aro amarillos. Lunares y plástico de colores definen mi estado de ánimo actual a la perfección; colores vivos que se estampan contra mi cansancio, despertándome.

04/05/2006 20:50 Autor: Eli. #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 32 comentarios.

27/04/2006

La fiesta folklórica y el amigo fiel

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Escucho a Falete. Son las doce de la mañana y Lo siento mi amor suena tan alta que la debe estar tarareando el portero. Este mes lo hemos declarado el mes folklórico, principalmente en honor a las dos Rocíos; homenaje que culminará con la celebración de una fiesta en mi modesto hogar la noche del sábado seis de mayo. Para asistir al evento hemos establecido una serie de reglas que hay que respetar a rajatabla:

- A todo el que llegue se le entregará un clavel del que no podrá desprenderse durante la velada, no importa donde lo lleve (en la oreja, clavado en la coronilla, en la boca...).

- El atuendo debe ser acorde al hilo musical, se admiten fajines, camisas anudadas al ombligo y sombreros de Tío Pepe, zapatos de lunares, pendientes de plástico y collares de bolas. También se tendrá en cuenta el esfuerzo por hablar con acento andaluz.

- En el menú de la cena no faltarán la tortilla de patata, el fino ni las banderillas.

- Por último, cada uno de los invitados deberá elegir una canción e interpretarla, solo o con pareja, delante del resto. Estamos considerando la posibilidad de premiar al mejor intérprete con un toro en miniatura o, en su defecto, un torero de Playmobil. Pero eso ya se verá...

De forma paralela a la organización de tan indescriptible evento, la primavera transcurre plácida cual arroyuelo. Estoy feliz: tengo un Amigo Fiel; nuevo concepto que PF acuñó inconscientemente el lunes pasado, mientras nos tomábamos una cañas y unas patatas con allioli en el bar que hay bajo de su casa, donde los camareros, atentos a nuestra conversación, lo miraban sorprendidos de que se hubiera convertido en un Casanova de la noche a la mañana.

Él me aseguraba que ni siquiera podíamos ser un poco novios, como diría ¿P?, y al mismo tiempo cometió la temeridad de prometer que me iba a ser fiel... ¿No es bonito? Vuelvo a adentrarme en los misterios del sexo de la mano de PF, transmutado por su propia obra y gracia en mi nuevo Amigo Fiel. Estoy enamorada; un hecho que él no debe saber porque, si llegara hasta sus oidos, primero rompería su compromiso y luego se sumiría en un desesperante ataque de ansiedad.

Tendré paciencia. Menos mal que cuento con un montón de orejas para desahogarme. Ahí están las cenas en el Puerto Rico, las comidas en casa de Vitu, con siesta incluida, y los teléfonos móviles encendidos incluso durante la madrugada. Atravesamos un periodo de días de sol. Cuando trabajo por la mañana y salgo a las tres a la calle Preciados por la puerta de personal, encuentro mil razones para sacar del bolso de Emily las enormes gafas de sol que me compré con B.

Ojala fuéramos capaces de vivir siempre como hasta ahora, sin tomarnos demasiado en serio.

27/04/2006 11:57 Autor: Eli. #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 18 comentarios.

08/02/2006

Reivindicación de las mollejas

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Molleja: Estómago muscular que tienen las aves, muy robusto especialmente en las granívoras, y que les sirve para triturar y ablandar por medio de una presión mecánica los alimentos, que llegan a este órgano mezclados con los jugos digestivos.

B dijo que me parecía a Catherine Keener. Lo dejó caer mientras esperábamos junto al último ordenador de la planta el aviso de megafonía indicando que sólo quedaban cinco minutos para cerrar. En un instante me imaginé cual neoyorquina común, paseando por Central Park, con las manos en los bolsillos de una gabardina roja, tres cuartos, y las hojas cayendo lentas de los árboles; porque sería otoño, sin duda, y Woody Allen, que habría salido a comprar el pan, se cruzaría conmigo y me propondría hacer una guerra de hojas muertas, lanzándolas a patadas y revolcándonos gracilmente por el suelo... ¡qué bonito!

Entonces apareció ¿p? con un montón de libros de autoayuda y aportó un interesante dato a nuestra conversación. Dijo: "A Eli le gustan las mollejas".

B quedó consternado. Se llevó las manos a las sienes y clavó sus ojos en los míos como si me mirara por primera vez y yo ya no fuera un ser humano, sino un extraterrestre recién llegado de Saturno. Tardó en reaccionar y, cuando por fin lo hizo, fue para hablar como Yoda y arrebatarme de un plumazo la ilusión:

- Catherine Keener ya no puedes ser. ¡Dios mío! Comer mollejas te quita todo el glamour.

¡Eh, eh, eh! ¡Un momentito! ¿Cómo que no? A mí no me toquéis el glamour. ¿Acasó Ferrán Adriá, ese hombre deconstructor de la tortilla, carece de él?

Me temo que no habéis probado las mollejas. De hecho, estoy segura de que, si Jackie Kennedy o Coco Chanel se hubieran pasado por Alcocebre durante algun verano de mi infancia, mi padre no habría tardado ni dos horitas en invitarlas a una suculenta paella cuajada de pollo, pato, conejo, caracoles y, por supuestísimo, unas cuantas mollejas. Como señoras educadas, la habrían probado sin más remedio y habrían quedado encantadas, adictas desde ese momento a la casquería más vil.

Cada vez que voy a Valencia hay paella y mi padre, que me quiere un montón y sabe que me gustan, traduce su incalculable afecto en la cantidad de mollejas que compra para la ocasión. Me dice: "Hoy he puesto 16 mollejas"; y yo sé que eso significa: "Hija mía, te quiero más que a mi vida, te quiero más que a mi muerte". Así que para no defraudarle me las como todas toditas.

Mi historia con Woody termina cuando él me propone que no hagamos más el canelo con las hojas del parque y nos vayamos a un restaurante de gansters italianos afincados en Broadway con mantelitos a cuadros, una botella de vino en cada mesa, un señor trajeado, con una metralleta mal disimulada al fondo del local, y una especialidad en el menú: spaghetti con mollejas. Sin dejar de ser Catherine keener, acepto la proposición.

08/02/2006 12:33 Autor: Eli. #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 28 comentarios.

29/01/2006

Me duele la cabeza

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Ayer cené con Palo y B en un restaurante chino de la calle Tudescos, desde el que se ve Callao y un fragmento pequeñito de Fnac. Cuando mis padres se casaron y fueron de viaje de novios a Madrid cenaron allí, en El Buda Feliz; yo lo conozco por eso.

La boda se celebró en Valencia, el 6 de enero de 1977. Era Reyes y llovía. Yo nací nueve meses y doce días después, así que fui concebida en Madrid, no hay duda. Me imagino a mí misma como un grupo de celulitas que se multiplicaban compulsivamente en el útero materno mientras mi madre y mi padre comían codillo al estilo pekinés. Visto así, ayer, 28 años y muchas células después, volví a mis raices, a mi principio, a mi Meca particular.

Quizás haya sido semejante proceso retroalimenticio el causante de mi actual dolor de cabeza. Cenamos rollitos, arroz tres delicias, Chop Suey y tallarines con gambas. De postre, helado frito. Después, ya en casa, me quedé despierta hasta las tres y diecinueve minutos, visualizando alternativamente Lucía y el sexo y Casino, donde Robert de Niro y su doblador me recordaban sin cesar a Buenafuente.

El imitado se convierte en imitador y yo, cual calcetín vuelto del revés, regreso al punto de inflexión de la Humanidad por lo que a mí se refiere, el lugar donde estuve y no estuve por primera vez. Paranoia.

Me tomo una aspirina para ver si me despejo y, a largo plazo, prevenir el infarto cerebral. Consulto en LaNetro a qué hora y dónde proyectan Caché.

Esta noche, pizzas y Premios Goya. Son muchas las posibilidades de que gane La vida secreta de las palabras, algo que me haría perder definitivamente la fe en el futuro de nuestra civilización... Apiádate de mí, Dios Mío.

29/01/2006 14:50 Autor: Eli. #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 25 comentarios.

27/01/2006

Prosa

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Mi vida transcurre en prosa. No tiene tiempo de ordenarse en una serie de versos que respeten la métrica y el ritmo. Se queda con la aridez de las subordinadas, los puntos y aparte y, como mucho, la incertidumbre casi nunca resuelta de los puntos suspensivos.

Leo novelas. Busco en la ficción una estructura que refleje la de mi realidad, la de esta ciudad caótica y al mismo tiempo irritante como el mecanismo perfecto y rígido de un reloj. Me veo en medio de la librería, inmóvil, ignorada por la gente que pasa de largo sin decirme nada por un lado y por el otro; viendo; manoseando libros; dejándolos caer al suelo o abiertos sobre otros libros que cayeron antes. La luz artificial baña la escena y las voces a mi alrededor se confunden en un único murmullo sin mensaje ni intención.

Quizás somos los personajes de otro. Un grupo de jóvenes con chaleco y vidas iguales, pautadas. Alguien nos observa desde arriba. Es de noche. Salimos por la puerta de personal a la calle Preciados y mientras esperamos al último compañero, D y ¿p? se fuman un cigarro y yo guardo la tarjeta para fichar en mi bolso siniestro. Todos nos hemos puesto el abrigo y lo hemos abrochado hasta el cuello. Hace frío. Alguien lanza al aire la posibilidad de ir a tomarse una cerveza. Como en un escenario, a la misma hora de ayer, la misma función. Podéis verla hoy si aún no habéis tenido oportunidad de acudir. Allí estaremos. Los figurantes no tienen desperdicio: hay un chino sentado en el suelo de Preciados con Maestro de Victoria, que toca en un instrumento sin nombre canciones melancólicas imagino que de su país. Nunca le hemos echado ni un céntimo.

Tal vez alguno de nosotros rechace la invitación y diga que se va a casa o que ha quedado. No penséis que por eso se está cargando la representación. Esta obra se parece un poco a las novelitas de "Elige tu propia aventura". Cuando era pequeña me regalaron una y con ella en la mano creí que tenía en mi poder infinitos finales para una misma historia. Sólo había diez. Así que cuando la leí once veces dejó de interesarme y la olvidé.

Volvamos al grupo: si nos disolvemos, ¿p? y B se irán hacia Callao. D y yo bajaremos hacia Sol por Carmen y tiraremos por Montera hasta Gran Vía. A veces yo acompaño a D a su casa y alargamos el trayecto caminando juntos hasta Banco de España, donde nos despedimos y cojo el metro.

La poesía miente. Si la utilizara, estaría disfrazando los trayectos por un Madrid desnudo, transparente, que nos incluye como un cuenco de cristal. Palabras como barrotes nos rodean, nos hacen prisioneros, pero tienen la honestidad suficiente como para no transformarse en un poema. Son claras. Las decimos esperando que provoquen algo, que cambien las cosas, que nos salven. Y sin embargo solo nos producen una calma pasajera; iguales que una droga, su efecto es efímero y garantiza el nacimiento de palabras nuevas.

Me gusta Madrid en silencio, por eso con frecuencia necesito quedarme sola. Madrid sin palabras se convierte en una ciudad vacía, en un bosque inhabitado que despierta en mí un sentimiento de pertenencia y comprensión. Me conoce desde el principio y sabe, como yo, que no hay escapatoria.

27/01/2006 11:38 Autor: Eli. #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 12 comentarios.

16/01/2006

Emily

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Ayer me compré en el rastro un bolso de Emily y automáticamente me convertí un poco en siniestra. En la parte delantera, la silueta en negro de Emily se dibuja sobre un fondo blanco en el que se lee lo siguiente: "Bienvenido a mi pesadilla". Me costó catorce euros. Estoy contenta.

Era domingo y llovía a ratos. El hecho de que el cielo estuviera gris impedía controlar el paso de las horas; todas ellas parecían iguales. Nos encontramos a la una en Tirso de Molina y vagamos por Embajadores y Puerta de Toledo en busca de unos cactus para Naoko que se llaman Pie de Elefante y que yo no había visto en mi vida. Cuando por fin los localizamos, se quedó con tres macetitas minúsculas para colocarlas en el alfeizar de la ventana de la cocina. Naoko estaba contenta también, así que guardó sus cactus en la mochila de D y nos fuimos de bares. Acabamos comiendo un bocadillo de calamares de pie en El Ideal, al lado de la Plaza Mayor. Llegué a casa pasadas las ocho y media sin haber sacado de la jornada más que una sensación de "día siguiente".

Ahora acabo de ducharme. Llevo puesto el albornoz naranja que me regalaron por Reyes y una toalla en la cabeza. La toalla empieza a estar húmeda. Será mejor que deje de escribir antes de quedarme helada delante del ordenador. Estoy agotada e intuyo que no tardaré en acostarme. Por lo pronto, que nadie se lleve a engaño: ni la lectura de novelas victorianas ni la compra de bolsos "góticos" va a redimirme de mi petardez, aunque tampoco lo pretendo. Soy una causa perdida.

16/01/2006 21:57 Autor: Eli. #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 20 comentarios.

30/12/2005

Balance

El año se termina. Cuantificar la calidad de lo vivido es imposible, al menos no ahora, cuando como mucho nos separan doce meses de la experiencia que queremos valorar. Pero yo, que vivo sola y en ocasiones, sólo en ocasiones, me aburro un poco, he hecho una lista con las cosas que sí se pueden contar, por si conseguía aportar alguna luz a la confusión que, por regla general, reina en mi cerebrito:

- CASAS EN LAS QUE HE VIVIDO: Dos, la alquilada en Madrid y la de mis padres, en Valencia.
- PERSONAS QUE SE HAN QUEDADO A DORMIR EN CASA: 17
- TRABAJOS QUE HE TENIDO: Dos, transcriptora de anuncios y librera.
- RÉCORD DE DÍAS SEGUIDOS TRABAJANDO SIN PARAR: 10
- BAJAS LABORALES: Dos, las dos de un día.
- SALIDAS AL EXTRANJERO: Cero patatero.
- LIBROS LEÍDOS: 41
- PELÍCULAS VISTAS EN EL CINE: Alrededor de 40.
- PELÍCULA VISTA MÁS VECES: Olvídate de mí.
- GENTE A LA QUE HE CONOCIDO (Entendiendo por "conocer" haber mantenido una conversación más o menos seria): Entre 35 y 50.
- SERES QUERIDOS QUE HAN MUERTO: Cero patatero. Toquemos madera.
- ACCIDENTES AÉREOS DE SERES PRÓXIMOS: Uno.
- PERSONAS CON LAS QUE HE DEJADO DE HABLARME: Dos.
- ENAMORAMIENTOS ABSURDOS: Uno.
- DINOSAURIOS ADOPTADOS Y POSTERIORMENTE DESAPARECIDOS: Uno.
- HOMBRES BESADOS: Tres.
- POLVOS: Entre diez y quince. Todos concentrados el último cuarto del año. ¡Qué poquitos!
- BORRACHERAS SERIAS: Una.
- BORRACHERAS INOFENSIVAS: Incontables.
- VECES QUE HE VISTO AMANECER SIN HABER DORMIDO: Dos.
- VECES QUE HE LLORADO: Sorprendentemente pocas. De hecho, sólo recuerdo dos.
- VECES QUE HE VISTO EL MAR: Dos. Una con Rafa y otra con Ana Mari y con mi padre.
- VECES QUE HE IDO A LA PELUQUERÍA: Dos. Así me va.
- COMIDA MÁS RECURRENTE: Pasta con atún, queso blanco, aceitunas y tomatitos.
- BARES A LOS QUE HE VUELTO MÁS DE UNA VEZ: Cuatro. El Mareas, La Galería, Candela y Artépolis.
- CAFÉ MÁS VISITADO: Las mil y una sucursales del Starbucks.
- RECAIDAS: Dos. Con mi ex y con las uñas, me las vuelvo a morder.
- RELATOS ESCRITOS: Cuatro y medio.
- BLOGS: Uno
- LIBROS QUE ME HAN DEDICADO: Uno.
- PASEOS NOCTURNOS POR MADRID: Infinitos.
- PLANES PARA 2006: Uff...

¡Feliz año a todos! Espero que sigáis por aquí a partir del día uno y que nos sigamos riendo dentro y fuera de este blog como hasta hoy.

30/12/2005 12:09 Autor: Eli. #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 26 comentarios.

29/12/2005

Me he cortado el pelo

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Ayer cobré. Consecuencia indisociable: hoy me he cortado el pelo. Noté que era necesario cuando en Valencia todos empezaron a murmurar a mis espaldas que las diferencias entre el primo Eso y yo eran más escasas cada vez; así que esta mañana me he levantado como si tuviera un resorte en la rabadilla y, acto seguido, he dirigido mis pasos hacia la peluquería de la acera de enfrente. Me gustan las peluquerías porque están llenas de espejos, lo que permite observar a la gente con detenimiento, sin que se de cuenta.

LLego y me ponen un peinador desechable, de papel, que me iguala automáticamente con el resto de la clientela. Primero hay que lavar. Me conducen hasta el lugar indicado, donde un peluquero gay y una peluquera gordita y pelirroja, con cresta, los dos uniformados de negro, están vapuleando los cueros cabelludos de una anciana y una cuarentona. El único sitio que hay libre está en el centro, entre la una y la otra. Allí aterrizo yo con mi cara de sueño, pálida, legañosa, y mi cabellera leonina... delante, una pared de espejo nos devuelve nuestra imagen surreal. Arropados por el hilo musical, Kiss Fm, formamos un grupo cuanto menos peculiar, que mantiene una animada conversación, de la que yo no participo, acerca del cáncer. Palabras como tumor, mamografía, ovarios, retención de líquidos o tirantez de los puntos se mezclan con el olor a cosmética; se diluyen en la iluminación glacial del local y rebotan contra nuestros reflejos. Por un momento tengo la sensación de haber aterrizado en Marte.

Antes de que me corten, una francesita de seis años y un ejecutivo que apura la treintena pasan por delante de mí. A la niña le divierte verse, se ríe; el ejecutivo tiene una expresión triste, despojado de la americana de su traje, con la corbata algo desorientada y medio calvo, despeinado solo a la altura de la nuca y por detrás de las orejas.

Cuando por fin me llega el turno, le confieso al "profesional" indescriptibe que me corta que ni siquiera tengo secador, soy esa clase de ser, y noto que le escandalizo. Supongo que piensa: "Dios, ¿cómo se puede vivir sin secador?". Para él debo haberme convertido al instante en la carnalización del subdesarrollo.

- ¿No lo echas de menos? -Me pregunta atónito.
- No
- ¡Ah! -Exclama conteniendo un gritito.

He dejado de ser melenuda, para transformarme en quasi calva, o al menos esa es la sensación que me produce verme tan poco pelo en la cabeza después de meses con coletas y cintas... Soy una mujer nueva. Me gusta plantearmelo así. Voy a empezar con el año a tener la clase de vida que tiene una chica de pelo corto: fría, llena de aristas congeladas, sin piedad... castigadora al fin y al cabo. ¿Seré capaz de hacer sufrir?

***

¿Últimos votitos del año?

29/12/2005 13:22 Autor: Eli. #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 6 comentarios.

22/12/2005

¡Feliz Navidad!

Feliz Navidad a todos. Vuelvo el 28. Hasta entonces, vacaciones de blog. ¡Saluditos!

22/12/2005 08:35 Autor: Eli. #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 21 comentarios.

20/12/2005

Siempre te despiertas

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Vuelvo a ver la primera luz de la ciudad y siento el frío nocturno atravesando afilado mi abrigo cuando salgo del metro. Como un asesino a sueldo, la temperatura bajo cero salta sobre mí en la esquina de Goya con Conde de Peñalver y me recuerda que estoy viva. Las luces de los semáforos y los escaparates de las tiendas cerradas han recuperado el habla para decirme que siempre me despierto.

Una decena de desconocidos se cruzan conmigo en el trayecto de no más de cinco minutos hasta mi portal. Atrincherados en sus bufandas, con las manos dentro de guantes y bolsillos, miran el suelo, hablan por el móvil o no andan solos. Yo sí. Encuentro cierto placer en el mobiliario urbano, muerto; y en el cielo sin estrellas de Madrid. Una complicidad más allá de todo entendimiento, quizás propia de una paranóica, se establece entre el el espacio y yo, entre la distancia de asfalto y mis zancadas masculinas. Todas las historias empiezan y acaban aquí. Una detrás de otra, esperan su turno como en la cola de una carnicería. Hay que destripar la realidad: las tardes de fin de semana en la librería, la visita de Ñ, el abrigo de Naoko, nuevo entre un montón de gente atada a listas interminables de libros por comprar... nada más que sangre y vísceras latentes; un organismo monstruoso, cuyo funcionamiento no se interrumpe y nos conduce sin piedad a la extenuación.

G me dijo un día que cuando estamos alegres no se nos ocurre pensar en que a la vez existe alguien que está triste. Forma parte del juego, supongo.

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¿Voto ecuménico?

20/12/2005 00:36 Autor: Eli. #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 24 comentarios.

14/12/2005

... bip...

Hay una escalera de cuerda con un Papá Noel colgando de un balcón en Goya. Son poco más de las ocho y media de la mañana y un frío siberiano me hace sentir como cristal mientras espero a que el semáforo se ponga verde. La ciudad se despierta. En las fachadas de los edificios y el Corte Inglés ya es Navidad; una Navidad azul, como la luz del cielo de diciembre a primera hora. Alguien me dijo ayer que las cosas que se empiezan han de terminarse. C me dijo lo mismo cuando dejé nuestro polvo a medias y le pedí que se marchara de casa. En una esquina de Madrid, rodeada de la actividad propia del principio del día, con los comercios todavía cerrados y las bocas de metro aspirando gente, pienso por enésima vez que probablemente con las frases hechas y las terciarias de la librería podría ordenarse el mundo. Dentro de las mangas larguísimas de mi abrigo, muevo los dedos de mis manos heladas para entrar en calor.

Vuelve a la vida... bip... bip... bip...

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¿Me votas?

14/12/2005 11:48 Autor: Eli. #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 27 comentarios.

20/11/2005

Lengua bífida

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A veces pienso que mi cuerpo no me pertenece, que hubo una equivocación y al nacer me adjudicaron el cuerpo de una mente ajena, desalojada por error de su envoltorio de sangre y expulsada a los infiernos para que mi alma pudiera tener cobijo.
Es terrible. A veces pienso que es otro cerebro el que decide sobre los movimientos inmediatos de mis brazos, de mis piernas; sobre las emociones que voy a exteriorizar en forma de lágrimas o rubor en las mejillas. Tiemblo cuando hace calor y tengo la necesidad de quedarme desnuda en medio del frío. Me parto en dos y YO soy lo que queda entre las decisiones temerarias y extremas de lo que pienso y lo que, en contra dirección, llego a sentir; el vértice de una lengua bífida, de serpiente, rosa y húmeda como los pétalos de una flor.

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¿Votas?

20/11/2005 21:36 #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 26 comentarios.

17/11/2005

Cuestiones cuánticas

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"En el mundo de la física contemplamos una representación de la vida cotidiana en sombras chinescas. La sombra de mi codo descansa sobre la sombra de mi mesa, mientras la sombra de la tinta resbala sobre la sombra del papel... el franco descubrimiento de que la ciencia física se desenvuelve en un mundo de sombras es uno de los avances recientes más significativos."

EDDINGTON, A. Fragmento de The nature of the physical world recogido en Cuestiones Cuánticas, una recopilación de Escritos místicos de los físicos más famosos del mundo realizada por Ken Wilber.

Sir Arthur Eddington (1882-1944) fue uno de los primeros teóricos en ententender plenamente la teoría de la relatividad y contribuyó de forma más que notable a desentrañar los secretos de la evolución y la constitución interna de los sistemas estelares.

El martes por la mañana, como siempre, hablo con mi madre mientras me tomo el café con leche. Entre una cosa y otra, me dice que escribo bien, pero que soy "monotemática", esa es exactamente la palabra que utiliza. Cuando cuelgo, le doy vueltas a su opinión y concluyo que probablemente está en lo cierto, así que me propongo escribir un post diferente, en el que las relaciones sentimentales no tengan cabida. Me parece un reto fácil.

Cojo el metro a las dos y cuarto y leo a Eddington. Al terminar el párrafo que cito, levanto la vista del libro y miro a mi alrededor. Lo que veo no es una representación de sombras, son sombras simplemente.

En la calle llueve, sigue sin haber otro color que el gris para describir el aire y el frío. No llevo paraguas, ando rápido y llego a la tienda demasiado pronto. La tarde se perfila intrascendente e igual a la anterior y a la que vendrá después: cajas verdes de libros sin colocar y gente, mucha gente con títulos apuntados en post-it y hojitas arrancadas de libretas pequeñas; títulos escritos con una caligrafía indescifrable, que se convierte en el misterio más interesante para resolver de tres a nueve y media.

A las siete descubro en el móvil una llamada perdida de C. Tenemos que vernos. Es peligroso, sin embargo pesa más que cualquiera de las sombras que me persiguen, entre las que me muevo. Marco su número desde el teléfono de la librería y, sin pensar en la cena pendiente con Pequeño friki, quedo con él a la salida.

Es puntual. Me lleva a Lavapies, su mundo. Allí, en la penumbra amarilla del Lola Lola, cenamos un bocadillo de pollo con queso y bebemos vino. Conversamos sobre todo lo que hemos ido acumulando el uno para el otro en los últimos dos años y medio sin vernos, concentrados de pronto en ese local tan decrépito y vacío como un espacio onírico apto para viajeros en el tiempo que llegan desde el pasado para sacudir un presente dormido con el paso de las páginas de las novelas que leo sin cesar.

De la mano de C y de su excéntrico amigo O, que se protege del frío con un abrigo setentero, blanco y lanudo, recorro la madrugada gélida y desierta de Madrid por la calle Salitre y subiendo por la calle del Olivar, donde nos detenemos en Artépolis, Travelling y finalmente, muchas cervezas después, en el Candela. O se despide y nos quedamos solos. Entonces C me besa y las sombras vuelven a acentuarse a mi alrededor, bailando y riéndose chirriantes como óxido.

***

Vótame, por favor.


17/11/2005 13:08 #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 25 comentarios.

14/11/2005

Los sentidos y la memoria

Los sentidos son capaces de recordar. Tienen una memoria selectiva y durmiente, que nos ataca por sopresa como un drepredador que no atiende a razones. Cuando tocamos, cuando olemos... las partículas invisibles de lo percibido impregnan nuestro cerebro igual que purpurina y se quedan allí, adheridas a las circunvoluciones, esperando el momento oportuno para asaltarnos sin piedad.

El tacto de una manta, el sabor equivocado de algún plato mal preparado en la cocina, el color de las cuentas de unos pendientes... se asoman como fantasmas a objetos y espacios posteriores en el tiempo y nos devuelven por un segundo, con la brevedad de un fogonazo, a otro lugar y a otra piel. Nos descolocan.

Amar físicamente a alguien implica conocer su olor y arriesgarse a identificarlo en el momento menos adecuado. La noche del martes llovía con fuerza sobre Madrid. Habíamos salido y corrimos hacia el metro. La estación de Sol estaba atestada de gente joven que, como nosotros, buscaba protegerse del agua. Había vapor en el ambiente, cabezas mojadas, voces, chubasqueros brillantes y huellas de pisadas en el suelo. Los andenes de la línea 1 parecían la entrada de una discoteca. No teníamos frío.

Pequeño friki, con su chaqueta empapada, me tenía cogida por la cintura cuando llegó el tren. Aunque nos dimos prisa en entrar no conseguimos sentarnos, así que nos quedamos de pie delante de la puerta; el uno delante del otro, con nuestros amigos alrededor, hablando del tiempo. Entonces lo olí. Entre todos, identifiqué su olor, como quien reconoce a alguien que ha cambiado mucho después de muchos años, pero que aún conserva la misma mirada, aquella que una vez vio lo mismo que nosotros vimos.

Hay algo animal en la posibilidad de distinguir por el olor a los hombres con los que se ha estado sin importar que se encuentren perdidos en una multitud huida de la lluvia; algo felino; un fragmento de no humanidad, como una esquirla que abre nuestras heridas y rasga nuestro vestido para desnudarnos delante de desconocidos.

¿No os ha pasado nunca? Pequeño friki no lo entendería.

***

¡Vótame, vótame!

14/11/2005 12:38 #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 31 comentarios.

10/11/2005

Peces de colores

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"Llamé a Midori por teléfono.

- Quiero hablar contigo -le dije-. Tengo muchas cosas que contarte. Eres lo único que deseo en este mundo. Necesito verte. Quiero empezar una nueva vida a tu lado.

Al otro lado de la línea, Midori enmudeció durante largo tiempo. Aquel silencio recordaba todas las lluvias del mundo cayendo sobre la faz de la tierra. Yo, mientras tanto, permanecí con los ojos cerrados y la frente apoyada en el cristal. Por fin, Midori hablo.

- ¿Dónde estás? -susurró.

¿Dónde estaba? Todavía con el auricular en la mano, levanté la cabeza y miré alrededor de la cabina. ¿Dónde estaba? No logré averiguarlo. No tenía ni la más remota idea de dónde me hallaba. ¿Qué sitio era aquel? Mis pupilas reflejaban las siluetas de la multitud dirigiéndose a ninguna parte. Y yo me encontraba en medio de ninguna parte llamando a Midori."

HARUKI MURAKAMI. Tokio blues


¿Nunca habéis sentido el silencio de alguien como el ruido de todas las tormentas? Yo sí.

Una vez compré dos peces de colores. Ni siquiera vivía en esta casa. Aún compartía un piso con P en el barrio de Huertas y trabajaba como teleoperadora. Aún salía con C. Compré los peces en una pajarería de Chueca, una tarde de invierno en la que el sol rayaba con la fuerza fría del metal la Plaza Vázquez de Mella. Tenía un abrigo de paño negro y muy poco dinero en la cuenta corriente. El termómetro rozaba el bajo cero cuando crucé la Gran Vía con un pez negro y otro naranja en una bolsa de plástico. No había oscurecido.

Ya en casa, sola, llené un tupper con agua del grifo y lo coloqué con cuidado en la mesa de la sala. Aquella casa sin calefacción, inserta en el centro de Madrid, tenía azulejos en la pared y un patio en el que las plantas crecían salvajes porque nosotros no les hacíamos ningún caso. Había comprado también un bote de comida, así que liberé a los peces y les di de comer. Los estuve observando durante minutos. Valoro ahora mi ilusión de entonces y siento lástima. Al día siguiente el pez negro amaneció muerto. Lo descubrí poco antes de las ocho de la mañana. P dormía. Tenía que salir hacia la oficina si no quería llegar tarde. Rescaté el cadáver con un colador y lo tiré a la basura. El pez naranja murió poco después, pero no fue motivo de comentario alguno. No hablamos de ello.

Hace tres años tuve dos peces de colores que murieron y hoy mi propio silencio me atormenta, tiene el sonido de "todas las lluvias del mundo cayendo sobre la faz de la tierra". Vivo en una casa sin mascotas y alejo a Pequeño friki de mí con un rigor que me corta como el filo de una hoja de papel.

No grito.

Nos acostamos juntos y sangré por la nariz. Manché la colcha con una gotita roja, prácticamente imperceptible, que sigue ahí, desafiándome cuando me despierto de la siesta.

***

¿Un voto?

10/11/2005 19:09 #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 14 comentarios.

08/11/2005

El equilibrio es imposible

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Escucho a Los Piratas. Son las ocho y dentro de hora y media he quedado con Pequeño friki y compañía para irnos de cañas. Ya ha oscurecido. Leo descansa en la Zarzuela ajena a las opiniones de Ana Mari y V sobre su nariz mientras, a unos cuantos cientos de kilómetros de allí, un hombre gordo, probablemente despeinado, con el torso descubierto y un pantalón de chandal se toma con tranquilidad una copa de vino tinto y unas aceitunas delante de la televisión. Es mi padre.

Acabo de hablar con él por teléfono. Creo que nunca lo había escrito antes, pero por alguna razón que se me escapa, siempre que nos despedimos y colgamos, las pocas veces que mantenemos una conversación telefónica, se queda conmigo su imagen durante un ratito y me asaltan un montón de recuerdos compartidos, nada trascendentales, que me emocionan.

Es la hora de salir del trabajo. Seguro que hay atascos en la M30... hileras de coches pacientes, con los faros encendidos, iluminando la ciudad.

El último año que viví en Valencia, mi padre y yo pasamos una tarde en la Mostra. Vimos una película italiana y otra egipcia. Yo había conseguido entradas gratis porque el novio de una amiga trabajaba de chófer en el certamen, llevando y trayendo del aeropuerto a las celebridades invitadas. Aquel día gris del mes de octubre me lo había encontrado en la Avenida del Oeste conduciendo una limusina. Me animó a subir y me acercó a casa. Al despedirnos me dio dos invitaciones. Volvía de Manises, donde había dejado a Katy Jurado de vuelta a Mexico.

Así fue como compartí la tarde con mi padre, en la negrura de las salas del desaparecido cine Martí y en el interior del coche familiar, recorriendo el centro. Recuerdo que era una tarde lluviosa y que no hablamos mucho. Entonces no se me podía ocurrir la nitidez con la que años más tarde iba a recordar el momento: puedo escuchar el ruido del parabrisas, subiendo y bajando rítmicamente, arrasando el agua; siento el calor artificial y opresivo de la calefacción y recupero los silencios de los semáforos... a menudo la confianza implica silencios. Entre una cosa y otra me preguntó qué tenía previsto hacer con mi vida (por aquel entonces me acababa de licenciar, Madrid aún no existía), y yo le respondí que no lo sabía... aún ahora, con frecuencia, pienso que no tengo ni idea. Como todo comentario, él añadió sin censura: "no tienes prisa"; y consiguió que una tranquilidad extraña me recorriera por dentro. No se lo dije.

Hay muchas cosas que no sabrá nunca... la confianza también implica, supongo, intuiciones. Nunca le he contado que donde me siento mejor es escuchando música en Valencia, sentada en la butaca de la salita que siempre ocupa él, al lado de la ventana que deja ver un poco la placita de la iglesia. Ese es mi lugar al que volver.

Suena El equilibrio es imposible y yo tengo que irme porque llego tarde a mi cita con la noche madrileña. Pequeño friki me espera.

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08/11/2005 20:59 #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 48 comentarios.

02/11/2005

Forever metallics

Tengo delante de mí un artilugio con forma de pequeña nave espacial. No lo es. Es un "Forever metallics"; el pintalabios que va a terminar con todas mis tribulaciones sentimentales despertando instantáneamente el deseo en mis víctimas. Quienes me vean con él puesto, pintarrajeada como una puerta, me van a empotrar contra la pared y a besarme hasta la tráquea. Todo resuelto. Tiembla, Pequeño friki... tiembla, España... estoy por enviarle uno a la pequeña Leo para que todo aquel que se asome a su cuna caiga, cual súbdito, rendido a sus pies (con ganas de lamerlos hasta el orgasmo, eso sí).

Y es que, por lo visto, el poder de "Forever metallics" es insospechado e inconmensurable. Ha llegado hasta mí al más puro estilo valija diplomática, envuelto en sus normas de uso porque Ana Mari y V, las que me lo han regalado, son por encima de todo ecologistas y van ahorrando papel y energia por los rincones... en fin... las instrucciones dicen lo siguiente:

PINTALABIOS TERAPÉUTICO
El comando Valencia ha vuelto a actuar, esta vez de forma altruista (por los pelos). Aquí tienes tu primer FOREVER METALLICS, metálico a la par que elegante.

Hemos preferido iniciarte con un color discreto, aunque el fuxia putón ha sido una tentación.

No queremos volver a verte sin pintar como una puerta, se acabó el look CARA LAVADA. Desde hoy tus labios sí dejarán huella.

FIRMADO: Las supernenas (Delegación Valencia)
P.D. S también es una supernena.

Sólo tengo que añadir en mi defensa que ayer por la noche, mientras veíamos a Buenafuente, Ana Mari me convenció para probarme el pintalabios y... ¿Quién dijo discreto? A lo mejor el sábado recurriré a él. No respondo de las consecuencias.

02/11/2005 12:28 #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 26 comentarios.

28/10/2005

La historia más bonita

20051028125158-zumo-jpgPodría no contarlo todo.
Jueves. Me despierto a las nueve en casa de Sh, las dos despatarradas en su cama gigantesca después de una noche de charla turbia. Hemos maldormido tres horas. A las seis de la mañana aún estábamos en su sofá, tapadas con sendas mantas, bebiendo vozka con naranja y arreglando el mundo.

Podría no contarlo todo.
Sh tiene dos trabajos, así que a remolque de sus responsabilidades a las nueve y veinte de la mañana me encuentro en el corazón peatonal de Huertas sin nada que hacer, con la conciencia de no haber cambiado de día y un agotamiento creciente que distorsiona la realidad. La luz es de cobre. Conozco las calles por las que paso, sé los nombres de las tiendas. Vivía antes allí. Al bajar hacia Sevilla a un ritmo innecesariamente rápido decido que no voy a tomarme un café. Puedo masticar mi aliento por culpa del alcohol y no me apetece estimularlo con otro aromita fuerte y rotundo. Finalmente termino en la mesa redonda de un Starbucks con un zumo de naranja y una botella de agua de medio litro. Me siento extraña.

Podría no contarlo todo.
Hace 24 horas que no voy a casa, pero nadie me espera. A mi alrededor algunos ejecutivos están empezando el día; fuera, un Vip's, un Nebraska, el teatro Alcázar, los coches, un andamio disimulado con publicidad y la boca del metro. No hace frío, aunque el día ya tiene el color del invierno. Un par de policías con cazadoras fluorescentes controlan el tráfico. Una furgoneta de Fedex y gente; gente que cae con el peso del hielo en un vaso. Autobuses. Sonidos.

Intuyo que Sh está enamorada de A, pero esa no es mi historia. Tampoco la de P y C, la historia más bonita: P me cuenta a última hora de la tarde del lunes, mientras ordenamos Bolsillo, que se enamoró de C por su risa. Escuchaba su risa proveniente de algún rincón de la tienda y se iba enamorando poco a poco. C es la mujer de su vida; eso me dice mirándola sin que ella se de cuenta. Es verdad, C se ríe siempre. Y yo podría no contarlo todo, porque cada vez estoy más convencida de que la verdad es silenciosa, hierve a mi alrededor sin hacer ningún ruido pero está ahí, a dos pasos de mis tribulaciones que, como un antifaz, se empeñan en velar el mar.

Acabo el zumo y me voy a dormir. Por la noche ceno con Vituperio en un bar de Chueca. Que nada se detenga.

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Un votito, vale?
28/10/2005 12:51 #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 4 comentarios.

22/10/2005

A partir de La Vida Secreta de las Palabras

20051022222053-tim.JPG

Mi amiga G, poeta cada vez de más éxito, asistió ayer por la noche al estreno de La vida secreta de las palabras y hoy me ha escrito un correo para contarme que, durante la fiesta posterior a la película, bailó con Tim Robins, ese hombre. Mi amiga G siempre hace cosas y conoce a gente que me hubiera gustado hacer y conocer a mí, sin embargo -extraño- nunca consigue despertar mi envidia.

Ayer, mientras G le hablaba de sus versos a Isabel Coixet, yo cogí la línea nueve, violeta, y llegué hasta la última parada acompañada únicamente por el final de Kitchen. Cuando salí en Herrera Oria la noche había caído por completo y hacía frío, no había demasiada gente y los bloques de edificios, altos e iguales, crecían a un lado de la carretera. Al otro, la zona residencial se intuía oscura, oliendo a un verde húmedo por culpa de los restos de lluvia. No sentí miedo. He recorrido ese trayecto muy a menudo. Cuando trabajaba en Repsol como teleoperadora en catalán, lo hacía todos los días; un paseo de unos quince minutos en el que siempre acababa fascinada por los colores de las hojas que se arremolinaban junto a las aceras. Una vez nevó. Entonces vi las hojas moradas, como de col lombarda, empapadas sobre la nieve blanca y sucia.

En mi ex empleo me encuentro con Leo y Leticia, que cubren solos las dos horas del turno de noche, de ocho a diez. Leo, un uruguayo recién llegado a los cincuenta, acaba de salir ileso de un accidente de avión que le retuvo en Caracas tres días más de los que había previsto al planear sus vacaciones; Leticia está mal porque se ha enamorado en secreto de un compañero que acaba de dejar el trabajo esa misma tarde. Al saludarme, le brillan los ojos. Leo se ríe y, en la plataforma desierta, me cuenta el accidente con pelos y señales. Consigue que Leticia se ría también. Yo les hablo de Pequeño friki y no dudan en tacharme de caso perdido.

A las diez nos vamos a tomar una cerveza y a las once y media Leticia me acerca a Avenida de América en su Seat Ibiza de segunda mano. Normalmente me deja en el metro y sigue su camino, pero hoy no tiene ganas de llegar a casa y decide conducir hasta mi portal. Cogemos la Castellana en dirección a Colón con el CD de grandes éxitos de Alejandro Sanz en marcha. Al otro lado de la ventanilla, contra un cielo nublado, se recorta una de las zonas de oficinas más importantes de la ciudad... Allí donde el Windsor ha desaparecido, avanzamos hablando bajito y explotando la confianza que hay entre nosotras, favorecida por el espacio cerrado del coche. Compartimos nuestras tristezas corrientes y -absurdo cuanto más, lo reconozco- nos consolamos comentando lo bonita que está Madrid inmersa en su noche azul, rasgada por letreros de neon, semáforos en rojo y una llovizna que parece congelarse al pasar por delante de los faros de los coches y las ventanas encendidas.

Aún no he visto La vida secreta de las palabras, pero me parece un título interesante. Supongo que a estas horas Tim ya estará en los brazos de Susan, después de su baile con G en el vestíbulo de algún cine de la Gran Vía. Yo vuelvo a estar delante del ordenador, como siempre en la parra, y me pregunto si realmente las palabras me esconden algo. Para mí son como una droga. Calman mi ánimo.



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22/10/2005 22:21 #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 1 comentario.

17/10/2005

Los cien nombres de Alá

barco.JPGNo avanzo en el relato. Eso está mal. Se supone que son mis cuentos los que van a sacarme de la miseria, a librarme definitivamente de cargar con el adjetivo “mantenida” a mis espaldas que mañana cumplen 28 años. ¡Socorro! La responsabilidad del paso del tiempo cae sobre mí de repente, mientras agonizan mis 27. ¿Se nota que me he quedado sola, no? Después de haber compartido mis 48 metros cuadrados de vivienda con cuatro personas durante 72 horas, vuelvo a pensar mucho en cosas sin importancia ahora que los tengo sólo para mí.

Tonins me abandonó está mañana. Su autobús salía a las 8 de Avenida de América. Se ha marchado a Santander para continuar trabajando en el análisis funcional no arquimediano. En Chile lo hacía “en grado infinito”; aquí lo hará “en grado uno”. Cristina y el profesor Wim, una eminencia holandesa en la materia, lo están esperando en la universidad de semjante provincia. No entendí nada de lo que me explicó ayer delante de un par de Kebabs en Santo Domingo, pero sus objetivos me parecieron tan serios, tan necesarios para la humanidad en comparación con mis tribulaciones sobre Pequeño friki, que consideré más que justificado el que tuviera que dejarme.

Era el último huésped que me quedaba. Me despertó cuando ya tenía las maletas en la puerta y me dio un par de besos de los que no me enteré mucho porque estaba medio dormida. Con su marcha, el fin de semana ha quedado reducido a una estela cada vez más fina. Adiós a Ana Mari, a M. Y a Marti, que habrán pasado esta mañana ya en Valencia, probablemente juntas en la biblioteca del barrio, hojeando catálogos de ropa y tomando cafés en el bar de la esquina; adiós a la madrugada perdida en La Galería bailando canciones no demasiado recomendables y viendo como S jugaba al futbolín... adiós al avestruz de Usera y a la cena en Palermo Viejo... adiós a las profundas y sensatas reflexiones de T&T en el único local de Malasaña donde se molestaron en montar una mesa para nueve sobre la inconveniencia de permanecer cerca de los electrodomésticos... uhmm... igual que entraron, todos han vuelto a salir de un salto de mi rutina. Únicamente me quedo yo, que no puedo escapar. Sólo a mí me corresponde soportar a perpetuidad mis chorradas en torno a Pequeño friki y el agujero negro que es la librería.

Alá tiene cien nombres de los que se desconoce uno; Pequeño friki tiene por lo menos 200 y en este blog nos los sabemos todos. Como si se tratara de una atracción turística, a lo largo del fin de semana uno a uno mis invitados fueron pasando con disimulo por nuestro lugar de trabajo para ver en vivo y en directo a Pequeño friki y a continuación buscarme para dar su opinión. Ajeno a su capacidad de convocatoria, similar a la de Copito de Nieve en su época dorada, Pequeño friki se dejó contemplar cual fiera salvaje, feliz en su habitat: revolcándose por el suelo mientras colocaba libros, rascándose la perilla... en fin, desplegando todo su atractivo. Lo curioso es que a nadie le pareció "tan feo" como honestamente me parece a mí. Eso sí, cada uno se refirió a él de una manera distinta: Frikins, Frikis, Frikito, minifriki, frikiman... little friki... qué lejos está de haberse convertido en alguien tan observado. ¿Quién se lo iba a decir?

La historia tiene gracia, pero también encierra cierta tristeza, una melancolía que sale a flote cuando desde esta tarde pienso en que, a la vez que transcurren los segundos para mí, inmortalizados con las yemas de mis dedos sobre el teclado, a la vez avanzan imparables las vidas de mis amigos en otras ciudades o a algunas calles de distancia... empieza a anochecer antes y caen sobre nosotros un montón de acontecimientos simultáneos e incomunicables con exactitud. Nadie ve a Pequeño friki como yo lo veo, relacionado por un hilo invisible con el análisis funcional no arquimediano y un montón de nombres de vinos argentinos. Y es que lo que nos pasa no se puede contar. Confiar en lo contrario resulta ingenuo.

Todos saltan de nuestro barco menos nosotros. Vuelven al suyo.

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17/10/2005 21:09 #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 4 comentarios.

14/10/2005

Ana Mari, Tonins y el cumpleaños ecuménico

tarta.JPG12.35 de la mañana. Llueve. Madrid tiene el color del cemento y no porque yo esté más o menos animada, sino porque el otoño ya está aquí y con él la ciudad se vuelve borrosa, tan impenetrable como poco sólida; parece de acuarela, el escenario de la viñeta en blanco y negro de un cómic. Transcurre lenta. Sin embargo, paralela a su lentidud, en el interior de mi bajo escasamente iluminado, la animación se impone cruel sobre todas nuestras tristezas.

Ayer por la noche me despedí de Pequeño friki a la salida del metro y, para variar, el último intercambio de frases graciosillas con él cayó a plomo en mi estómago con la tensión de una bomba de relojería. Llegué a casa y no había nadie. Cuestión de minutos. Me acababa de poner el pijama cuando se abrió la puerta y aparecieron Ana Mari, Marti y S. Venían de Ikea, el nuevo motor de Alcorcón, más felices que lombrices. Todas habían comprado algo: unas perchas de colores; un florero de cristal con su correspondiente cargamento de flores secas; cajas desmontables para encima de los armarios y cinco marcos con sus correspondientes láminas lánguidas y combinables.

Me muerdo las uñas otra vez.

Encargamos una pizza por teléfono y nos disponemos a ver la final de OT. Gran plan. Bebemos cerveza y Coca Cola; comemos papas. Nos reímos. En los intermedios desarrollamos conversaciones absurdas. La que se lleva la palma es una sobre las ciudades sin canción. Madrid, México, Valencia, Sevilla, Roma... tienen canción. ¿Por qué Badajoz no la tiene? ¿Por qué Soria tampoco? O, lo que es peor, ¿por qué si la tienen no la conocemos? Todas las ciudades deberían tener una canción con la que presentarse al mundo. Eso es lo que concluimos.

Ana Mari y Marti llegaron el miércoles desde Valencia. Hoy, desde Valencia también, llegará M. Y a las seis, desde Chile, llegará Tonins, un ex erasmus amigo de mi hermana que aparece de forma intermitente en nuestras vidas. Mañana celebraremos todos juntos mi cumpleaños; el de N, que es argentina; y el de T, que es alemán. Para ello contaremos con la presencia de K y su marido, que hace un par de años cambiaron Perú por Madrid. Espero que mis inevitables 28 años se vean bendecidos por esta especie de festejo ecuménico que se aproxima. Me lo merezco.

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¿Un voto cumpleañero?
14/10/2005 13:04 #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 2 comentarios.

08/10/2005

Gripe

A las 9.45 de la mañana llamo al trabajo y Reponeitor me coge el teléfono. Es la primera persona con la que hablo hoy. Desde la cama, rodeada de papel higiénico y al borde de la asfixia por culpa de la congestión, le digo que no voy a ir. Estoy mala. Reponeitor es amable, me da ánimos, me dice que me cuide, y cuando le cuelgo siento que mi simpatía por él aumenta. Le visualizó solo en la cuarta planta, perdido en una maraña de roles cargados de libros, con el chaleco puesto y cierta desidia intrínseca, esperando sin ganas a mis compañeros, que no le toman demasiado en serio.

Es un hecho: tengo gripe. Estoy infectada por un virus que induce sin duda a la depresión. Llego hasta el baño con la energia de un alma en pena y encuentro una cucarachita minúscula, marrón, recorriendo veloz el borde de la pila. Pienso en matarla, cuestión de una fracción de segundo, sin embargo al final le permito escapar. Es muy pequeña.

Salgo a la calle en busca de un justificante médico y lo veo todo gris, como si la realidad sólo estuviera medio encendida. Aún no son las once cuando en el consultorio con luz de nevera de Doctor Esquerdo, después de darle mis datos a un celador tipo, espero mi turno. Voy detrás de una mujer demacrada, que se apoya lánguida en el hombro de su marido y se levanta un par de veces al baño para vomitar de una forma nada discreta. Los demás escuchamos sus arcadas sentados en las sillas de plástico, mirando al suelo, consultando el móvil, franca e incomprensiblemente incómodos. Está tan mal que la chica que va delante de ella le cede el turno. Me llama mi madre.

El médico que me atiende es canario y me receta un montón de pastillas. Gasto en farmacia: 15 euros; gasto en media docena de cruasans y una napolitana de jamón york y queso: 2,65 euros. No he perdido el apetito. P&C me mandan un sms deseándome que mejore; de Pequeño friki no sé nada. Coti suena sin cesar, acompañante principal de mis horas en vela. Mañana será otro día.

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¿Votito?
08/10/2005 20:19 #. Tema: Viviendo en Madrid No hay comentarios. Comentar.

07/10/2005

Diez cosas pendientes

cosas pendientes.JPG1. La compra en el Champion.
2. Enviar un sms a todos los que se vayan a ver afectados colateralmente por mi gripe.
3. Poner una lavadora de ropa.
4. Terminar El beso de la mujer araña de una vez.
5. Poner una lavadora de sábanas.
6. Limpiar el baño.
7. Acabar el dichoso reportaje de Literatura japonesa.
8. Tratar de animarse.
9. Barrer y fregar el suelo.
10. Dejar de escuchar música que incite a la autocompasión.

Mi casa me espera mientras yo deambulo por ahí, saliendo con unos y con otros, con la sensación de haber perdido algo, pero la sola lectura de la lista me entristece. De manera que, cuando entro por la puerta, cansada de colocar libros y "atender al cliente", las únicas fuerzas que me quedan son para tirarme en la butaca y mirar al techo, a ver qué me dice. Desgraciadamente los techos no hablan. Lo que yo necesito es un oráculo que me garantice un futuro de éxito y sexo... sin embargo en casa no tengo ninguno y estoy demasiado cansada para irme a Delfos a buscarlo.

Ayer B me mandó un mensaje para contarme que mi ex compañero Ñ ha descubierto el blog y lo ha incluido en la lista de enlaces de su revista literaria. Al principio me alegré; luego empecé a pensar que en poco tiempo el resto de mis colegas de trabajo leerán estos post de intenciones dudosas... Pequeño friki me descubrirá... Hoy quería escribir sobre Reponeitor y las monjas. A Reponeitor le falta un diente. Antes escribir eso no implicaba ningún riesgo; ahora si Reponeitor entra en la página tal vez se tome a mal mi descripción.

Me temo que voy a empezar a herir sensibilidades a destajo. No queda más remedio.

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¿Un voto miserable?
07/10/2005 20:55 #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 3 comentarios.

02/10/2005

No quedan días de verano

amaral.JPGEn ausencia de Chus, el showman de Pozuelo, La Galería no acaba de arrancar. Para colmo, Josephus no me pone La sopa fría y el Valencia pierde 2-1 contra el Getafe. Menos mal que mi vendedor de música pirata particular, un senegalés probablemente ilegal, aparece en el bar con los Pájaros en la cabeza de Amaral. Lo compro por tres euros y me digo que no todo está perdido. Aún así, cuando S y yo emprendemos el regreso a nuestros respectivos hogares, no encontramos taxi. Después de esperar media hora, ella coge el búho y yo me vuelvo andando por la calle Alcalá, muerta de frío, con los riñones al borde de la congelación. Llego a casa a las cuatro menos cuarto de la madrugada. Me levanto a la una. Una noche más, no demasiado trágica para sorpresa de S, convencida de que iba a tener que levantarme el ánimo y recoger mis lágrimas.

Y es que sigo sin llorar. Ahora mismo, para variar, tengo un tazón de café con leche a mi izquierda y música ambiente. Escucho No quedan días de verano y pienso que es verdad. El verano se ha ido y con él he terminado una historia. Eso es mejor que nada. Lo hablo el sábado por la tarde con el 50 por ciento de T&T mientras esperamos que el semáforo de Colón se ponga verde para llegar a Goya. Hace calor y T me hace reír cada vez que pronuncia "Pequeño friki" con acento alemán. Hay chavales delante de los edificios de oficinas intentando bailar break dance y haciendo Skate. A T le gusta el Skate, no lo sabía. A cambio de semejante revelación, me pregunta si fumo. Ocasionalmente lo hago, lo que me convierte, supongo, en una especie de bohemia solitaria y tópica, con la casa llena de polvo, el pelo sin lavar y la expresión cincelada a golpe de vicios perseguidos por Mercedes Milá... ¿Sí?

No. Quiero ser dura, pero estoy sufriendo. A lo mejor no lloro, pero escribo más y me conmuevo con la ciudad, que me habla y resurge como una amiga incombustible para hacerme ver que sigue aquí, fiel, a pesar de que a mí se me olvide cuando me pierdo en aventurillas adolescentes.

Ayer por la noche, en el cruce de Príncipe de Vergara -desierto ya tan tarde- se me ocurrió que Madrid no va a dejarme y me acordé de C. Cuando salía con él, a menudo dormíamos juntos en el piso que él compartía en Embajadores. Era un séptimo, y desde su habitación, una ventana minúscula dejaba participar en nuestras noches de sexo a las azoteas del casco antiguo. Con Pequeño friki no ha sido así. A mi bajo interior no llegan los tejados ni las antenas, sólo el mate de un patio de luces minúsculo en el que retumba la actividad de mis vecinos. Nos hemos querido a ciegas, como topos; utilizando el lenguaje parco de los inexpertos y los refugiados de guerra... elecciones demoledoras para un amor de verano. El mío.

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¿Votas?
02/10/2005 14:09 #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 3 comentarios.

11/09/2005

La prima María José

La prima María José es ecuménica; es una prima universal, la prima del pueblo, que llegó el jueves desde Valencia para visitarme y en apenas 48 horas se puso al corriente de todos los altibajos de mi vida. La prima María José es la eterna excusa para cancelar las citas con el poeta A, una desconocida para el portero de mi respetable edificio barriosalamanqués y un bienvenido inconveniente a la hora de asistir a la cena con mis compañeros de la librería.

Me hacia falta. Pasear con ella por la calle Goya en dirección a la Plaza de Colón me sirvió para resucitar la ciudad. No dejaba de repetir "Cómo me gusta Madrid". Lo dijo en el Paseo del Prado, delante de La Cibeles y por la Calle de Alcalá, también delante de los paisajes de Corot, mientras transcurría la mañana de un viernes prematuramente otoñal, con sol y un poco de fresquito.

Por la noche, japonés carísimo en Ayala y Galería, donde la prima María José bautizó a José como Josephus y una tercera amiga se dio una alegría para el cuerpo... porque esa es otra de las cosas que invariablemente llegan con las visitas de la Prima María José: la aparición de hombres medianamente interesantes en nuestras vidas. Por desgracia, esta vez no fue en la mía... en mi cabeza continua la batalla por deshauciar a Pequeño friki, que se ha convertido en un inquilino que no paga pero tampoco desaloja... tiempo al tiempo.

El sábado a mediodía nos despedimos en Sol. La dejo en el andén de Atocha con la promesa de que volverá pronto... nos conocemos desde que teníamos tres años. Compartimos colegio, amigas y años de adolescencia, primeros y últimos novios, familia... cuando salgo a la calle del Carmen camino del trabajo me siento sola otra vez, cansada, con ganas de irme a dormir. Sin embargo aún me queda el cumpleaños de Vitu y un par de cervezas en el Mareas Vivas. Aguanto hasta poco antes de las once y me vuelvo a casa sola, sin esperar a Pequeño friki. Madrid de noche también me conoce.

Escucho a Bebe.

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11/09/2005 12:06 #. Tema: Viviendo en Madrid No hay comentarios. Comentar.

07/09/2005

Rabia

Ayer por la noche llegué a casa presa de la Rabia. Cuando metí la llave en la cerradura y, al abrir la puerta, me encontré con mi imagen dentro del espejo del recibidor, lo más parecido a mí era una olla exprés a punto de estallar, con todo el vapor a presión, pidiendo a gritos que me "destaparan" para que saliera. Lloraba, sin embargo no porque algo me doliera, sino porque algo necesitaba salir fuera de mí para no reventar. Afortunadamente pude hablar con alguien. De lo contrario, es muy posible que hubiera acabado estampando 2666 contra el espejo provocador o rompiendo el cristal de cualquier ventana con una silla.

Ayer descubrí que la Rabia no entiende ni de libritos ni de canciones. El Arte como paliativo no es lo suyo. Los objetos inanimados no sirven como antídoto a no ser que se esté dispuesto a asumir daños colaterales en un futuro próximo, cuando la Rabia haya pasado dejando a su paso un rastro de destrucción.

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07/09/2005 09:47 #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 4 comentarios.

05/09/2005

Septiembre en La Galería

ingrid.JPGSeptiembre es un mes de resurrección para Madrid. Parece que acabe de despertarse de un sueño que creía definitivo y esté de fiesta. Lo compruebo el sábado, cuando me encuentro con S para volver a nuestras incursiones mano a mano en los restaurantes y locales del centro. La noche empieza bien: S me da una idea para el último cuento que reaviva mi ilusión. Conversando con ella avanzo tanto en la trama y en el perfil de los personajes, que salgo contenta de la cena en el Pakistani de Santo Domingo a pesar de la clavada que supone la cuenta.

La siguiente parada es en La Galería (Calle del Prado, 13), ese lugar donde José, el dueño, se interesa por nuestras vacaciones, nos recibe con mi canción favorita, La sopa fría, y nos invita a chupitos de crema catalana. Perfecto. La Galería me sirve para ratificar mi teoría sobre las similitudes entre Madrid y Albacete: siempre la misma gente.

Le cuento a S que, durante la semana, he coincidido en tres ocasiones con Ingrid Rubio: la primera fue en la librería, donde me preguntó por un libro de Gide que no teníamos; la segunda, en el metro, cuando me dirigía a casa de Vituperio; y la tercera, en la tele: haciendo zapping di con ella en un reportaje de Miradas acerca del próximo estreno de la película sobre Salvador Puig Antic. No importa la extensión de la ciudad, a veces pienso que nuestros recorridos son como circuitos cerrados, donde cada ausencia y cada encuentro están prescritos.

En La Galería nos reencontramos con Chus una vez más; ese ser. La clase de personaje que se engomina el pelo y se pone una camiseta con los colores de la selección brasileña para acudir al Carnaval de Carlinhos Brown... se sabe guapo, es el alma de la fiesta; conocido de prácticamente todos los parroquianos del bar (incluidas nosotras, que una noche tuvimos con él y uno de sus amigos una especie de acercamiento surreal).

Chus... su presencia dinámica me reconforta. Ha vuelto con septiembre tan guapo y sonriente, tan de Pozuelo de Alarcón, como le dejamos en julio... empieza el curso, chicos. A ver si el otoño nos trae suerte.

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¿Me votas? Concurso 20Blogs del 20 Minutos
05/09/2005 13:02 #. Tema: Viviendo en Madrid No hay comentarios. Comentar.

14/08/2005

Iglesia de la Cienciología

cienciologia.JPGLa Iglesia de la Cienciología tiene relaciones públicas que se confunden con los contratados por los bares de Huertas para atraer gente a su local. Ayer, a la una y media de la noche, me despedí de S para volver a casa. Habíamos estado tomando una copa en La Ofrenda (C/ Infante, 3), escuchando música de los 80 y macerando mi ansia de sexo con Pequeño friki, que se ha ido cuatro días a Barcelona y me ha dejado con un abrazo a la salida del metro que supo a poco. Ya volverá.

S se fue hacia la Latina; yo me recorrí la calle del Prado en dirección a las Cortes con la intención de coger un taxi. Al final de la calle, anunciada por una banderola cuya longitud equivale prácticamente a la altura del edificio en el que se ubica, la Iglesia de la Cienciología no esconde nada y deja ver sus instalaciones a través de unos ventanales inmensos que llegan al suelo. Para mi sorpresa, estaba abierta. Tres o cuatro hombres jóvenes, peinadísimos y sonrientes, vestidos con pantalón oscuro y camisa marrón, pululaban entre los grupos de gente que, en su trayecto de garito a garito, pasaban por delante de la sede. Les invitaban a entrar.

Increíble, me fijé en el interior y vi a un par de crías con minifalda y zapatos de punta muertas de la risa, paseándose por el vestíbulo iluminadísimo, detrás de uno de esos seres neutros, dedicado a informar de las virtudes y ventajas de ser ¿cienciólogo?... las chicas sin duda se habían tomado dos o tres cubatas y la Cienciología había hecho acto de presencia en su vida cuando se dirigían a tomar el cuarto. Visto así, palió su sed de alcohol, aunque quizás la visita incluía copa gratis...

A mí ni se me acercaron. ¿Por qué nadie intenta captarme? ¿Acaso ya no tengo pinta de adolescente o, en general, de perdida de la vida? ¿Acaso no necesito que me orienten? ¿No soy interesante, en definitiva? Estuve a punto de "exigir" la visita guiada, pero me contuve. Ellos se lo pierden.

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Vótame. Concurso 20Blogs del 20 Minutos.
14/08/2005 11:15 #. Tema: Viviendo en Madrid No hay comentarios. Comentar.

01/08/2005

El plátano que cayó del cielo

platano.JPGTodo es posible. El domingo por la tarde -no serían más de las cuatro y media- mi hermana, S, V y yo volvíamos a casa paseando, después de comernos un Kebab rematado con un "heladito" de dos sabores en el Giangrossi de Velázquez con Hermosilla, cuando asistimos a la sucesión de los siguientes y extraordinarios acontecimientos:

1. Misteriosamente nos invadió la necesidad imperiosa de canturrear "nada, nada de esto, nada de esto fue un error"; y así lo hicimos: a voz en grito y con el correspondiente baile absurdo y descoordinado de turno.

2. A la altura de Hermosilla con Príncipe de Vergara, con una temperatura que rondaba los 35 grados,¡atención!, cual rayo de San Pablo, una monda de plátano me cayó del cielo. Sin duda fue una señal. La piel viscosa de la fruta que más odio se estampó contra el suelo no sin antes rozar mi empeine izquierdo, desprotegido por culpa de la escueta sandalia que llevaba puesta.

3. Treinta segundos después, en un cruce solitario, nos encontramos con Eduardo Mendicutti, que llevaba gafas de sol.

Tal vez la providencia puso a Mendicutti (teruliano de María Teresa Campos y, por lo tanto, intelectual) en mi camino para que le interrogara acerca del significado cósmico del ataque platanil, pero por desgracia no le reconocimos. Sólo mi hermana le identificó como "alguien famoso del programa de Mari Tere". Yo necesité un par de horas más para dar con su nombre y apellidos. Demasiado tarde.

Próximamente tendré que hablar de Vituperio.

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Un voto al día te da alegría.
01/08/2005 21:13 #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 3 comentarios.

21/07/2005

Tortugas

tortuga.JPGHay tortugas en el jardín de Atocha. He ido a verlas esta tarde con Teresa. Ahora estoy escuchando a Antonio Vega y el recuerdo de las tortugas me pone triste. Son mi animal fetiche. Me identifico con ellas. No sé si eso significará algo. Una vez tuve una Tortuga Leopardo. Se llamaba Alfredo y mi padre le hablaba en Valenciano mientras le daba de comer en su despacho. No sé si Alfredo le entendía, pero lo importante es que él creía que sí.

A Pequeño friki nunca le he mencionado a las tortugas. Todavía es pronto.

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¿Votillo?
21/07/2005 20:26 #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 1 comentario.

17/07/2005

La Vaguada. Sábado idílico

Sábado por la mañana, hora punta. Después de dejarnos la lista de la compra en casa, S y yo dirigimos nuestros pasos hacia el Alcampo de la Vaguada. Cuando entramos en el centro comercial perdemos toda particularidad, pasamos automática e inevitablemente a formar parte de la marea humana que, como sebo, lubrica escaleras mecánicas, tiendas y galerías. Conseguimos un poco de aire acondicionado a cambio de renunciar a toda diferencia.

En el hipermercado la gente llena con ansia cestas y carros. Por su avidez, se diría que va a estallar una guerra y se avecina la falta de alimentos. Nosotras compramos con calma: dos aguacates, un paquete de langostinos pelados y cocidos, vino blanco, cuscús... no más de lo necesario para la cena étnica que tenemos en mente. S sabe dónde está cada cosa, así que terminamos deprisa y, ya en las cajas, elegimos una cola. Allí se produce la tragedia.

Delante de nosotras, con una cesta roja repleta de víveres, un hombre cuarentón en bañador espera su turno. Al principio no le prestamos atención, pero eso cambia cuando, de pronto, quién sabe si víctima de una alucinación transitoria que le hace pensar que se encuentra en el sofá de su casa, el ser en cuestíón empieza a rascarse sus partes con presteza y brío. Más feliz que una lombriz, sin importarle la reacción de los que le rodean. Si cierro los ojos vuelvo a verlo: rasca que te rasca... un poco más y se mete la mano por el camal.

Nuestra primera reacción es de asombro. Nos reímos. A los pocos minutos, mientras saca de su cartera un billete de 20 euros para pagar (con la misma mano con la que segundos antes se frotaba sus huevitos), empezamos a hacer un repaso de los chicos que conocemos y concluimos que el 99 por ciento de ellos debe hacer lo mismo.

Patético.

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Votito
17/07/2005 19:54 #. Tema: Viviendo en Madrid No hay comentarios. Comentar.

15/07/2005

Sexo en Nueva York

sexo en ny.JPGPequeño friki me recomienda "Sexo en Nueva York". No es el primero que lo hace. Desde que la serie apareció en nuestras vidas, codificada en Canal +, son muchas las veces que me he quedado fuera de alguna conversación por no haber visto ni un solo episodio.

Por fin ayer sucedió. No lo planifiqué, lo prometo; no me puse a buscar su hora de emisión como una histérica con la intención de tener algo de que hablar con Pequeño friki. Fue el fluir surreal de mi libre albedrío lo que me llevo hasta ella. Pasada la una de la madrugada, después de memorizar los nombres de las nominadas de OT (Idaira y Trizia) y ver unos minutitos de la Apocalipsis de Crónicas Marcianas, llegué hasta Antena 3 por casualidad y me encontré con Sara Jessica Parker transmutada en Carrie, una columnista que escribe sus artículos a costa de las vidas privadas de sus amiguitas salidas y de la suya propia. O sea, no muy diferente de mí, ¿o sí?

Las comparaciones son odiosas pero ineludibles. Allá vamos:
* Sexo en Nueva York; sexo en Madrid (yo no lo veo por ninguna parte).

* Carrie es autosuficiente gracias a su columna; yo trabajo de librera y no llego a fin de mes.

* Pone un pie en la calle y se encuentra con un hombre atractivo; me meto en el metro y, como mucho, me encuentro con Pequeño friki.

* Cuando se deprime se compra unos Manolos; yo me muerdo las uñas corroida por el remordimiento al comprarme una falda de 9 euros.

* Su ex le sigue gustando aunque pasa de los 40 años; ¡vaya por Dios!

Definitivamente, el Sexo en Madrid, desde mi humilde perspectiva, no se parece mucho al Sexo en Nueva York, e incluso es posible que el Sexo en Nueva York no se parezca mucho tampoco a "Sexo en Nueva York". Menos mal que Ana Obregón amenaza con protagonizar la versión española de la serie. Me quedo mucho más tranquila... será como mirarme al espejo. Seguro.

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Deja tu votito
15/07/2005 10:59 #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 2 comentarios.

12/07/2005

Lo contrario

ultima primavera.JPGHace un par de semanas fui a ver "La última primavera" con A; una película que, entre muchas otras cosas, profundiza en el comportamiento de las mujeres. Cuando salimos del cine, A me llevó a casa y, ya en la puerta, me preguntó cómo pensamos nosotras. En concreto dijo: ¿Cómo piensas tú y cómo actuas? Quería descubrir cuál era el puente entre lo que me pasa por la cabeza y la acción inmediata. Paradójicamente le dije la verdad: con frecuencia hago o digo lo contrario de lo que quiero.

No creo que mi actitud sea extrapolable al resto de la población femenina, pero sí a un porcentaje elevado. Así nos va...
12/07/2005 12:10 #. Tema: Viviendo en Madrid No hay comentarios. Comentar.

11/07/2005

Quart de Poblet

El sábado por la noche dirigí mis pasos hasta el piso de un amigo que daba una fiesta para celebrar la llegada del Verano. A sólo un par de calles de distancia, inserta en el barrio de Salamanca, en casa de G no conocía a nadie excepto al anfitrión.

Estaba sentada en el suelo de la salita, sobre un almohadon estampado de lunas y estrellas, con un vaso de vino en la mano izquierda y otro de horchata en la derecha (surreal, ya lo sé), cuando una mujer de unos 50 años, camisa grande a rayas y rostro lleno de pliegues, se sentó en el almohadon de al lado. Era argentina, habitante de la Sierra y desprendía una afabilidad cálida.

Empezamos a hablar. Saltamos de banalidad en banalidad y acabamos remitiéndonos a nuestros lugares de origen. Me recomendó Buenos Aires, por supuesto; y yo le hablé de Valencia. Entonces se dejó ver una conjunción cósmica de consecuencias insospechadas: uno de sus lugares favoritos del mundo, me explicó, era un pueblo valenciano llamado Quart de Poblet.

Mi padre nació en Quart de Poblet, una localidad cercana al Aeropuerto de Manises, al lado de Mislata. Yo viví allí cuando era muy pequeña. Después me hice mayor para acabar hablando del pueblo con una argentina, una noche agradable del mes julio, en Madrid.

Es difícil no tener nada en común con el otro y, aunque podemos pasarnos toda la vida intentando dar con ello, otras veces sale a flote solo, en medio de una conversación carente de objetivo. El caso es que, lo sepamos o no, deberíamos tener en cuenta al relacionarnos que esos lazos a menudo invisibles están ahí.

Lo pienso mientras vuelvo a casa a las tres de la madrugada, después de dar por terminada la fiesta. Cruzo Ortega y Gasset en rojo, no pasa ningun coche, y recorro el tramo de Conde de Peñalver que me separa del portal.

Noche interesante.

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Vota este blog para los premios 20 Minutos.
11/07/2005 12:37 #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 2 comentarios.

05/07/2005

Villa de París

Menos de 24 horas para saber si nos traemos las Olimpiadas a casa. Sabiendo que Gallardón, Raúl, Pau Gasol, Santana, etc., etc., se hallan fuera del país me siento desamparada. Ansío que vuelvan, el sentimiento preolímpico consigue que los vea como de la familia... ¿Y si perdemos?... hasta puede suceder que gane Moscú, ciudad que tal vez ni siquiera ha mandado representación (esto permitiría que Gallardón subiera igualmente al escenario como encargado de recoger el premio... pobrecillo). Pero, bueno, a mí los Juegos Olímpicos me dan igual, a pesar de que mañana me dejaré sugestionar por la alegría colectiva si ganamos.

Ayer estuve con Diego en la Plaza Villa de París, enmarcada entre la Calle Genova, el paseo de Recoletos y Alonso Martínez. La Plaza tiene un aparcamiento que lleva su nombre. Se llega a él por unas escaleritas tipo entrada al metro sobre las que un cartel anuncia: "Entrada Villa de París". Me pareció curioso. Imaginé por un momento que bajando una veintena de peldaños podía aparecer en otra ciudad. La gente salía y entraba del garaje y yo pensaba que regresaban o se dirigían a Francia. ¡Qué extraño! La plaza está en pleno centro y sin embargo es muy tranquila. Todavía no se había hecho de noche y, en un banco cerca del nuestro, una pareja de ancianos se dedicaba a lo mismo que Diego y yo, a no hacer nada. Ella tenía al lado una silla de ruedas y parecía ausente. Él estaba triste.

Mientras, vivo inmersa en mi cruzada personal: el concurso de blogs de 20 minutos. Estaría bien que me dierais un votito.
05/07/2005 21:07 #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 1 comentario.

03/07/2005

Chueca city

chueca.JPGTengo prisa: se me ha estropeado la lavadora y he quedado para comer fideuà en casa de una amiga valenciana que también vive en Madrid; para colmo tengo resaca y un montón de ropa mojada por enjuagar en el plato de la ducha... estupenda mañana de domingo. No se puede pedir más. Sin embargo es la noche de ayer la que me perturba.

He llegado a la conclusión de que todos llevamos un dominguero dentro, de lo contrario soy incapaz de explicarme qué hacia ayer, entre la una y las dos de la madrugada, viendo como mi compañero de trabajo liaba un porro en la calle San Marcos, al lado de la plaza de Chueca, formando parte de una especie de embutido humano hecho de Dracs, chinos empeñados en vendernos tallarines y cubalitros de calimocho, gays con el torso sudado y descubierto, y heteros "guays", comprometidos con la causa del matrimonio y la adopción. La consigna para futuras situaciones similares será la siguiente: Huir.

Noche rara.
03/07/2005 13:37 #. Tema: Viviendo en Madrid No hay comentarios. Comentar.

30/06/2005

Un señor barrigudo

¿La gente no se marcha de vacaciones? Pues no. Si me tengo que guiar por el flujo de visitantes que cada tarde desborda la librería, puedo concluir que, muy lejos de estar a finales de junio, aún vamos por febrero.

Esta semana trabajo de tres a nueve y el paréntesis de 18.00 a 20.30 es mortal. Ayer me convertí en la víctima del señor barrigudo, un ser con indumentaría playera -bermudas azul marino y camiseta blanca, manchada de marrón-, voz de carajillero, halitosis y acento andaluz. Fascinante. El señor barrigudo eligió dos libros de la sección de Ciencias Humanas (yo creo que al azar y, por supuesto, sin ninguna intención de comprarlos) y empezó a perseguirme con uno en cada mano preguntándome a gritos cuál de ellos me parecía mejor.

Antes de venir a por mí, había llevado a cabo la misma operación de acoso con todos mis compañeros, más veteranos que yo y entrenados para eludir a personajes como el señor barrigudo. Sin detenerse ni un segundo, hablando en marcha, le contestaban: "ese es mejor"; y, ¡puf!, echaban a correr para desaparecer entre la multitud, como si nunca hubieran existido. Pero yo no pude. Me cazó en uno de los ordenadores y tuve que resolver su duda existencial fingiendo que me importaba aunque fuera un poquito. Había que decidir entre una biografía de bolsillo de los Borbones y un ensayo sobre los abusos de EE.UU en Guantánamo. Le dije: "Mejor el de EE.UU"; y el formuló la pregunta terrible: "¿Por qué?"

- Yo creo que será más interesante.
- ¿Por qué?
- Es más actual.
- ¿Por qué?

¡Rediós! ¡¿Cómo que por qué?! Mis compañeros me explicaron más tarde que todos los señores barrigudos sufren una regresión a la primera infancia que les lleva a interesarse con insistencia por el porqué de las cosas, por eso si ves que alguno se te acerca es mejor huir. Me invitaron a una caña y se me pasó un poco la paranoia, aunque me diijeron que probablemente, en los próximos días, tendré alguna pesadilla.
30/06/2005 13:04 #. Tema: Viviendo en Madrid No hay comentarios. Comentar.

29/06/2005

Plazas

plaza madrid.JPGTengo un amigo que me prohibe sacar a la conversación el tema de la Felicidad. Dice que se me pone cara de idiota, porque cuando hablamos sobre ella tiendo a considerarme una persona feliz. "¡No digas eso!, se pensarán que eres tonta"; me recomienda A. Probablemente tenga razón, pero qué vamos a hacerle.

Mi felicidad, es cierto, alcanza cotas insospechadas gracias a circunstancias en apariencia bastante bobas. Las plazas son un ejemplo. Me gustan las plazas de Madrid. No lo puedo evitar. Si una tarde como estas, de verano, quedo con alguien para tomar algo en la mesa de una terraza o en un bar, y da la casualidad de que el local está en una plaza... FELICIDAD al canto. Rara es la vez que no me descubro a mí misma contándole a mi interlocutor lo bonita que está la ciudad y la suerte que tenemos de estar sentados delante de una caña, al sol, cual octogenarios de vuelta de todo... ahora me rio, pero es la verdad.

Ranking de Plazas: La plaza del Carmen, donde me tomé el otro día con M una tónica mientras ella me contaba la historia de "El bajito"; la plaza de Santa Ana, la de San Ildefonso, donde un local cuyo nombre ahora no me viene a la cabeza tiene los cafés a un precio más que decente... y mi favorita, la plaza de los Cubos, con los cines Princesa y un montón de establecimientos de comida basura alrededor. Me gusta sentarme a leer en los escalones de esa plaza mientras espero a alguien o hago cola para entrar a ver alguna película.
29/06/2005 12:26 #. Tema: Viviendo en Madrid No hay comentarios. Comentar.

05/06/2005

Sobre avestruces y argentinos

avestruz.JPGEs un hecho: en Usera hay, al menos, un avestruz. No sabría nombrar el lugar exacto en el que se encuentra, pero lo he visto. Aproximadamente a unos 20 minutos del metro, en una espcie de centro cultural al que acudí ayer con Sonia para ver "Teatra cabaret", una obra puesta en escena por Teatra Teatrae, el grupo amateur de un colega suyo. El avestruz se pasea por la entrada, un poco cansado, como marchito, probablemente harto de preguntarse qué coño hace en un lugar como Usera, tan distinto de su habitat original... no, qué va, lo mejor es que el avestruz no se pregunta nada. Sólo yo me lo pregunto, haciéndome pajas mentales ya no sólo con mis numerosas e ínsipidas tribulaciones, sino también con las suyas.

Nadie lo mira, a nadie le sorprende después de tanto tiempo en el barrio. Se han acostumbrado a él y únicamente los que llegamos a Usera como quien llega a una isla desierta de forma accidental nos sorprendemos con la presencia un tanto surreal del avestruz.

Cuando a las diez emprendemos el regreso, me pregunto si volveré a verlo. Sonia me dice que sí, que siempre volveré a Usera porque nuestra amiga K vive allí y el barrio va a cabar por convertirse en un lugar al que acudir con relativa frecuencia... pero por lo pronto nos vamos. Cenamos en el japonés donde, sin haber reservado mesa, tenemos que conformarnos con asientos en lo que la camarera llama el "sushibar". Después tomamos el enésimo Beefeater con limón, esta vez en el argentino (C/ Garcilaso 5, metro Bilbao), un local donde los argentinos que viven en Madrid se reunen para confirmar que no están solos ni demasiado lejos de casa... reflexiono sobre eso mientras Sonia me deja para ir al baño y concluyo que se sienten un poco como avestruces en Usera. Semejante chorrada me confirma que vuelvo a estar un poco borrachuza.

Ya en casa, me alegro de que la luz del portal siempre esté encendida. A las tres me duermo.
05/06/2005 16:03 #. Tema: Viviendo en Madrid No hay comentarios. Comentar.

31/05/2005

Los carteles de Spielberg y Benedicto

Salgo del metro en Sol a las nueve menos cuarto de la mañana y me encuentro con el cartel que cubre una de las fachadas del centro, Benedicto XVI gigante, consagrando la Ostia, subrayado por una frase que se le atribuye a él mismo: "Dios no quita nada y lo da todo". Pues muy bien.

Avanzo hacia la Fnac con paso rápido y me acuerdo de que, apenas unos metros más lejos, en Callao, otro cartel de dimensiones desproporcionadas cuelga de un edificio cercano al cine Capitol anunciándole al mundo que quedan menos de 30 días para que se estrene "La guerra de los mundos" de Steven Spielberg, ese "peliculón" con Tom C. y Dakota Fanning, mi actriz favorita del momento (esto último lo digo en serio; me gustó en "El escondite" y en "Yo soy Sam").

Pero, actrices favoritas aparte, ¿qué hace la Iglesia promocionándose cual superproducción de Hollywood? La primera vez que vi al Gran benedicto en Sol fue el sábado pasado, mientras volvía a casa en un taxi con Sonia, Natalia y un par de copas en el cuerpo. Recuerdo que entonces pensé que, a veces, hay cosas que consiguen hacernos sentir como extraterrestres en nuestro propio planeta; por ejemplo, esa, colgar un póster tremendo en el corazón de una ciudad para promocionar al Papa... contemplar una imagen semejante me hizo sentir extraña. Aún no me puedo creer que una idea así haya podido salir de una mente humana.
31/05/2005 18:52 #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 4 comentarios.

22/05/2005

Feria del libro

tarde.JPGLa Feria del Libro empieza el próximo 27 de mayo, como siempre, en el Retiro. Y te echo de menos. No quiero contenerme, ni escribir más, porque cada letra resta fuerza a lo que me está aplastando con un peso tremendo, como el de toneladas de metal.

Esta mañana, sola, he terminado otra novela, "El librero Vollard", del francés Pierre Peju; un relato en el que palabras como Vómito, Sangre y Orinar se repiten de una forma sorprendentemente efectiva. He pensado que me estoy volviendo un poco Vollard, con mi nuevo empleo, mi adicción a la literatura y mi tendencia a pasar las horas delante del ordenador, escribiendo o deambulando sonámbula por páginas y páginas de basura; triste.

Ayer N me preguntó por ti mientras cenábamos en Casa Cirilo, y me di cuenta de que ya no te nombro. También hablamos de M, aunque de él nunca hablaremos de verdad, pero eso fue después, en un local de la calle Alcalá donde el camareró insistio en haber leído El Quijote cuando tenía 16 años. Fue también allí donde conocimos a una norteamericana con dos perras, Paca y Alba. Nos contó que estaba casada con un italiano y vivía entre Mallorca y Madrid. Se presentó, aunque ya no recuerdo como se llama.

A las dos nos echaron del bar. Tenían que cerrar. Volví a casa sin sueño y ahora, varias horas más tarde, estoy aquí urgando en la mierda para no llorar; tratando de escribir cosas bonitas a partir de sentimientos podrídos, que apestan y son pasto de las cucarachas. El cursor debería ir hacia atrás. borrar esta a; borrarla.
22/05/2005 20:51 #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 2 comentarios.

13/05/2005

Nada de particular

Me levanto a las once y, después de hacer café y hablar con mi madre, enciendo el ordenador; una enumeración patética. Esta semana no ha pasado nada, aunque ese nada no equivale al vacío universal, sino a la sucesión de acontecimientos rutinarios y sospechosamente poco estimulantes que han llenado mi tiempo, la NORMALIDAD: bromas y visitas en el trabajo, llamada de A, cena con Diego, algo de Buenafuente y mucha lectura (terminada "Una mujer, una casa, una novela", empiezo "Azul casi transparente", de Ryu Murakami, el Welsh oriental).

La realidad no dice nada. Esa es la conclusión más interesante a la que llego. El lunes por la mañana escribo "Paréntesis" (véase post anterior) y lo llevo a la Fnac para que lo lean Helios y Pedro. Es lo primero que les dejo y el martes, cuando nos volvemos a encontrar en el cambio de turno, Helios me dice que no le ha gustado: "No me ha gustado", esa es su declaración literal; a continuación se ríe y empieza a darme un montón de razones bien fundadas por las que el texto le parece pobre, manido, poco original. Y a mí me toca defenderme.

En el "fragor" de la discusión, se me ocurre que el relato es un experimento, una especie de desafío literario (a pretenciosa no me gana nadie), un estudio frío de la realidad. La realidad no habla, es muda, se limita a transcurrir. Lo que hacemos cuando escribimos (o pintamos, o componemos...) es rascar en su superficie hasta sangrarla. No nos basta con su apariencia, que consideramos engañosa, y la trinchamos sin piedad abriéndonos paso por lo que narramos como si se tratara de una selva frondosa e intrasitable. Quizás no debería ser así.

Partamos de la base de que "Paréntesis" es malo. De acuerdo, sin embargo lo salvo por su intención. Es un relato que SÓLO mira, prescinde de explicar.

¿Y si me miro al ombligo? Puedo verme escuchando a Antonio Vega en la penumbra de un viernes por la mañana, después de haber trasnochado por rutina y sin demasiadas cosas que contar. A dice que quienes se reconocen felices o piensan y hablan de alcanzar la felicidad pecan de tontos...

Vuelvo a poner "Cómo hablar".
13/05/2005 12:09 #. Tema: Viviendo en Madrid No hay comentarios. Comentar.

22/04/2005

Fuera de tiempo

No hay relojes ni tampoco ventanas, así no hay posibilidad de controlar el paso de las horas y el cliente pierde la noción del tiempo. Hasta que me lo explicaron ayer, nunca me había dado cuenta.

Las escaleras mecánicas suben y bajan en direcciones opuestas a las del metro y no hay ningún cartel que indique con una flecha como encontrar la salida. Entrar es fácil, salir no. Se pretende que el comprador en potencia recorra el mayor espacio posible y vea más mercancía... la tentación está por todas partes y la gente cae en la trampa y compra sin pensar.

Llevamos aproximadamente cuatro horas de visita formativa por el centro comercial, con la espalda hecha polvo y dolor en las piernas, cuando subimos con nuestro guía a la séptima planta, el almacén, las tripas de la tienda, como lo llamó A en su último correo. El techo es alto y el mobiliario, estanterias interminables llenas de libros y CD's, es gris. Hay un halo de humedad y refugio, y hace frío. Dos chicas trabajan a destajo llenando cajas con productos defectuosos para devolver al distribuidor. Nos explican en qué consiste su tarea y nosotras las escuchamos como bobas, fascinadas por lo que estamos viendo a la luz dura de un neón.

Cuando salimos, mientras esperamos el ascensor, descubrimos una ventana del tamaño de una almena desde la que se ve Madrid arañado por unas cuantas golondrinas. Está oscureciendo.
22/04/2005 11:58 #. Tema: Viviendo en Madrid No hay comentarios. Comentar.

15/04/2005

Idiomas por señas

"Se hablan idiomas por señas", eso es lo que pone en un cartel (trozo de cartón arrancado de una caja de embalar) que cuelga entre los periódicos de uno de los quiosco-chiringuitos de Callao, concretamente del que está enfrente del Palacio de La Prensa. Lo mejor es que "Se hablan idiomas por señas" está escrito en español, con lo cual los turistas extranjeros, erasmus y demás fauna no hispanoparlante de paso por la Madrid no se enteran de que el quiosquero ofrece semejante posibilidad de comunicación... caos.

Ha sido una semana dura. ¡Dios! Me he sometido a un PROCESO DE SELECCIÓN y estoy exhausta, pero ya escribiré sobre ello cuando sepa los resultados. Por ahora, lo único que quiero apuntar es que, aunque la vacante sea de charcutera (no tengo nada en su contra -no sea cosa que me demanden-), conseguir un trabajo hoy en día es una de las cosas más complicadas del universo: psicotécnicos, dinámicas de grupo, entrevistas personales... estoy cansada, ¿lo he dicho ya?

El caso es que en los trayectos hacia mi potencial nuevo curro, he pasado varias veces por el quiosco políglota y lo he descubierto. Me gustaría haber sacado una fotografía, pero aún no tengo un móvil con camarita, así que tendréis que confiar en mí o, en su defecto, daros un paseo por Callao y confirmar lo que os cuento.

Es viernes por la tarde y tengo un virus en mi portátil, estoy escribiendo desde la oficina. El lunes vuelvo.
15/04/2005 16:31 #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 2 comentarios.

11/04/2005

La sopa fría

00.07 am. Técnicamente ya es martes. Agotadas mis vacaciones, vuelvo a escribir después de una larga jornada laboral multiorgásmica: el primer climax ha llegado con las galletas de chocolate que ha comprado mi jefa, estilo Granola. Ilusa, la pobre mujer ha cometido el tremendo error de ofrecerme una... en cuanto coja confianza, preveo que, entre llamada y llamada, me comeré un promedio de siete. El segundo momento de placer me lo ha proporcionado la visualización del inocente E, ajeno por completo a su rol de protagonista en mis fantasías eróticas cada vez más frecuentes. Analizando su actitud en la oficina, un tanto dispersa, un poco de efebo griego trasplantado al centro del Madrid del S.XXI, me repito una y otra vez que no tengo nada que hacer con él, que nunca se fijará en mí y bla, bla, bla... el espíritu Bridget Jones vuelve a poseerme. Si hay algo de ella que me gusta es el uso frecuente que, doblada al español, hace de la palabra "moñas".

Un poco moñas sí que soy, lo prueba la canción que en esta última época me pone los pelos de punta y que por fin conseguí grabarme ayer, gracias a mi amiga Ana y su MP3: "La sopa fría", de M-clan. La letra es tan absurda y yo canto tan mal, que cuando la tarareo debo producir una especie de fusión satánica de efectos balsámicos para mi atribulado espíritu. Gracias a ella ni las llamadas de salidos ineptos, ni la cola del Champion a las nueve de la noche... ni siquiera el rumor de que el penúltimo hombre que me besó está viviendo con otra... NADA consigue deprimirme.

Y ya está bien, que este post me está saliendo poco serio, salpicado de ironías tipo sitcom, y eso no me gusta. Antes de irme, no quiero olvidarme de contar que hoy he descubierto, gracias al descubrimiento previo de Escolar.net, un blog que desconocía, "El Teleoperador". Promete. Tengo la intención de no perderlo de vista.
11/04/2005 14:17 #. Tema: Viviendo en Madrid No hay comentarios. Comentar.

09/04/2005

El mar

el mar el mar.jpg"Conocí a un hombre en otra ciudad, una vez". Quiero empezar así mi próximo cuento, aún no sé qué pasará ni, por supuesto, cuál será el final, pero sé que lo quiero empezar así. Se me ocurrió ayer, mientras agotaba el tiempo que me queda en Valencia.

Convencí a Rafa para que me acompañara a la Malvarrosa. No hacía frío, pero tampoco había sol ni demasiada gente. Quería ver el mar. Antes no tenía necesidad de verlo, pero llevo algunos meses descubriéndome nostalgias de la playa, por eso viajé a Portugal en octubre, con un ansia repentina de encontrarme con el Atlántico y las olas.

Mañana vuelvo a Madrid. Una de las mejores novelas que he leído se llama "El mar, el mar", de Iris Murdoch, publicada por Lumen. Aquí os dejo la imagen de la portada, por si os interesa.

Nos sentamos en un chiringuito cerca de la arena y pedimos unas bravas y un par de cañas. Hablamos.
09/04/2005 12:14 #. Tema: Viviendo en Madrid No hay comentarios. Comentar.

06/04/2005

Rafa y el contrato social

Rousseau.jpg"Rafa comiendo arroz caldoso", así he titulado el archivo con la fotografía que le he hecho a mi hermano esta mañana en la cocina, mientras comía viendo a María Teresa Campos en la televisión. Todavía llevaba el pijama, eran las dos y acababa de levantarse. Mi madre dice que esa se ha convertido en su rutina diaria: no ir a la universidad, dormirse bien entrada la madrugada y pasarse la noche en vela viendo películas y leyendo.
Estoy pasando una semana en Valencia con mi familia, me he tomado unas vacaciones para alejarme un poco de Madrid. Siempre me pasa lo mismo, cuando estoy allí no me quiero marchar; cuando estoy aquí, paeándome por la casa tan grande y escribiendo en el ordenador nuevo, con pantalla plana y silla ergonómica, no quiero volver. Pero voy a dejar de adentrarme en lo que amenaza con convertirse en un post tipo "Bridget Jones", no sea cosa que localice mi blog Borjamari y me ponga a parir (de hecho, creo que la expresión "poner a parir" ya le daría suficientes motivos para defenestrarme en la red). Llegué hasta su bitácora a partir de la de Nacho Escolar y la idea de que analizara la mía alguna vez me puso los pelos como escarpias, aunque probablemente este temor tan claro sólo esconde el deseo de que encuentre "No me llames" y haga una crítica. En fin... ¡Al grano!

La otra noche, antes de acostarme visité el despacho de mi padre en busca de alguna novela que me distrajera un poco. No me decidí por ninguna pero, lejos de rendirme, amplié mi búsqueda a los dominios de mi hermano y me metí en su habitación. Olía a tardoadolescencia y a pies. La persiana de la ventana que da a la calle estaba bajada y la única luz que funcionaba era la del flexo. La cama no estaba hecha. Sobre la mesa de estudio, todo estaba revuelto; papeles con apuntes, hojas en blanco, un par de libros de arquitectura abiertos... en la mesita de noche, mi ejemplar de bolsillo de "La lista de Schindler", y en las estanterías un montón de títulos tan variados como inadjudicables a lo que de mi hermano se podría esperar: "Fausto", varios volúmenes con los cuentos de Borges, ficción en catalán... y, entre todos, con una señal probablemente reciente entre sus páginas, una edición nada despreciable de "El contrato social", de Rousseau, publicado en 1762.

Habréis adivinado que el que aparece al lado de este texto no es mi hermano, sino Rouseau caricaturizado. He intentado colgar la foto de Rafa comiendo, pero pesaba demasiado. Vuelvo a mi historia: aprovechando que no estaba, me senté en la cama a "meditar". ¿Qué clase de persona es aquella que con 23 años se acerca a obras como "El contrato social" por interés? ¿Con quién habla luego del tema? ¿Por qué al mismo tiempo se retrae y apenas va a clase? Todas son preguntas propias de una imbécil, que no merece la pena contestar... me llama la atención el universo de Rafa, que no se puede intuir, que no puede imaginar el que se cruza con él en un semáforo o se sienta a su lado en la barra de un bar. Me llevo bien con él. Me decido al cabo de un rato y elijo "El triunfo de la belleza", de Joseph Roth, publicado por El Acantilado. La leó de un tirón antes de dormir. Guardo unas líneas para comentarlas con Rafa en el momento adecuado, que se presenta hoy a mediodía, horas antes de que vayamos juntos al cine a pasar miedo con "El escondite". Roth escribe lo siguiente:

"El plebeyo es ambicioso. El hombre verdaderamente noble es anónimo. En la nobleza innata existe una fuerza, que es mayor que la luz que irradia la fama, mayor que el brillo del éxito, que el poder del que vence. La ambición es, como he dicho, un atributo del plebeyo. Él no tiene tiempo. Él no puede esperar para alcanzar el honor, el poder, el prestigio, la fama. Sin embargo, el hombre noble tiene tiempo para esperar, sí, incluso para quedarse rezagado."

Cuando lo comentó con Rafa, no está de acuerdo. Supongo que no hay excusas que justifiquen a nuestros propios ojos el quedarnos atras. Nunca.
06/04/2005 17:45 #. Tema: Viviendo en Madrid No hay comentarios. Comentar.

27/03/2005

Conversación sobre sexo lésbico en el café Belén

Noche de Viernes Santo. S, Nat y yo nos perdemos en la frontera invisible entre Malasaña y Chueca. Mientras caminamos por las aceras húmedas rezando para que no vuelva a llover y buscanco un restaurante abierto en el que tengan la bondad de darnos de cenar, pienso que tiene cierto encanto perderse recorriendo las calles de la ciudad en la que vivimos, un extraño privilegio para los habitantes de las grandes capitales del que sin duda no disfrutan los oriundos de Albacete... eso me consuela.

Nos aventuraramos hacia un japonés de Bilbao y en nuestro laberíntico recorrido pasamos por la calle Belén, donde descubrimos un café con el mismo nombre que a las tres nos llama la atención, algo tenebroso, con buena música y rebosante de bohemia. Más tarde decidiremos volver.

Durante la cena, en contra de todo pronóstico, se pone interesante la conversación: empezamos con el sushi y la polémica sobre adopción sí/adopción no para las parejas homosexuales, y acabamos con bolitas de sésamo y pasta de arroz (excepcionales), planteándonos si seríamos capaces de mantener una relación lésbica. Con mis tres copas de vino blanco en el cuerpo y un porcentaje no despreciable de salidez, me lanzo a escandalizar a Nat, que respetando la tradición no ha probado la carne, y aseguro que yo no descarto la posibilidad de enrollarme con una mujer, "si surge"... ¿Donde voy? El alcohol me ha subido demasiado y noto que no sólo he sacado a Nat de sus casillas, sino que además he despertado el interés de las mesas de alrededor. Huyendo del espectáculo, mis amigas me sacan de allí y me "esconden" en la penumbra del Café Belén. Hay varias mesas vacías. Me pido un cortado con Baileys, S una Caipiriña y Nat un carajillo. En la barra, una pareja de hermanos gemelos de lo más alternativos comparten charla con sus respectivas novias, una rubia y la otra morena, las dos delgadísimas y, eso sí, muy muy sofisticadas en su estilo de "todo me da igual y si voy un poco zaparrastrosa, mejor".

Continuamos con nuestra acalorada discusión y me mantengo en mi postura. No les miento, no quiero picarlas. Es verdad que a veces me he imaginado besando a una mujer, si bien no me he sentido atraída por ninguna desde mi más remota adolescencia y creo que no se me ocurriría a estas alturas tomar la iniciativa con ninguna, porque no siento atracción. pero, ¿y si ella la tomara? ¿y si an alguna chica le gustara yo y me besara con la misma "osadía" (¡Dios! A veces resulto muy medieval) con que se lanzan algunos chicos. ¿Quién me asegura que mi reacción no me sorprendería?

Al día siguiente, víctima de mi soledad, caigo en la tentación de elaborar una teoría en la que comparo los cuerpos de los hombres y las mujeres con países, ciudades y pueblos que puede o no merecer la pena visitar... estoy fatal, ya lo sé. Por la noche L se queda a dormir y en una conversación que se prolonga hasta las tres de la madrugada me dice que concibe el sexo como algo que le produce asco, algo "sucio", esa es la palabra que usa. Tiene 22 años y es gay. Me sorprende su visión del asunto.
27/03/2005 21:51 #. Tema: Viviendo en Madrid Hay 2 comentarios.

21/03/2005

La Casa de Campo

N. me llama 48 horas después de su desaparición oficial. Hemos pasado tres meses sin hablarnos, pero esa tarde me recoge en la Plaza de los Cubos cuando salgo del trabajo y nos comportamos como si hubiera sido ayer cuando nos vimos por última vez. Está más gordo, lleva una sudadera roja y me cuenta que tiene un hongo en el pie. Todo muy propio de N.

Me subo a su volvo azul, de segunda mano, y conducimos hasta La Casa de Campo, donde nos sentamos a tomar algo delante del estanque. Yo me pido un cortado con hielo y él unos escalopes con patatas fritas. Son las seis de la tarde y hay piraguas en el agua y poca gente a nuestro alrededor. Hace un día bonito.

Charlamos, nos reímos, me cuenta su versión de los hechos, algo distinta a la de C. N siempre consigue esquivar la culpa y lo conozco demasiado bien como para intentar convencerle de su parte de responsabilidad en la trifulca que acabó con su expulsión del piso. No pierdo el tiempo con eso y, en cambio, le propongo que al día siguiente viajemos a Valencia para ver quemar las Fallas. Acepta sin dudar.

El viernes, de nuevo en el Volvo, después de parar en un autoservicio de Cuenca lleno de camioneros, leo en voz alta "El malestar de la cultura" de Freud mientras N. conduce. Freud habla del "Sentimiento oceánico" y nosotros utilizamos la expresión para referirnos a algunos estados de ánimo propios. Nos reímos. No llegamos a casa demasiado tarde.
21/03/2005 14:53 #. Tema: Viviendo en Madrid No hay comentarios. Comentar.

07/03/2005

Putas y poemas

Me paso el día vendiendo por teléfono secadoras automáticas a los cordobeses. Saco en claro que el prefijo teléfonico es el 957 y que el andaluz puede resultar tan incomprensible como el alemán. Acabo a las cinco de la tarde y sólo cuando abandono el edificio recuerdo que estoy en Madrid y que hay vida más allá de los 10 Kg. de ropa para los que tiene capacidad la secadora. Me duele la cabeza.

Cruzo San Bernardo y recorro la Gran Vía hasta La Casa del Libro. Giro a la derecha y llego a la sucursal de AutoRes en el centro. Me compro un billete para el miércoles... ¡Me voy! A veces me posee una necesidad extrema de abandonar y huir. A menudo en mis pensamientos a ese infinitivo de fuga le acompaña el "para siempre", sin embargo no llego a materializarlo nunca y todas las veces acabo volviendo... ¿Quién sabe si algún día eso cambiará?

Con el recuerdo agradable del sábado en la cabeza, el billete de autobús en el bolso naranja y la idea de coger el metro en Sevilla, cruzo la calle Montera y me meto por Caballero de Gracia. Delante de mí, camina un hombre bajito y cuadrado, con las manos en los bolsillos de una cazadora verde bastante sucia; delante de él, una mujer pequeña, embutida en un vaquero elástico y abrigada con un plumas azul celeste, avanza lenta. No sé por qué, observándoles se me ocurre que el hombre quiere robarle el bolso a la mujer. Me equivoco.

Pocos metros más tarde, ella se detiene en un portal. Empuja la puerta, está abierta. Él la sigue dentro y yo comprendo: puta y cliente dispuestos a consumar. Me siento inocente. Llego al final de la calle y me fijo en su nombre porque es entonces cuando decido escribir esto.

Ya en casa, hablo con mi madre y pienso en los hombres que bailan en mi cabeza.

A. me ha enviado uno de sus poemarios por correo electrónico. Me preparo un café con leche y me siento delante del ordenador. Lo descargo y me paseo por él antes de guardarlo en un disco con la sana intención de leerlo a fondo en estos días de descanso que cada vez están más cerca.

En el metro he reconocido a Fernando Marías, el escritor de "El niño de los coroneles". Me digo que vivo en una ciudad donde los escritores se cruzan en mi camino y me produce cierto placer ser capaz de reconocerlos. Me quedó mirando a Marías en la parada de Goya, yo en el andén, él dentro del metro, junto a la puerta, observando. Cuando caigo en la cuenta de quién es, doy un respingo que el percibe. No me atrevo a sonreirle. Se cierran las puertas del tren y la oscuridad del tunel se come a este escritor de hoy. No le he leído.
07/03/2005 08:01 #. Tema: Viviendo en Madrid No hay comentarios. Comentar.

04/03/2005

Realidad y Sexo

Eso que escribí sobre el cambio de color de los camaleones... una mierda. Mierda los camaleones, mierda para Bush, que no está sentado delante de este portátil ni me ha acompañado a hacer la compra. El único que se ha venido conmigo al Champion, plantado en mi cabeza como la canción de Luz Casal, has sido tú, cabrón inamovible, que vienes a todas partes detrás y dentro de mí.

No me llamas, pero estás ahí, recordándome cada vez que te perfilas en la memoria nuestras imágenes de sexo compartido. No sé qué tiene que ver el sexo con el ordenador, ni si se puede plasmar en la pantalla con letra arial... no tengo ni idea... hay algo de Jelinek en estas líneas, ¿no crees? Y mira que me gusta poco; "Deseo" es, de las últimas novelas que he leído, la más pobre, la que me ha dicho menos, llena de páginas saturadas de escenas sexuales y violentas, que se anulan unas a otras consiguiendo al final que ninguna produzca urticaria en el lector. ¿O me pasará sólo a mí, que últimamente tengo la sensación de estar de vuelta de todo?

No quiero follar más, no por ahora. Me cansa verme desnuda, mezclada con hombres cobardes que siempre llegan tarde. Y estoy triste, hasta podría llorar. Sin embargo estoy convencida de que, en cada lágrima sofocada con cleanex rosa, reside un poco de esta literatura de mierda, obscena y repleta de tacos y visiones de puticlub.

La realidad no es orginal: no lo es esta casa de 48 m2 llena de polvo y, gracias al frío, temporalmente abandonada por las cucarachas. Por eso transmitirla implique tal vez plagiar estilos y escenas. Ya veremos.
04/03/2005 08:05 #. Tema: Viviendo en Madrid No hay comentarios. Comentar.




Este blog no tiene nombre. No me dejó llamarle porque ni él ni yo sabemos muy bien qué queremos contar. Va creciendo sobre la marcha y cambia de color como los camaleones. En cualquier caso, eres bienvenido.

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