Blogia
No me llames

¿Qué tal, amigo?

Llego a casa a las ocho y media de la noche, enciendo la televisión y en los informativos de Tele Cinco me encuentro a Bush saludando a Zapatero en Bruselas con un "¿Qué tal amigo?" en español que Zapatito, muy lejos de responder en inglés, afronta con un trémulo apretón de manos y un "Muy bien, ¿y tú?" propio del cruce de vecinos en un ascensor. En la rueda de prensa, nuestro presidente llama a ese encuentro de pasillo "Encuentro" a secas... uhmmm... me recuerda sospechosamente a Moratinos y su peculiar visión del "Encuentro" con Powell (¿Era Powell? La actualidad mundial se me olvida con muchísima frecuencia).

Ahora mismo ha pasado la hora de los telediarios. Me he duchado, he cenado espaguetis con atún y queso blanco, y me he propuesto aguantar estóicamente delante de la tele hasta que Buenafuente haga acto de presencia. El blog me ayuda. Sigo con Tele Cinco y Lidia Bosch me produce urticaria, tan afectada siempre, protagonista de "Motivos Personales", una serie bastante, bastante penosa pero que, como otras tantas series penosas, me engancha.

¿Me engancharé al blog? No lo sé. Llego hasta él después de que algunos amigos se me hayan adelantado en la tentativa e impulsada por los ánimos de gente que me conoce bien y cree que me gustará llevar una especie de Diario Electrónico... contar mi vida. Por lo pronto, mañana me levantaré a las nueve para llegar al trabajo minutos antes de las diez. Me espera la atención telefónica al cliente y la transcripción de anuncios por palabras. Ya hablaré de eso otro día.

Bueno, lo dejo por hoy. Me da rabia, no he mencionado el Windsor, ni el referendum, ni la ola de frío... será que Bush y su esfuerzo por descender a las peculiaridades de nuestro idioma me ha emocionado más de lo que creía.

0 comentarios